Al encuentro de una agenda feminista

La Habana, marzo (Especial de SEMlac Cuba). – Las violencias machistas, la discriminación racial, el embarazo adolescente, las desigualdades de las mujeres rurales y los derechos de las poblaciones LGBTIQ+, entre otros asuntos, son reconocidos por cubanas de distintas profesiones y ámbitos sociales como esenciales para una agenda feminista cubana.

Con mayor protagonismo en los últimos años, tanto en la academia como en los medios de comunicación o en debates comunitarios, los feminismos cubanos necesitan mayor articulación. SEMlac Cuba conversó este marzo con mujeres diversas sobre pendientes en la lucha por la equidad y justicia de género, estrategias y desafíos comunes.

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En los últimos años, los afrofeminismos cubanos han sido más visibles a partir de la articulación de mujeres de diversos sectores y acciones públicas que llaman la atención sobre problemáticas específicas de las afrodescendientes. Foto SEMlac Cuba

Hildelisa Leal Díaz, Felicitas López Sotolongo, Analaura Abreu Alfonso, Alina Herrera Fuentes, Zaida Capote Cruz y Yaima Elena Rodríguez Alomar forman parte de ese mapa plural que hoy conforman diferentes colectivos, proyectos y voces feministas en la isla del Caribe. Desde distintas posiciones, sus propuestas y miradas apuestan por un enfoque interseccional, complejo y articulador frente al patriarcado.

A las principales preocupaciones se suman también la feminización de la pobreza, con su rostro racializado y urbano; la crisis de los cuidados y la emergencia de los fundamentalismos religiosos, entre otras problemáticas.

Leal Díaz y López Sotolongo, de la Red Barrial Afrodescendiente y la Cátedra Nelson Mandela, respectivamente, consideran esencial, además,  conformar la agenda feminista de manera inclusiva y respetuosa de las identidades.

Ambas forman parte del activismo afrofeminista, una fuerza que ha ganado organización y visibilidad en el país. Por ejemplo, en 2022 se creó la Articulación Afrofeminista Cubana que reúne a colectivos, académicas, lideresas barriales, artistas y mujeres diversas.

“Precisamos continuar, generalizar y profundizar la lucha contra la violencia de género y las discriminaciones por cualquier concepto, principalmente en las comunidades más desfavorecidas, donde vive un número mayor de mujeres afrodescendientes, que en muchos casos son madres solteras, y a quienes les afecta mucho más la crisis económica”, propone Leal Díaz.

López Sotolongo suma la necesidad de rescatar “la memoria histórica de las mujeres afrodescendientes” y evaluar “el efecto de las migraciones desde una mirada feminista”.

Con ella coincide Analaura Abreu Alfonso, joven historiadora y poeta, residente en la provincia Matanzas, a 105 kilómetros de La Habana, para quien la agenda feminista cubana debe ser antirracista y estar en contra de cualquier forma de violencia.

Por su parte, la abogada e investigadora Alina Herrera propone acentuar la mirada interseccional en grupos de mujeres que, según su criterio, “merecen un foco independiente en una agenda feminista cubana, para que no se pierdan sus necesidades en esa categoría grande y universal que es la mujer”.

Así, la jurista identifica a las mujeres rurales y racializadas, que “engrosan las tasas de fecundidad infantil y adolescente, mortalidad materna, deserción escolar, violencia intrafamiliar, desocupación, carga doméstica y de cuidados, desempleo, informalidad y poco acceso a la divisa en una economía parcialmente dolarizada”.

Igualmente, a las mujeres trans, que “necesitan un reconocimiento pleno e institucional de su identidad y en las que también se repite violencias físicas y sexuales, desempleo, deserción escolar e informalidad laboral”, ejemplifica Herrera.

Otras urgencias son la necesidad de poner los cuidados en el centro de cualquier programa y atender el aumento de la migración entre las generaciones más jóvenes.

“Sin cuidados garantizados y de calidad no hay economía que despegue, ni sociedades de bienestar, ni igualdad de género. Es crucial, también, que se haga todo lo posible porque las jóvenes cubanas no encuentren fuera de su país el logro de sus expectativas de vida y desarrollo profesional y económico”, concluye la académica.

Como hormigas que rasgan la mole machista

La labor de las feministas cubanas va desde la mesa familiar y el barrio, hasta su aporte crítico a las políticas de gobierno. No es casual que se les vea en proyectos comunitarios, siendo parte de las instituciones, educando en las universidades, haciendo comunicación y cultura feministas, formando redes de emprendedoras, transformando cooperativas en zonas rurales y un larguísimo etcétera.

El trabajo es mucho, pues las opresiones se reinventan y en la mayoría de los casos ellas marchan a contracorriente. Más allá de la vida de las iniciativas, su visibilidad y posibilidades de extensión, lo cierto es que sus apuestas también coinciden y la persistencia nunca las abandona en esa labor de hormigas.

Zaida Capote Cruz, ensayista y militante comprometida, mira el contexto nacional y regional preocupada. Para ella es imprescindible mantener una vigilancia activa del ejercicio de los derechos ganados y conectar la lucha feminista con la independencia de la nación y la construcción de una sociedad de justicia social.

Capote Cruz acompaña iniciativas y experiencias diversas, pues ese “hacer algo” es una decisión individual que la impulsa a acompañar a otras mujeres y apostar por la colaboración.

Entre sus recomendaciones incluye “construir espacios comunes para discutir nuestros problemas, no cansarse ni rendirse, seguir pensando qué sería lo urgente en cada momento, porque las urgencias van variando y decidir entregarse porque de nosotras hoy depende el futuro de las mujeres de mañana”, afirma.

Jóvenes feministas en Cuba
En grupos de jóvenes es más evidente un feminismo que integra varias agendas, incluyendo los derechos de las poblaciones LBGITQ+, a través de un discurso creativo y espontáneo. Foto SEMlac Cuba

A Yaima Elena Rodríguez, joven investigadora del Grupo América Latina: Filosofía Social y Axiología (Galfisa), del Instituto de Filosofía de Cuba, también le preocupa ese futuro y la formación de una cultura y conciencia social feminista que abarque a toda la población.

“En el momento en el que estoy ahora, de mamá reciente, me preocupa cómo hacer que la educación tenga una perspectiva feminista, cómo lograr que los círculos y espacios para las infancias no sean estereotipados ni desiguales; que mi hijo aprenda que los juguetes o los libros de colorear son para jugar y no porque sean de niña o niño”, dice a SEMlac.

Rodríguez también forma parte de la Red Feminista Berta Cáceres, una articulación que apuesta por la formación y la sensibilización como una manera de sembrar pensamiento crítico ante las desigualdades y discriminaciones.

Como en un trenzado, las cubanas entrevistadas se encuentran en la necesidad de articular, unir desde la diversidad y conectar diversas propuestas. Además de estrategia imprescindible, la unidad es en sí misma un desafío.

“En los encuentros y en los diálogos es donde se puede articular, tejer; para ello hace falta que los colectivos se reconozcan entre sí, vean sus puntos en común y los que no lo son, sin temor a las diferencias, porque siempre va a haberlas. El respeto a la diferencia se asimila, siempre y cuando no implique el menoscabo de los derechos de otros grupos de mujeres”, opina Alina Herrera.

Desde la Red Feminista Berta Cáceres y Galfisa, el trabajo de mapeo y conexión es una inquietud constante. A la pregunta de cómo lograr la articulación y ampliar el trabajo, Rodríguez propone seguir buscando nuevos colectivos y “hacer más cosas juntas”.

“Dialogar, en el sentido que propone la educación popular. No imponer, porque ahí perdemos y restamos también. Cada colectivo tienes sus particularidades y es desde ahí, como virtud, que podemos acompañarnos y compartir identidad”, propone.

Escalar desde el trabajo comunitario y la base a las políticas nacionales es otra apuesta que defiende Herrera. La abogada cubana considera importante la atención integral de las distintas problemáticas y alerta sobre las divisiones entre el Programa para el Adelanto de las Mujeres y el concebido contra el racismo y la discriminación.

“Otros puntos más generales serían la creación de un ministerio que atienda a las mujeres, las diversidades y la igualdad, que robustezca la actual institucionalidad, capaz de recibir presupuesto y que funcione con la misma jerarquía (formal y real) que otros organismos de la administración central del Estado”, apunta Herrera.

La jurista también considera necesaria la elaboración de un tejido legal transversal con enfoque de género, rectorado por una ley integral contra la violencia de género y contra todas las formas de discriminación”, propone.

Entre desafíos y aprendizajes

La existencia de una tradición feminista, la institucionalidad cubana, la extensión territorial y el trabajo histórico de organizaciones como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) son algunas de las fortalezas que identifican estas activistas cubanas.

Sin embargo, a las sospechas patriarcales que aún frenan la extensión del feminismo en la nación se suman otros retos como la verticalidad del aparato gubernamental, la falta de transparencia e información en problemáticas muy sensibles como las violencias machistas y la polarización política que limita mucho más el desarrollo del activismo social.

“Es importante la porosidad y el diálogo de las instituciones con las comunidades, las activistas y las organizaciones civiles. Para la elaboración de cualquier programa, ley o política, se requiere la participación de la ciudadanía en todas sus fases, hasta en los monitoreos y evaluaciones periódicas”, insiste Herrera.

Los fundamentalismos religiosos, más visibles a partir del referéndum constitucional de 2018, también han reconfigurado el panorama político cubano.

“Mantener lo logrado es el desafío más grande, porque también las conquistas se pueden perder. Los fundamentalismos han hecho un trabajo de base en diferentes espacios y nos dan la cara cotidianamente”, alerta Rodríguez.

Justamente, el diálogo y la mirada atenta al contexto regional permitió a las cubanas contar con herramientas y aprendizajes frente a los fundamentalismos religiosos. A partir de lecturas teóricas, los diálogos regionales y articulaciones, ellas también miran y aprenden de otros movimientos.

Para Analaura Abreu Alfonso, feministas decoloniales como María Lugones, Ochy Curiel y Yuderkys Espinosa han contribuido a la producción de un saber situado desde Abya Yala (nombre que utilizan movimientos sociales y pensadores de pueblo originarios para referirse a América), y sus aportes han llegado hasta Cuba.

Desde Galfisa, la Plataforma Soy Caribe soy Mujer apuesta por un diálogo y acciones concretas con investigaciones y escuelas feministas. La iniciativa pone en el centro las reivindicaciones, luchas y estrategias comunes.

A la sororidad y el activismo regional también se suma Capote Cruz, pues concibe entre las razones del feminismo revolucionario, el internacionalismo y la solidaridad.

“Las mujeres del sur global necesitamos crear redes de apoyo, construir alianzas, interpelarnos cada vez que haga falta en busca de solidaridad y acompañamiento, buscar espacios amplios de circulación de ideas e iniciativa política. Creo que haría falta trabajar y para eso tenemos que ser muchas y comprometernos todas”, propone.

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