Cuando beber no es un placer

“Empecé a tomar como a los 17 años. No lo hacía frecuentemente, más bien los fines de semana; era una diversión para mí”, cuenta a SEMlac una de las pacientes en proceso de deshabituación alcohólica en el Centro Comunitario de Salud Mental de Playa, en la capital cubana.

“Salía, me invitaban, tomaba y todo estaba bien. Me divertía hasta que cumplí 40 años; entonces empecé a presentar lagunas mentales, no sabía cómo llegar a los lugares ni qué había hecho antes”, agrega.

Tiene 44 años de edad y lleva un mes de tratamiento en la institución de salud, donde ha encontrado ayuda para dejar la bebida. Asiste todas las semanas a la terapia, recibe información, comparte experiencias con otras personas atrapadas en la adicción y busca asideros para no recaer.

Como ella, personas de diferentes edades y situaciones acuden a ese centro especializado. Allí se ofrece atención de psiquiatría general para adultos y población infantil y juvenil, precisa Ingrid Vázquez, psicóloga del equipo de salud que atiende las adicciones.

Llegan remitidos por otras instituciones, el médico de familia, profesionales del área de salud y a veces a título personal, explica la especialista con más de 15 años en ese servicio.

“La mayor parte de las adicciones son al alcohol, pero recibimos también pacientes dependientes de otros tipos de drogas legales e ilegales, incluidos pacientes con policonsumo”, precisa.

Terapia de grupo contra adicciones
Una vez a la semana, en los jardines del centro se realiza la sesión de terapia de grupo para atender las adicciones. Foto: SEMlac Cuba

Ellas también beben

En apreciación de la psiquiatra Carmen Oliva, “sigue primando una mayor frecuencia de consumo en hombres respecto a mujeres, pero sí se observa una tendencia al incremento del consumo por parte de ellas”, asegura a SEMlac.

Otras fuentes lo confirman. El Informe sobre situación del alcohol y la salud en la región de las Américas 2020 indica que “los hombres beben alcohol con mayor frecuencia e intensidad que las mujeres”, aunque advierte también “que los patrones de consumo de los dos grupos están pareciéndose más”.

Con diferencias por países, “la brecha entre ambos sexos puede estar cerrándose más rápidamente en los jóvenes que en los bebedores de mayor edad con patrones de consumo más arraigados”, agrega el reporte de OPS/OMS.

En 2016, Cuba ocupaba el lugar 23 de 35 naciones en el consumo total de alcohol per cápita entre bebedores, con 9,5 litros en hombres y 2,5 en mujeres, indica la fuente.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud 2018-2020, que incluyó a 15.893 personas, en los 30 días previos 73 por ciento había consumido bebidas alcohólicas contra 67 por ciento en 2010.

Como promedio, hay un consumo diario de ocho tragos, mayor ingestión por los hombres y un inicio cada vez más temprano, pues 68 por ciento comenzó entre los 10 y 19 años.

Basada en su experiencia de 28 años en terapias contra las adicciones, la psiquiatra Oliva sostiene que estas dañan en cualquier edad y sexo, aunque establece algunas particularidades en la población femenina.

Atención médica a las adicciones
La percepción de la psiquiatra Carmen Oliva es que la adherencia terapéutica de las mujeres es menor, se confían rápido y abandonan más la terapia. Foto: SEMlac Cuba

La sociedad suele asignar roles específicos a la mujer, quien generalmente es la responsable fundamental de la guarda, custodia y educación de los hijos, además del cuidado de la casa, la pareja y familiares enfermos, explica.

“Uno de los motivos por los que más vienen ellas a consulta es el abandono triste de esos roles. El temor a que las separen legalmente de sus hijos e hijas hace que muchas pidan ayuda y les sirve de asidero para no caer de nuevo”, agrega.

La literatura científica refiere diferencias biológicas que marcan riesgos más altos para el consumo de alcohol en las mujeres, aun con consumos más bajos que los hombres, debido a la manera en que el organismo procesa esa sustancia.

Por la masa corporal y composición del cuerpo femenino, los niveles de concentración de alcohol en sangre pueden ser más altos por un período más largo en las mujeres, indica el reporte de la OPS/OMS.

El cuerpo de la mujer tiene más grasa y menos agua, su hígado produce menos deshidrogenasa de alcohol (un metabolismo que se usa para descomponer el alcohol) y por tanto tiene un riesgo mayor de padecer cirrosis hepática, cardiopatías y daño neurológico.

Además, el consumo de alcohol también incide en el cáncer de mama, el embarazo involuntario y el riesgo de tener un bebé con síndrome de alcohólico fetal o de peso bajo al nacer.

Ayuda para salir

Oliva reconoce que se ha incrementado la solicitud de ayuda por las mujeres, pero es muy discreta. “Pienso que es más silenciada, oculta, tal vez por temor a que se sepa. Socialmente es más aceptada la adicción en el hombre que en la mujer”, reflexiona.

Jenny García Guerra, especialista en toxicología, señala que procesos como las depresiones, los trastornos psiquiátricos y la sobrecarga familiar inciden en el incremento de la ingestión de psicofármacos, alcohol y también sustancias ilícitas en las mujeres.

La literatura especializada señala que si bien las mujeres padecen los efectos directos de su consumo irresponsable del alcohol y otras sustancias, también tienen mayores probabilidades de sufrir daños por el consumo de personas cercanas.

Ellas son foco de atención tanto por el daño directo a sí mismas y sus familiares, como en la intervención terapéutica en el sistema parental familiar, explica Mabelin Serret Soto, especialista de segundo grado de psiquiatría infanto-juvenil.

Atención de salud a las adicciones
“Detrás de muchas historias de adicciones de todo tipo hay patrones repetitivos de violencia de género”, apunta Mabelin Serret Soto, especialista de segundo grado de psiquiatría infanto-juvenil. Foto: SEMlac Cuba

“Detrás de muchas historias de adicciones de todo tipo, hay patrones repetitivos de violencia de género”, apunta la experta. “Por eso es tan importante trabajar desde la terapia familiar sistémica, pues muchas veces emergen varias generaciones marcadas por ese problema”, asegura.

La percepción de la doctora Oliva es que la adherencia terapéutica de las mujeres es menor, que se confían rápido y abandonan la terapia. “Cuando logran vencer determinado tiempo sin consumo, no quieren continuar”, expone.

No descarta que influya también el peso de su sobrecarga y múltiples responsabilidades, lo que les marca “el foco hacia afuera” y otras prioridades. “Probablemente sea una de las razones para que dejen de dedicarle el tiempo que lleva la terapia”, valora.

Hay quien llega a la ingesta irresponsable de sustancias tóxicas por la vía del consumo social, pero una vez en ese laberinto, vive sus efectos nocivos, como le ocurrió a la paciente entrevistada para este reportaje, cuya identidad se protegió.

“Beber era mi diversión hasta que me hizo perder la vergüenza”, reconoce. “La bebida me ha traído muchos disgustos. Una vez perdí el trabajo por una borrachera. Tuve que pedir la baja; era un trabajo estable y eso me descompensó”, relata mientras explica que reconocer que se tiene el problema, que es una enfermedad, es el primer paso para pedir y recibir ayuda.

Hace un mes que cada lunes se reúne con el grupo de Alcohólicos Anónimos y los jueves con la doctora Oliva, otras especialistas del equipo y pacientes de la terapia de grupo, en el Centro Comunitario de Salud Mental.

Cada día sin beber es un triunfo, asegura. Sabe que recaer es peor. “Las mujeres que se encuentran en esta situación es mejor que reaccionen, que vayan a su consultorio o área de salud, allí hay ayuda. Salgan, quítense la bebida que no da nada bueno”, advierte.

Equipo de terapia contra adicciones
Parte del equipo que atiende las adicciones: de izquierda a derecha, la psicóloga Ingrid Vázquez, la doctora Carmen Oliva y la enfermera Teresa García. Foto: SEMlac Cuba

Oliva insiste en elevar la percepción de riesgo ante la conducta adictiva o trastorno relacionado con el consumo de sustancias. “Si tu relación con la sustancia legal o ilegal es explosiva y te trae problema en el funcionamiento de, al menos, un área de la vida, debes saber que tienes una enfermedad y debes atenderla”, recomienda.

“En cualquier caso, asegura, la línea a seguir es la de cero consumo y trabajar sobre las actitudes, juicios, predisposiciones, formas de ver la vida y todo lo que un día te llevó a empezar”, concluye. 

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