Desafían estas historias contadas desde estilos diferentes y que se aproximan a vidas tan disímiles como la de una escritora Premio Cervantes asediada por la soledad y sus fantasmas; una anónima ama de casa a la que nunca tentó el mundo exterior, pues construyó uno propio; una transexual que se rebeló contra sus genes y los prejuicios; una campesina que hizo del amor su divisa; o una dirigente política que vino desde el sur a continuar una revolución que en su país había sido secuestrada.

Nos acercamos a formas muy diversas de ser mujer, generalmente subvirtiendo normas y convenciones, pero también marcadas por estereotipos y culpas. No hay heroínas en blanco y negro, han sido las protagonistas de su propio destino y llevan las huellas que esa decisión implica.

No están todas las que son, pero las que están, son. Pudiera señalarse que faltan voces, experiencias y momentos cruciales de la sociedad cubana, pero las seleccionadas brindan claves esenciales para entender el proceso de empoderamiento de las cubanas, y también los espacios en que el patriarcado, muchas veces metamorfoseado, sobrevive. En este volumen se mira la sociedad desde lo personal, y se construye lo social a partir de lo vivencial.

Como un caleidoscopio, en que las figuras fragmentadas se unen para reinventarse continuamente, pudiera asumirse este libro. Cada historia es valiosa en sí misma, pero la articulación entre ellas constituye una aproximación múltiple a la realidad de las cubanas que han asumido su vida en esta isla del Caribe, en el devenir de la Revolución del primero de enero de 1959.

Nos encontramos ante entrevistas periodísticas que van conformando, desde lo individual, una historia plural que se detiene en los procesos, los matices y las contradicciones.

Ello constituye un aporte significativo para entender el empoderamiento de las mujeres en Cuba como un complejo acaecer, donde la voluntad política y la legislación de avanzada

(…)

En nuestro país aún son pocos los libros conformados a partir de entrevistas a mujeres para acercarse a su historia. Por supuesto que se utiliza la entrevista como método de investigación y, a partir de la información obtenida, se formulan reflexiones y especulaciones.

Pero no abunda la compilación de entrevistas en sí mismas, sin valoraciones más allá de las que las propias preguntas y respuestas presuponen, compendiadas en un volumen para ofrecer elementos a las lectoras y lectores que permitan establecer juicios propios de valor.

La mayor parte de los volúmenes de entrevistas a cubanas que pretenden, a partir de ellas, ofrecer una visión de un momento o una etapa, no han sido realizados por investigadoras de la isla.

Y he aquí otro de los aportes de En primera persona: es un diálogo entre cubanas que reconstruyen, a través de las palabras, la vida que fue, la que es y la que se sueña. Pero no es solo el mérito de estar entre los primeros lo que hace a este texto singular. Resulta igualmente valiosa su contribución a la manera de narrar, pues logra articular una aproximación antropológica desde la perspectiva de género, con elementos de la narrativa oral y el periodismo. Se disfruta la lectura de estas entrevistas que mezclan historias de vida, testimonio y espontaneidad periodísticas.

Confieso que, en algunos casos, me quedé con deseos de continuar leyendo, o hubiera realizado otras preguntas o entablado una polémica. Seguramente a usted le sucederá lo mismo. Y creo que esa fue una intención de las autoras: sumarnos a la charla, no dejarnos como simples testigos.

Le invito también a participar de estas conversaciones, acercarse a los sueños y esperanzas de mujeres muy disímiles. Algunas le resultarán más cercanas; muchas, casi familiares; otras, con más de un momento desgarrador. Todas le pondrán frente al espejo.

Isabel Moya Richard

(Fragmentos del prólogo del libro)

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