Nuevos actores económicos pueden apostar a la transformación social

La Habana, octubre, (SEMlac). – Cuba necesita aprovechar las potencialidades de los nuevos actores económicos para contribuir a la transformación social y a  solucionar problemas que afectan a las familias. Sin embargo, lograrlo requiere eliminar obstáculos y cambiar las maneras de ver y relacionarse con estas nuevas figuras del escenario económico nacional.

Sobre el tema, SEMlac dialogó con Betsy Anaya Cruz, directora del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), quien sostiene que la nación caribeña tiene un activo muy importante, pero subvalorado y poco explotado, que es el sentido de colectividad.

Betsy Anaya Cruz, directora del Centro de Estudios de la Economía Cubana
Betsy Anaya Cruz, directora del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), sostiene que la nación caribeña tiene un activo muy importante, pero subvalorado y poco explotado, que es el sentido de colectividad. Foto: Tomada de Researchgate

«Hemos criado muchas generaciones con un sentido de lo colectivo, con un sentido de sociedad, con un compromiso, y eso hay muchos países donde no lo vives. Todavía, a pesar de todos los años de crisis sostenida, las dificultades no han logrado extinguir el sentimiento de pensar no solo en el beneficio individual, sino en el beneficio colectivo», comenta la experta.

En su experiencia de trabajo con formas de gestión no estatal (cooperativas, trabajadores por cuenta propia), a las que ahora se suman las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), ha constatado que la vocación social es algo vivo, pero hay que potenciarla para que no se pierda, señala.

¿Qué acciones podrían desarrollarse para estimular esa vocación social?

A veces existen trabas, burocracias, mecanismos que no debieran existir y limitan la capacidad que tienen las formas de gestión no estatal de aportar a la sociedad, a sus territorios. No se trata solo de aportar, en términos monetarios, el uno por ciento a la contribución municipal, sino aportar de verdad a la solución de los problemas.

Creo que sería fundamental eliminar esas trabas y que haya un mayor diálogo entre los gobiernos locales y los actores del municipio. Siempre digo que, para la creación de nuevos negocios, el gobierno municipal y las autoridades municipales tienen que tener un diagnóstico claro de su territorio y una idea de qué necesitan potenciar para, a partir de ahí, realizar las propuestas a las formas de gestión no estatal, no dejarlo como un proceso espontáneo.

Pongo un ejemplo: quizás tengan una localidad agrícola con muchas mujeres que no están vinculadas al trabajo productivo; analizan la causa, que pudiera ser la inexistencia de empleo para mujeres o la carencia de un sistema de cuidados que las apoye, porque aún persiste la cultura patriarcal y machista donde ellas tienen una mayor responsabilidad en los trabajos de cuidado y en las labores domésticas. Entonces, ese estudio determinaría la necesidad de crear un sistema de cuidados que permita generar empleo para las mujeres.

Se pueden hacer muchas cosas desde las políticas económicas y en particular desde la tributaria y crediticia. Si un emprendimiento tiene una determinada vocación social, o resuelve un problema de la población, pudiera tener una carga impositiva menor, o un periodo de gracia para comenzar a pagar un determinado crédito más largo, o una tasa de interés más baja.

Hay muchos estigmas contra la propiedad privada que hay que eliminar, para que se convierta en un actor importante de nuestro modelo, como el hecho de que no se vean de igual forma las mipymes, los TCP y las cooperativas. Hay cooperativas agrícolas que son las que mantienen el consultorio del médico de la familia, la escuela, el círculo infantil…, y es reconocido socialmente. Eso tenemos que lograr que ocurra con los demás.

En Cuba todo no puede ser estatal. El Estado tiene que concentrarse en lo fundamental: los temas de infraestructura, servicios sociales que nos distinguían como proyecto socialista…, y dejar el resto a las formas de gestión no estatal, pero no como enemigos, sino como parte del tejido empresarial, que sientan que están contribuyendo a la formación de un país. De ese modo, en articulación con los gobiernos locales y el Partido Comunista a nivel local, se puede realizar esta transformación social.

Una limitación, sin embargo, es que muchos solo toman en consideración los aportes económicos y las cifras. ¿Cómo valorar el impacto de los nuevos actores, cuando su alcance es mucho menor que el de las grandes empresas?

Todos estos actores, independientemente de a qué se dediquen, pueden tener un impacto en su territorio, pues desde la generación de empleo digno, atractivo, desde ese mismo punto, ya hay un aporte importante.

Puede que en los relacionados con la producción de alimentos sea mucho más fácil ver esa contribución, por ser un sector clave. Pero, además, se pueden generar emprendimientos vinculados con los cuidados, en mi opinión un elemento fuerte a atender en el actual contexto demográfico, no solo para el cuidado de niñas y niños, sino de personas adultas mayores.

También se encuentra el tema del reciclaje, de la recogida de basura; lo relacionado con el ocio de la comunidad. Se trata de revivir las comunidades, que haya actividad económica, pero también que haya recreación, espacios de comercio en medio de una escasez de oferta nunca antes vista. Estamos en una situación donde todas las formas de gestión no estatal pueden cooperar y encauzar su labor en el mejoramiento del país, de forma general.

¿Cómo se insertan las mujeres en este proceso?

La inserción femenina en el sector no estatal es reflejo de la sociedad. Las mujeres, por lo general, tienen menos activos, menos capital, tienen responsabilidades que la mayoría de los hombres no poseen en el cuidado y el trabajo doméstico. A pesar de lo avanzado, hay limitaciones. El porcentaje de propietarias es muy bajo, el de empleadas es bajo también. Si estudias esos espacios, igualmente se ubican en las posiciones menos remuneradas.

Eso lleva políticas; la vida no podemos dejarla a la espontaneidad en determinados procesos. Hay que capacitar a las mujeres, generar cursos, porque a veces ellas no tienen idea de qué pueden hacer, dónde pudieran tener un potencial. Hay que apoyarlas desde las políticas de créditos de una manera diferenciada.

El sistema de cuidados es clave para que las mujeres puedan desprenderse de ellos. Claro, hay que trabajar en la cultura social para que haya una mayor corresponsabilidad entre mujeres y hombres, y el Estado puede contribuir, e incluso las mismas formas de gestión no estatal. Pero, sin duda, para lograr una mayor incorporación femenina, hay que hacer políticas de distinto tipo; los resultados no se dan de manera espontánea.

Le recomendamos, además:

Mujeres en la encrucijada del trabajo por cuenta propia

Mujeres y desarrollo local: ellas hacen que las cosas sucedan

¿Cómo y para qué medir la equidad en espacios productivos?

Mujeres: retos frente al nuevo tablero económico

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dos × cuatro =