Las mujeres pueden mover montañas

Para Aurelia Castellanos Quintero, la formación de género en las personas que laboran en los espacios rurales cubanos es esencial, “porque desde el conocimiento se pueden tomar decisiones más justas”, asegura.

Más de una década al frente de la filial de La Habana de la Asociación Cubana de Producción Animal (Acpa) y muchos esfuerzos puestos en favor del empoderamiento de las mujeres productoras le han demostrado, además, que la capacitación debe alcanzar a los hombres y a quienes dirigen, “porque para respetar y no discriminar, primero hay que conocer”, agrega.

“Cuando se unen información y educación en terminologías y formas de actuar equitativas, que respeten derechos, las personas son más justas y producen, pudiéramos decir, con más amor y mayor fortaleza”, valoró Castellanos Quintero en entrevista con SEMlac.

En su opinión, ¿cuáles son las principales brechas de desigualdad que hoy existen en los espacios agropecuarios?

Una muy importante es que, si bien contamos con una estrategia de género en la agricultura y muchos asuntos están normados o recogidos en leyes, aún tenemos directivos que no dominan el tema o, si lo dominan, no aplican los conocimientos. Existe una brecha muy grande entre lo que se debe conocer y lo que se debe aplicar.

Muchas mujeres no acceden a espacios de toma de decisiones y tampoco se divulgan las buenas prácticas de las que sí llegan. Otras, cuando toman un liderazgo, reproducen métodos de dirección patriarcales. Y muchas veces las mismas condiciones económicas del país obstaculizan ese acceso al poder, pues ellas están sobrecargadas con el sostenimiento de los hogares.

Otro elemento importante es que se deben contar las historias de vida de mujeres que tienen cargos de dirección y los llevan con efectividad; o de productoras de éxito. Creo que tenemos que tomar la iniciativa, ser más agresivas a la hora de implementar lo que ya existe y de reclamar derechos.

Algo muy importante también es que no siempre se les dedica presupuesto a la transversalización de género y a la capacitación. Tenemos que defender que en cada presupuesto se incluya la actividad de género, la formación, el estímulo productivo a las mujeres. Si no, seguimos soñando y no pasamos del sueño.

Según la experiencia en Acpa, ¿se logran cambios cuando se hacen procesos conscientes de transversalizacion de género? ¿Dónde se avanza más y dónde menos? ¿De qué depende?

Cuando se implementan procesos de transversalización de género, los efectos son significativos. Es increíble ver cómo van cambiando las personas, incluso los hombres, las familias; cómo eso influye en los procesos productivos.

Hemos visto hombres que, en estos tiempos que parecen muy avanzados, no permiten que las mujeres vayan a los procesos de formación; se muestran reacios a que ellas reciban algún donativo, a que se entregue algún implemento agrícola para desarrollar un área dirigida por mujeres, o a que sea su esposa quien lo reciba. Sin embargo, muchas veces van cambiando cuando ven lo que se puede lograr, cuando se les capacita.

Hacer visibles a las mujeres que toman decisiones y conducen espacios de éxito nos ha dado muy buenos resultados; pero también identificar a mujeres que sean líderes naturales para que reciban apoyo económico. Al final, mostrar esas historias de éxito también obliga a los decisores a aprender.

Y se avanza más, mientras más se trabaja en las bases productivas, en el primer escalón. Porque la campesina, la parcelera y la dueña de un patio productivo, si tienen éxito, se convierten en grandes transformadoras de su entorno.

Un ejemplo muy claro fue el papel que las mujeres cercanas a nuestra organización jugaron durante la covid-19. No podían salir de sus casas, pero decidieron sembrar, activar los frutales, la cría de aves y fueron un enorme apoyo a la alimentación, tan crítica en aquellos días. Eso quiere decir que las mujeres se crecen en momentos difíciles.

¿Dónde enfocarías los principales esfuerzos?

Los principales esfuerzos, insisto, los dedicaría a trabajar con las bases productivas. Si seguimos pensando sólo desde arriba, las mujeres y los procesos allá abajo no se van a desarrollar, no se transformarán.

Son las personas de esos lugares quienes se preocupan por hacer un camino mejor o una carretera mejor; o batallan porque haya un punto de compra de gas cerca. Parecen cosas muy sencillas, pero hay mujeres que tienen que caminar kilómetros para sacar la balita del gas o recorrer caminos en muy mal estado para acceder a servicios básicos. Esos también son temas importantes.

Cuando se haga un diagnóstico, tenemos que intencionar que sea participativo, que incluya a las comunidades.

En Acpa estamos trabajando en comunidades vulnerables y es increíble los resultados que se ven cuando se les escucha y se pone un poco de recursos. Se trata de justicia elemental, de respetar derechos.

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