El término acompañamiento ha sido utilizado en muchos campos del conocimiento por disciplinas y áreas como  salud, Psicología y Pedagogía, entre otras. Específicamente en las ciencias sociales ha cobrado  importancia a partir de  las prácticas de intervención social que implican  otras miradas más integrales. Sobre todo se puso más en práctica por parte de profesionales del trabajo social y organizaciones que atienden  problemáticas sociales, como una forma de alcanzar lo deseado[i].

Existen muchas definiciones sobre acompañamiento, en dependencia de la utilidad del término. En el caso que nos ocupa, el referente conceptual estudiado  es el acompañamiento social y comunitario, que se define  como un proceso de apoyo a comunidades y familias vulnerables, a cargo de especialistas (técnicos y académicos), que promueve la formación colectiva y la autogestión, sobre la case de la trasmisión de actitudes, experiencias y conocimientos pertinentes para ejercer acciones de cambio y transformación[ii].

Acompañamiento es una palabra estándar, cuyo origen semántico ha contribuido a  convertirla, pasado el tiempo, en un concepto, una forma  de ver, un punto de partida. Es darle  valía al acto profesional “sobre todo  los que trabajamos en nombre de lo social”, es la acción socioeducativa en el ejercicio práctico de manera más profunda, consciente, de ennoblecer  y recuperar el saber de los sujetos. Es decir, acompañar es estar presente, es recorrer el camino con alguien, pero no en su lugar[iii].

En ese sentido, defino el acompañamiento como una modalidad educativa,  un proceso dirigido a personas  o grupos cuya pretensión fundamental es garantizar la calidad y sostenibilidad de las acciones que se originan. Se sustenta en la motivación y esfuerzo del capital  humano de las comunidades, sea en la evolución de las personas (sean autónomas, asertivas, creativas, solidarias)  como en sujetos de cambio y grupos comprometidos con la transformación local[iv].

Es involucrarnos de forma tal que se pueda  entender, sentir, vivir y compartir las necesidades de las comunidades y del grupo en cuestión. Sin embargo, no supone que el profesional o grupo asesor mantenga permanencia en el grupo, sino que estos  garanticen  la concreción de los diferentes procedimientos y/o actividades que conforman el proceso de acompañamiento.

La experiencia de OAR

El acompañamiento en el Centro “Oscar A. Romero” (OAR) constituye un eje del programa de Formación de Actores Locales, donde se contemplan acciones,  proyectos e iniciativas que implican procesos de empoderamiento de mujeres, tales como: grupos de autoayuda, preparación en roles no tradicionales para que estén en  mejores condiciones de acceder al mercado laboral, capacitaciones para los  emprendimientos  económicos  con fines cooperativistas,  acciones afirmativas a mujeres en estado de vulnerabilidad social y el trabajo con hombres.

OAR cuenta con una experiencia de más de 15 años acompañando a los Talleres de Transformación Integral del Barrio (TTIB) en la capital cubana, para el fortalecimiento de la perspectiva de género en el Planeamiento Estratégico Comunitario y su influencia en los gobiernos locales; con énfasis en la prevención y atención a la violencia de género y en apoyar emprendimientos económicos femeninos, surgidos como una necesidad sentida de este grupo poblacional.

Entre las experiencias locales lideradas por los TTIB para el fortalecimiento integral de mujeres, que se destacaron en la 1era etapa de acompañamiento, se encuentran:

  • Mujeres zapateras, panaderas, dulceras,  barberas–peluqueras, artesanas, costureras, pintoras, experiencias en servicios diversos, hoy constituyen todo un movimiento   de emprendedoras exitosas en el  municipio de 
  • Mujeres reparadoras de efectos electrodomésticos, dulceras, muñequeras de la comunidad Párraga – Arroyo Naranjo.
  • Mujeres muñequeras con su sello “La muñeca Negra”, del municipio La Lisa
  • Mujeres peluqueras, costureras, artesanas, manicuras y pedicuras del Consejo Popular Atarés – El Pilar del municipio Cerro.
  • Mujeres fotógrafas en Jagüey Grande Matanza.

A partir del diagnóstico participativo con enfoque de género  y resultados de evaluaciones   realizadas  como parte de los proyectos  desarrollados  con las agencias de cooperación COSUDE, PPM y SUDS, anteriormente se identificaron  brechas de género relacionadas con violencia de género, bajos ingresos económicos y empleos poco remunerados, baja autoestima de las mujeres,  dependencia económica y psicológica  de  otros  miembros de la familia.

En las nuevas oportunidades se reproducen asimetrías, porque  existen diferentes  puntos  de partida  entre mujeres y hombres, por lo  que no siempre  ellas pueden aprovechar estas oportunidades por igual. Las mujeres acuden al trabajo independiente, por cuenta propia, para alcanzar un mejor manejo de su tiempo y la obtención de ingresos. Sin embargo, las posibilidades de crecimiento son asimétricas respecto a los hombres, en muchas ocasiones por las dificultades para el acceso al financiamiento y también porque el mercado en sí mismo es un espacio social e históricamente construido bajo patrones masculinos[v].

Las iniciativas surgen a partir de las necesidades básicas, urgentes, que les permitan ingresos diarios, aunque sean pocos. Muchas de las mujeres no distinguen entre el presupuesto personal – familiar y el presupuesto  de inversión. Los servicios que ofrecen están en la base de necesidades  que urgen en las comunidades, pero no cuentan con un respaldo financiero,  tienden a diluirse y los oficios con menor valor son los más feminizados.

Se evidencia que las actividades más lucrativas y  representadas  requieren de la tenencia de activos de capital para iniciarse: inmuebles, medios de transporte, casas, tierras y otros que, casi siempre, se concentran en manos masculinas. (Formulación del documento de proyecto “Fortalecimiento socioeconómico de mujeres y lucha contra la violencia de género en La Habana”, 2020)

Se consideró necesario diseñar un proyecto que se ajustara a las condiciones del contexto y contribuyera al fortalecimiento socioeconómico de las mujeres que residen en la ciudad de Santiago de Cuba y, en  el caso de La  Habana, las pertenecientes a las  comunidades Párraga, Pogolotti, Santa Felicia, El Canal, Atarés, El Pilar,   atendiendo a  elementos organizativos de coordinación  y el  capital social como fundamento para el desarrollo de acciones colectivas y alianzas estratégicas con otros sectores sociales, tal es el caso de:  

  • Creación del Grupo Comunitario de Atención al Empleo Femenino, conformado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), TTIB, Seguridad Social y del Trabajo, Banco, trabajadoras sociales, funcionarias de la Asamblea del Poder Popular y la Oficina Nacional Administración Tributaria (ONAT), esta última con un rol significativo en el proceso de concertación con los titulares de obligaciones. El grupo despliega acciones de incidencia para obtener los apoyos y compromisos que aseguren la sostenibilidad de los emprendimientos.
  • Creación de un Grupo Metodológico representado por OAR y académicas de las áreas: jurídica, sociológica,  psicológica, pedagógica y económica, encargadas de la estrategia formativa y asesoría integral del proceso.
  • Fortalecimiento de las capacidades de actores sociales para la identificación y atención a las desigualdades de género desde la interseccionalidad, así como para la prevención de violencias hacia las mujeres.

Implementación de los procesos formativos:

-Cursos de oficios y servicios que faciliten la inserción social y económica de las mujeres en consonancia con las demandas del territorio.

-Cursos sobre gestión y desarrollo de planes de negocios y marco regulatorio para la actividad económica.

-Se contempla el acompañamiento y asistencia técnica a las iniciativas económicas gestionadas por mujeres priorizando iniciativas emprendedoras bajo criterios de la economía feminista.

-Desarrollo de capacidades y  de un grupo de actores sociales para incidir  en las decisiones y actos de los gobiernos locales  de forma tal que se tenga en cuenta   las mujeres y accedan al mercado laboral, estatal o no estatal.

-Intercambio de buenas prácticas con otras experiencias nacionales e internacionales para obtener aprendizajes y recomendaciones que, socializados, ayuden a conseguir un efecto multiplicador.

-Contemplan temas de género, cuidado, autocuidado, autoestima entre otros.

-Formación básica en género y violencia hacia las mujeres a actores sociales diversos de los municipios y a miembros de la Policía Nacional Revolucionaria PNR)

-Formación especializada a personal vinculado a atención a mujeres sobrevivientes de violencia.

-Implicación de los territorios en acciones  de la Campaña por la No Violencia hacia las Mujeres, orientada a desmontar imaginarios que sustentan la violencia entre jóvenes.

Algunos resultados

 Hasta el momento pueden referirse algunos resultados del  acompañamiento:

  • Se cuenta con los resultados de un estudio de oportunidades realizado en las provincias La Habana y Santiago de Cuba, de manera que las emprendedoras accedan a  información  de las oportunidades  de servicios y demandas que pueden ser cubiertas por  sus emprendimientos. 
  • Estudio de factibilidad a las iniciativas y proyectos de las emprendedoras,  que contribuyen a reorientar el trabajo del acompañamiento de manera diferenciada, y  apoyo a los emprendimientos. 
  • Las mujeres cuentan con fondos para el desarrollo personal y el fortalecimiento de habilidades, de acuerdo  con  los requerimientos en relación con la mejora continua y búsqueda de calidad de los productos.
  • Existe un promedio de 79 mujeres ya ubicadas, que tienen legalizado su emprendimiento, algunas de ellas insertadas en proyectos de desarrollo local, 10 en trámite de legalización  y un número considerable dispuestas a participar  en procesos de aprendizaje de oficios.

A modo de conclusión

Ante los actores locales está el reto de incorporar a las estrategias municipales y a los planes de desarrollo productivos locales, acciones afirmativas encaminadas a superar las brechas de género y las problemáticas identificadas, que son extensibles a otros sectores productivos de La Habana porque forman parte todas ellas de la cultura patriarcal que nos azota.

El proyecto como tal pretende crear espacios dentro de la esfera pública (emprendimientos  económicos, encuentros e intercambios en el ámbito municipal, nacional e internacional), donde las mujeres puedan tener un rol protagónico a través de emprendimientos exitosos y no tradicionales, que trasciendan el estereotipado   trabajo femenino, considerado   precario y de poco valor agregado.

Un rol de empoderamiento en la esfera pública genera  una transformación personal (autoestima, autonomía económica, relación social en el territorio), que ayudará a trasladarlo  también a la esfera privada.

Las estrategias que planteamos buscan elevar el número de mujeres incorporadas al mercado laboral, incrementar el potencial productivo como aportación al desarrollo económico local, además de minimizar la discriminación hacia las mujeres en el ámbito laboral,  mejorar las condiciones de vida y respeto a los derechos de las mujeres, bajo criterios de  igualdad en la diversidad ante  las nuevas oportunidades que se ofrecen en la sociedad cubana.

 

[i] Planella J.: “Acompañamiento social”, editorial: Oberta, UOC julio 2016. ISBN: 978-84-9116-530-9.

[ii] S. Sosa, F. Gutiérrez, M. Carrillo: “El capital social y el acompañamiento comunitario como estrategia del desarrollo Social”, 2014.

[iii] Eva Bretones: Prólogo de “Acompañamiento social”, ob. cit.

[iv] Zulema Hidalgo: “Por un desarrollo sin violencia contra las mujeres: Programa de Fortalecimiento de Actores Locales», tesis para optar por el título de Máster en  Desarrollo Social. FLACSO-Cuba, 2017.

[v] “El emprendimiento en Cuba: un análisis de la participación de la mujer”. Ileana Díaz-Fernández. Centro de Estudios de la Economía Cubana. Universidad de La Habana – Cuba. Grupo de investigación sobre Innovación y Emprendimiento.

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