Diversidad sexual: Infancias con derecho a la felicidad

Prestar una atención respetuosa, diferenciada y profunda a las infancias y adolescencias trans y género diversas es uno de los principales desafíos en el camino de evitarles sufrimientos y garantizar mejores condiciones para su inclusión e integración social.

“Es una verdadera injusticia crearles sufrimiento a estas personas”, reflexionó Paolo Valerio, profesor honorario de la Universidad de Nápoles Federico II, partidario de que operadores de salud y la sociedad en general enfrenten sus propios prejuicios, estereotipos y concepciones tradicionales para acompañar a las personas trans y no binarias.

El también presidente del Observatorio Nacional de Género intervino en el Séptimo Coloquio Internacional Transidentidades, Género y Cultura que, como parte de la 16 Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia, se realizó en La Habana del 5 al 7 de mayo, organizado por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y la Red de Personas trans, parejas y familias (TransCuba).

Séptimo Coloquio Internacional Transidentidades, Género y Cultura
“Es una verdadera injusticia crearles sufrimiento a estas personas”, reflexionó Paolo Valerio, profesor honorario de la Universidad de Nápoles Federico II. Foto: SEMlac Cuba

Valerio señaló que ser una persona LGBTIQ+, distinta de la norma heterosexista, impacta en la salud y el bienestar. Además del incremento del alcoholismo, el abuso de sustancias, la depresión, la ansiedad y otras manifestaciones somáticas, esas personas sufren de acoso escolar y mayores expresiones de discriminación.

“El número de personas que se identifican como no binarias aumenta en las nuevas generaciones y la sociedad debe preparase para acogerlas, sin exigirles que modifiquen sus cuerpos si lo que desean hacer es una transformación social”, agregó.

Sus voces importan

Oyuki Ariadne Martínez Colin, coordinadora comunitaria de la Unidad de Salud Integral para personas trans en México, parte de que a veces se obvia que con las infancias y adolescencias hay que aplicar derechos.

Séptimo Coloquio Internacional Transidentidades, Género y Cultura
“La deuda histórica de la sociedad, las instituciones y la academia con la población trans es la inclusión participativa”, asegura la mexicana Oyuki Ariadne Martínez Colin. Foto: SEMlac Cuba

“Pareciera que no tienen voz ni voto y se olvidan sus derechos fundamentales reconocidos”, dijo a SEMlac, en alusión a los derechos sexuales y reproductivos, a la información y a ejercer el libre albedrío de sus cuerpos, entre otros. También el derecho a la felicidad, asegura.

Consciente de que “la deuda histórica de la sociedad, las instituciones y la academia con la población trans es la inclusión participativa”, Martínez Colin insiste en que “si dejamos de ser sujetos para convertirnos en objeto de estudio, se nos deshumaniza, se nos roba la narrativa, la voz y un sinfín de derechos políticos, económicos, sociales y culturales que son fundamentales.

“Desde un discurso adultocéntrico, se han sesgado esos derechos; pero sobre todo se han invisibilizado. A mí me robaron la infancia y la adolescencia”, dijo a SEMlac.

“Somos personas con un pensamiento razonable para saber lo que queremos desde edades muy tempranas, en función de nuestra identidad de género, que empieza a construirse a partir de los 3 años de edad, como confirma la evidencia científica”, agregó.

“Es hora de que dejemos a las nuevas generaciones tener acceso a procesos amigables, libres de estigma y violencias”, resume.

Hacia un enfoque social y de derechos

La preparación adecuada de operadores de salud, justicia, educación y otros actores sociales es imprescindible, coinciden representantes de la academia y activistas.

En opinión de Mariela Castro Espín, directora del Cenesex, hay dos cuestiones claves en el camino hacia la integración social de las personas trans en Cuba: la atención a las infancias y adolescencias y la descentralización de los servicios integrales para su atención en todo el país, con una visión despatologizante.

Esos servicios deben brindarlos especialistas con formación en Medicina de género, dijo, para lograr un diálogo con categorías como el color de la piel, la orientación sexual, las identidades de género y la territorialidad, entre otras.

Mariela Castro, directora del Cenesex
“Esas infancias necesitan tiempo, comprensión, acompañamiento y acogida de la sociedad», aseguró Mariela Castro, directora del Cenesex. Foto: SEMlac Cuba

En sintonía con varias corrientes en el mundo, el modelo cubano ha ido evolucionando de un paradigma predominantemente biologicista a un enfoque social y de derechos humanos, explicó.

Con una perspectiva despatologizante y centrada en las personas, la estrategia de integración social de la población trans contempla ejes político-legislativo, de formación de recursos humanos, capacitación de personas trans y sensibilización de decisores y decisoras.

Sin embargo, es un gran desafío la atención integral a las infancias, adolescencias y juventudes trans y género diversas, con énfasis en los ámbitos comunitarios, familiar, escolar, de salud y comunicacional, precisó.

“Esas infancias necesitan tiempo, comprensión, acompañamiento y acogida de la sociedad, hasta que entiendan lo que sienten y desean, sin tener que situarse en ningún estereotipo de lo que ya existe”, remarcó.

Para la psicóloga Adriana Agramonte, con más de dos décadas de trabajo con personas intersexuales en Cuba, se impone transformar el paradigma de atención.

“La biología hay que atenderla, pero no centrarse en el enfoque biologicista”, explica a SEMlac. “Para las infancias con género no binario, hay que implementar un paradigma afirmativo del género que desea vivir la persona; un paradigma humanista y de derecho”, añade.

En el campo de las intersexualidades, la atención es descentralizada y las familias llegan por distintas vías. Por eso se necesita integración musltidisciplinaria y un algoritmo que paute los pasos a seguir, para evitar los daños y malestares que hoy se generan.

En ese modelo, Agramonte incluye la atención interdisciplinar desde un equipo multidisciplinario, donde estén no sólo especialistas en endocrinología, pediatría y cirugía, sino también de psicología y trabajo social; con una formación en ética y derechos que favorezca las buenas prácticas.

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