Violencia sexual infantil: Algunas rutas para la comunicación

El año 2020 marcó un antes y un después en el tratamiento mediático del abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes en Cuba. La violación de Lía por su padrastro en la telenovela “El rostro de los días”  desató un debate público –particularmente intenso en las redes sociales- que llevó el tema también a la agenda de los medios. Periódicos como Juventud Rebelde y Escambray, revistas como Bohemia y Alma Mater, medios especializados como SEMlac Cuba y algunos programas de debate televisivo, entre muchos otros, pusieron atención a la problemática. Pero si bien hubo tratamientos acertados, respetuosos, eso no ocurrió en todos los casos.

La protección a las infancias y adolescencias resulta un asunto de máxima prioridad que incumbe a las familias, el personal educativo y de salud, entre otras figuras involucradas en la crianza, el cuidado y el activismo social. Pero también, y no con menor responsabilidad, a quienes trabajan en los medios de comunicación. Para ello, las personas implicadas deben estar debidamente preparadas.

En lo referente al acoso sexual y el abuso sexual infantil —expresiones de violencia por su estructura, acciones y manifestaciones— pueden identificarse indicios de una ciudadanía más consciente y comprometida a enfrentarlos. Justamente, entre los signos positivos se cuentan la implementación de protocolos para ampliar y consolidar el conocimiento sobre dichos fenómenos por parte del personal docente; pero también su emergencia en el debate público, a partir de la inserción en medios de comunicación masiva de productos —informativos y de ficción— que abordan estos flagelos.

En este contexto, quienes trabajan en los medios de comunicación tienen un rol educativo que se desprende de su capacidad de influencia en la opinión pública y que, a la vez, conlleva el deber de cumplir esta tarea con responsabilidad y rigor; sobre todo en aquellos casos en que se enfrenten ante hechos reales y no solo ante una violación parte de la trama de la telenovela de turno.  

Si en algo coinciden manuales[1] y pautas de actuación identificadas desde espacios legales a nivel internacional[2] es en la necesidad de no revictimizar desde los medios de comunicación masiva. Para ello, resulta esencial contar con aprendizajes de género y cultura de derechos, para no reproducir o naturalizar estereotipos sexistas que suelen culpabilizar a las víctimas.

En ese camino, periodistas y comunicadores debemos tener especial cuidado en no difundir información que permita identificar a las víctimas, dado que su exposición pública puede comprometer sus derechos. Resulta importante reconocer la existencia del problema y dar voz a quienes son parte de él. No ayuda interpretar lo que las víctimas sienten, sino dejar que ellas lo cuenten, siempre que sea posible sin violar sus derechos.[3]

Pero, además, es imprescindible realizar coberturas respetuosas y no abordajes sensacionalistas. Para ello, una regla de oro es procurar reportes rigurosos, no basados en conjeturas o supuestos, sino en fuentes especializadas, y priorizar aquellos titulares que condensen información relevante del caso, en lugar de apelar a la gráfica para captar audiencias por mero rating, mediante el impacto que supone la síntesis de los datos más traumáticos[4].

En el caso de hechos que están siendo investigados o aún son parte de un proceso judicial, los mensajes públicos deben ser precisos y respetar la reserva de información procesal de que pudieran disponer las autoridades judiciales.

Preguntas y respuestas desde el patio

Los medios necesitan alentar el cambio de imaginarios que refuerzan las violencias y abrir más el debate sobre el tema. ¿Cómo? Asistiendo o promoviendo campañas de sensibilización y educativas, asegurando la formación de periodistas y comunicadores, ofreciendo alternativas en sus narrativas. Es primordial visibilizar el tema y también mostrar caminos. Por ejemplo, en el caso de Cuba existe un protocolo de atención a menores en los centros de protección a niños, niñas y adolescentes que se conoce poco y mal. Los medios de comunicación podrían profundizar en estas temáticas, pues aportan información útil a personas que podrían verse involucradas en hechos violentos de esta naturaleza.

Visibilizar la problemática y proveer una educación sexual integral, acorde con cada edad y sin tabúes a niñas, niños, adolescentes y jóvenes, parecen ser las mejores herramientas para prevenir la violencia sexual. Sin embargo, las prácticas muestran que aún queda mucho camino por andar para que los abordajes desprejuiciados de estos temas se generalicen. Algunas interrogantes pueden ayudar a desmontar mitos frecuentes, muchas veces naturalizados desde la comunicación[5].

¿Solo les pasa a las niñas y las adolescentes?

No. Los niños y adolescentes varones también pueden ser víctimas de violencia sexual. Como resultado de las construcciones de género, las violaciones contra las niñas son más naturalizadas, quiere decir que siempre se critican, pero se explican por el hecho de ser “mujeres en desarrollo” e incluso, se les puede llegar a culpar o responsabilizar desde el imaginario social: “ella se lo buscó”. Cuando les pasa a los varones, también son víctimas del machismo y se acentúa lo que “dejan” de ser —“perdió su hombría”—, más que el daño que han tenido y las huellas que se deben atender y reparar.

Una vez conocidos los hechos, por lo general, tanto niñas como niños viven bajo observación y en no pocos casos sufren exclusión o señalamientos por lo que han vivido. Esto es aún más dañino, porque vuelven a recibir la violencia por parte de personas de las que esperarían apoyo.

¿Hay personas más vulnerables que otras a ser víctimas de violencia sexual?

Cuba no cuenta con estadísticas públicas sobre estos temas, por lo que no se puede asegurar dónde ocurre más; pero es una trampa pensar que la violencia sexual encuentra blanco en determinadas personas. Esto es parte de los mitos que se asocian a las violencias y que, incluso, la justifican. Sucede tanto en zonas rurales como urbanas y los agresores suelen ser familiares y conocidos, por ejemplo, vecinos. De ahí la importancia de atender los factores de riesgo, como la personalidad del niño o niña, sus habilidades sociales y comunicativas, o si tiene alguna necesidad educativa especial que le haga más vulnerable.

Además, la llegada de la pubertad y el desarrollo sexual que implica, puede llamar la atención de la persona agresora. Carencias afectivas, falta de comunicación y educación sexual en la familia, la crianza sexista, la violencia intrafamiliar, el adultocentrismo, el hacinamiento y la coexistencia de varias generaciones en las viviendas, pueden exponer más a la infancia y la adolescencia a las situaciones de violencia sexual.

¿Existe un perfil de las personas agresoras?

Casi siempre son varones; hombres adultos y jóvenes, incluyendo adolescentes. Cerca de la mitad de los que cometen abusos tuvieron su primer comportamiento de abuso antes de los 16 años. En muchos casos son conocidos, dentro de la propia familia, pero en otros resultan personas del medio escolar e incluso desconocidos.

Contar con redes de apoyo es clave, como lo es conocer centros o espacios comunitarios e institucionales donde se puede encontrar ayuda. Lo más importante es que las niñas, niños y adolescentes identifiquen canales de comunicación, espacios y personas de confianza que puedan apoyarles.

¿Qué sucede ante una denuncia de abuso sexual infantil?

En Cuba existen tres centros de exploración y protección a niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual: en Villa Clara, La Habana y Santiago de Cuba, que cuentan con equipos multidisciplinarios capacitados para explorar la situación, mediante diferentes vías.

La confirmación psicológica de que sufrieron violencia sexual es utilizada en el proceso judicial. De igual forma, en el resto de las provincias se hacen estas exploraciones por personal especializado que evita la revictimización. No importa el tiempo transcurrido después del hecho o si ocurrió en una ocasión puntual o de forma recurrente, siempre es oportuno y conveniente denunciar.

[1] 1 Diario Femenino (2019) El rol de la comunicación en la prevención del Abuso Sexual en la Infancia. En: https://diariofemenino.com.ar/df/el-rol-de-la-comunicacion-en-la-prevencion-del-abuso-sexual-en-la[1]infancia/

[2] Defensoría del Pueblo (2018) “Tratamiento de casos de violencia sexual que afectan a niños y niñas”. Argentina. En: https://defensadelpublico.gob.ar/recomendaciones-para-el-tratamiento-periodistico[2]responsable-de-casos-de-violencia-sexual-que-afectan-a-ninos-y-ninas/

[3] Convención sobre los Derechos del Niño. a) El derecho al interés superior; b) El derecho a la dignidad y a la integridad personal; c) El derecho a la vida privada e intimidad familiar; d) El derecho a la dignidad; e) El derecho a opinar y ser oído.

[4] Defensoría del Pueblo (2018) “Tratamiento de casos de violencia sexual que afectan a niños y niñas”. Argentina. En: https://defensadelpublico.gob.ar/recomendaciones-para-el-tratamiento-periodistico[4]responsable-de-casos-de-violencia-sexual-que-afectan-a-ninos-y-ninas/

[5] Serguera Lío, L. (2021) Preguntas y respuestas sobre violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes. Alma Mater/ Centro Oscar Arnulfo Romero / Cenesex / Unicef. En: https://www.unicef.org/cuba/media/3641/file/Folleto%20Abuso%20sexual.pdf%20.pdf

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