¿Qué tan lejos y tan cerca están las telenovelas del patriarcado?

Las telenovelas son el género audiovisual por excelencia que ha elegido el patriarcado para establecerse y reproducirse. Desde su surgimiento y hasta ahora, las telenovelas son uno de los vehículos por los que la ideología patriarcal nos enseña lo que es el amor y sus prácticas. Así, es frecuente encontrar en la mayoría de ellas modelos de amor fusionado, sufriente, incompleto, marcado por la lucha de poderes, por el deseo de búsqueda y conquista de una “media naranja” que habrá de “completar” a los enamorados.

Es frecuente encontrar, salidos de los labios y los actos de personajes de telenovelas actuales, los principales mitos del amor romántico patriarcal: el amor todo lo puede, tú me salvas, sin ti no soy nada, te espero siempre, te querré siempre, el amor todo lo aguanta, tú eres el(la) único (a), sin ti la vida no tiene sentido o no es tan bella, sin pareja estamos solos, quien bien te quiere te hará llorar o haz conmigo lo que quieras.

El amor de telenovelas hace del sufrir un placer y a las personas televidentes nos enreda en su manto de romanticismo, de tal manera que terminamos aspirando a amar del mismo modo que lo hacen los personajes. Pero sucede que seguirle la rima al patriarcado solo nos vuelve seres humanos más débiles, más solas, más inseguras y encerradas en nuestras propias guerras amorosas. El amor tradicional de telenovelas no es ni tan tierno ni tan bello, ni tan saludable ni tan exitoso. Pero, ¿cómo mostrar otro tipo de amor no romántico, no patriarcal, en un género audiovisual que fue creado por la ideología burguesa capitalista exactamente para eso, para darnos la receta del amor que debemos vivir?

Cuando en abril de 2021 me propusieron co-escribir la telenovela “Tan lejos y tan cerca”, tenía muy pocas certezas. Nunca antes había incursionado en el género y no sabía si era capaz de sortear con éxito todos los desafíos dramatúrgicos que un producto de este tipo exige a las personas que nos dedicamos a la escritura de guion. Sin embargo, entre el gran cúmulo de incertidumbres, había algo claro: teníamos que encontrar el modo de despatriarcalizar el género hasta donde nos fuera posible. Teníamos que hallar maneras de proponer otras feminidades y masculinidades fuera del molde tradicional, así como ofrecer otras miradas más liberadoras del amor, las relaciones de pareja, las expresiones de las sexualidades, las relaciones interpersonales y la construcción de afectos. Deseábamos poner en pantalla otras formas de querernos bien, en alegría, placer y libertad.

Las propuestas que exploramos en “Tan lejos y tan cerca”

Nos propusimos desmontar, en la medida de nuestras posibilidades, los estereotipos de cómo debe ser la mujer y el hombre, al diseñar personajes femeninos y masculinos que no cumplieran con los mandatos tradicionales para cada género.

Hicimos énfasis en que las conversaciones e interacciones entre mujeres fueran más allá de la plática de “cazar” al hombre. Nuestros personajes femeninos se movieron en ambientes de trabajo (médicas en zona roja, mujeres artesanas, emprendedoras, deportista de alto rendimiento), centradas en ser exitosas en sus trabajos y en el aporte social que podían ofrecer. Mostramos las profesiones y oficios de mujeres no como telón de fondo de la historia, sino como vía de realización de los objetivos, metas y sueños de los personajes. Asimismo, diseñamos vínculos e interacciones femeninas que privilegiaran el apoyo mutuo, la sororidad y el placer de estar juntas.

Diseñamos nuestros personajes masculinos de tal manera que ofrecieran nuevas formas de ser hombres: hombres en ambientes domésticos que asumen el cuidado de sus hijos e hijas, parientes o personas allegadas, personajes masculinos que muestran sus afectos, que se trabajan el amor y las relaciones interpersonales, que no poseen a sus parejas ni ejercen control y dominio sobre la persona que aman.

Además, creamos símbolos propios para nuestras parejas amorosas que se alejaron de los emblemas universales del patriarcado o intentamos quitarles a estos últimos, como los anillos de compromiso, la carga patriarcal que poseen desde el imaginario social.

Trabajamos las relaciones de pareja lejos de la posesividad y centramos los conflictos más en asuntos de incomunicación interpersonal que de pérdida de la afectividad.

Atravesamos las líneas argumentales por una afectividad latente, con la intención de reforzar los vínculos humanos de todo tipo. Mostramos otros tipos de amor y no solo los de pareja. Desarrollamos la dimensión afectiva del relato.

Revelamos que no hay un solo tipo de amor: de pareja, sino múltiples amores: de familia, madre/padre, hermanos/hermanas, amigos y amigas, amor por mascotas, hobbies, recuerdos, amor por personas que ya no están, por grupos de trabajo, vecinos, comunidades, amor por naturaleza, por país.

Dejamos entrever el amor, incluso, en los momentos más sombríos o peliagudos de la historia en los que a simple vista parecía que no existía. Lo hicimos crecer ahí. Asimismo, cultivamos el amor en los personajes que parecían más “negativos”, sembramos una semilla de afectividad en ellos y la hicimos crecer.

Nos pensamos la dimensión del amor como parte no solo de la trama principal, sino que lo esparcimos o dejamos latente en subtramas, sucesos y personajes, aunque no llegaran a finales felices.

Enfatizamos en las expresiones diversas de las sexualidades, construimos personajes capaces de vivir sana y libremente sus sexualidades, ya sea por la orientación de su deseo sexual y/o por sus prácticas sexuales creativas, afectivas y desprejuiciadas.

Construimos sucesos que dieron pie a una expresión responsable de la sexualidad, donde el placer se vive con responsabilidad hacia sí mismo(a) y hacia las otras personas. Desmontamos el mito de la atracción “mágica” de las personas, al crear sucesos que permitieron a los personajes trabajarse el amor día tras día. Igualmente, su erotismo, sensualidad y relaciones sexuales.

Usamos el humor y la alegría para tratar temas difíciles en escenas, sucesos o tramas; creamos situaciones humorísticas que nos permitieron ridiculizar al patriarcado desde un suceso puntual de la historia o en comportamientos de los personajes.

Telenovelas liberadoras para públicos felices

Sí, es cierto, la telenovela nació como manera del patriarcado para esparcir su semilla ideológica, pero podemos cambiar eso. Podemos hacer telenovelas que propongan nuevas maneras de ser hombres y mujeres más saludables y felices. Contar nuevos relatos, historias, tramas, sucesos que permitan desmitificar el amor romántico y no idealizar unos tipos de masculinidades y feminidades. Podemos desmontar el “milagro” del amor romántico y poner en su lugar el amor real, que se trabaja día a día. Somos capaces de poner a convivir sucesos de amores de pareja con asuntos de grupos o comunidades, donde se construyan consensos, se redistribuyan poderes y se propongan nuevas formas de organizarnos y relacionarnos desde la solidaridad, la empatía, el compañerismo y la ternura.

Tan lejos y tan cerca está la utopía. Solo nos queda caminar.

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