Ante las problemáticas de género, los medios de comunicación constituyen un arma de doble filo. Por un lado, permiten visibilizar realidades no hegemónicas y concientizar sobre procesos de cambio en distintas esferas: económica, política, social, jurídica, cultural, etc. Por otro, reafirman estereotipos, roles y relaciones de poder que responden al status quo heteronormativo.

Lo que Judith Butler conceptualiza como la heterosexualidad hipostatizada se construye de manera simbólica1. Dicha estructura determina acuerdos sociales y, a su vez, permea el funcionamiento del Estado y la nación.

Las relaciones de intercambio que conforman la cultura como una serie de transacciones o de traducciones no son solo, o de una forma prominente, sexuales; sino que toman la sexualidad como su tema, por así decirlo, cuando está en juego la cuestión de la transmisión cultural y de la reproducción2.

De acuerdo con la doctora Isabel Moya, los estudios de género se sitúan en dos ámbitos: el desarrollo de las prácticas culturales y el desempeño de los roles asumidos o asignados. La también periodista añade otro: el ciberespacio, donde confluyen las formas de comunicación fáctica, interpersonal, masiva, no verbal e intrapersonal3.

La postmoderna expresión “políticamente correcto” ilustra una de las estrategias de los discursos hegemónicos del siglo XX y de los inicios del XXI: la apropiación de los discursos alternativos o contrahegemónicos, despojándolos de su carácter trasgresor, vaciándolos de sus verdaderos contenidos, manipulando sus esencias y potenciando lo aparencial para acabar “hibridándolo” en su propio discurso (…) No escapan a este “reciclaje light” el género, la otredad y la orientación sexual, que aparecen con frecuencia en los grandes medios de comunicación social, en las intervenciones públicas de políticos y en los proyectos de ciertos organismos internacionales que se apuntan a las reglas del juego de la “tolerancia”4.

Esta intención de alcanzar un equilibrio temático incluye también la transgresión de las formas tradicionales de representar las sociedades. La comunicación asume, en estos casos, no solo una función informativa sino también transformadora.

Como apunta Mariela Castro en su tesis doctoral en los medios de comunicación se decide la hegemonía cultural y se generan estereotipos. Estos promueven las relaciones sociales asimétricas. A través de los medios se construyen no solo las grandes ideologías económicas y políticas, sino también ideologías de género, raza, sexualidad y posición social5.

En la era de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, la producción y el consumo simbólico deben apostar por renunciar a las categorizaciones arbitrarias, la necesidad de etiquetar comportamientos y modos de vida, el determinismo de lo “normal” y lo “anormal”.

No se puede concebir a las personas solo como construcciones sociales ni solo como anatomías. Ambas visiones reduccionistas son inoperantes para explorar la articulación de lo que se juega en cada dimensión: carne (hormonas, procesos bioquímicos), mente (cultura, prescripciones sociales, tradiciones) e inconsciente (deseos, pulsiones, identificaciones) (…) La representación inconsciente del cuerpo, necesariamente, pasa por la representación imaginaria y la simbólica6.

Una de las muchas herramientas producidas en las últimas décadas para incorporar la perspectiva de género en los medios de comunicación es el Manual de Género para Periodistas. Este documento, publicado en 2012 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud)7, recomienda pautas para la introducción y aplicabilidad de ciertas nociones de género en los procesos productivos. Estas no pueden ser exclusivas de un sector especializado, sino permear el tratamiento y desarrollo de toda la información. Entre los puntos esenciales se encuentran:

  1. Profundizar en las relaciones de género, poder e inequidad abordando disparidades en el acceso y control sobre recursos, decisiones, oportunidades, retribuciones, expectativas.
  2. Usar un lenguaje incluyente como herramienta de cambio. Pese a la riqueza lingüística, suficiente para evitar exclusiones, invisibilizaciones o marginaciones, el idioma se utiliza con enfoques racistas, sexistas, clasista y heterocentrista.
  3. Otorgar igual importancia a la selección intencional de productos. El concepto de violencia simbólica fue definido por el teórico francés Pierre Bourdieu como la articulación de mecanismos, imágenes y prácticas que tratan de imponer una visión del mundo que se pretende legítima.
  4. Ampliar la agenda mediática y pública con un enfoque inclusivo. En este manual se subraya la estereotipación o la ausencia total de ciertos grupos sociales en el espectro mediático. Dichas zonas de silencio demandan ser sustituidas por parrillas informativas que reflejen el carácter heterogéneo de la sociedad.

Incorporar la perspectiva de género en las coberturas periodísticas implica un reaprendizaje de las prácticas de producción, elaboración y emisión de noticias para responsables de medios y profesionales de la comunicación (…) Si algo caracteriza la comunicación y las teorías de género es la “interseccionalidad con otras causas”8. Dichas intersecciones forman parte del carácter interdisciplinar, multidisciplinar y transdisciplinar de la comunicación. Como apunta la estudiosa argentina Paula Ladevito9, las teorías de género recuperan el carácter social y culturalmente construido.

Especialistas diversos también han reconocido el rol de los medios de comunicación para visibilizar la violencia de género y romper la naturalización que la acompaña; pero, al mismo tiempo, utilizar otras narrativas que coloquen la igualdad de género en el centro de una comunicación transformadora y sensible.

Las concepciones de género, las características que en determinado contexto social se les asignan a las personas están instaladas en el imaginario social y los medios las reproducen y naturalizan, incluso sin ser conscientes. Visibilizar lo inconsciente es la principal tarea de la comunicación10.

El periodismo debe posicionar alternativas en las maneras de narrar las diferentes realidades. Durante el panel “Claves para una comunicación inclusiva”, parte de la XIV Jornada contra la Homofobia y la Transfobia en Cuba11, la periodista Dixie Edith Trinquete llamó a trascender la epidermis de la teoría de género y profundizar en cómo insertarla en el universo periodístico. El problema de la inclusión es más profundo que las vocales. No abarca solamente las normas de edición y redacción, sino un cambio en el propio espíritu de la comunicación.

La teoría de género se inserta poco a poco en las relaciones y mediaciones de las rutinas productivas, los valores noticia, las ideologías profesionales, los mensajes y las representaciones simbólicas. La profesora Isabel Moya, una de las investigadoras cubanas más importantes en esta materia, propuso:

  1. El estudio de las propuestas alternativas a la comunicación hegemónica.
  2. Ampliar los llamados estudios del emisor para deconstruir los mecanismos de reproducción de los mensajes sexistas.
  3. Analizar la imagen de las mujeres y los hombres en su relación contextual, para huir de enfoques existencialistas que asumen lo masculino y lo femenino como un todo homogéneo.
  4. Asumir otros espacios y soportes de la industria cultural.
  5. Aportar, en la medida que el propio desarrollo de estas investigaciones lo propicien, a enriquecer presupuestos teórico metodológicos de la teoría de la comunicación12.

Desde la perspectiva de esta periodista y académica, los medios de comunicación y la teoría de género son fundamentales para comprender nuestra diversidad de realidades. Ambos permiten analizar la construcción social de sentido y forman parte, a su vez, de las construcciones simbólicas. En esta interrelación es posible lograr consensos, desmontar patrones de violencia y naturalizar la libertad expresiva de cuerpos e identidades.

 

1 Butler, J. (2006) Deshacer el género. Ediciones Paidós Ibérica S.A. España. www.caladona.org/grups/uploads/2014/02/butler-judith-deshacer-elgenero-2004-ed-paidos-2006.pdf

2 Ídem, p.178

3 Moya Richard, I. (2010) Sin contraseña. Discurso mediático y transgresión. Ameco. Red Internacional de Mujeres de la Comunicación.

4 Ídem, p.69

5 Castro Espín, M. (2014). Estrategia para la integración social de las personas transexuales en el contexto actual de la sociedad cubana [Tesis de Doctorado en Ciencias Sociológicas], Facultad de Filosofía de la Universidad de La Habana. Http://tesis.sld.cu/FileStorage/00001140C2mariela.pdf

6 Lamas, M. (17 de noviembre del 2004) Género: algunas precisiones conceptuales y teóricas. [Conferencia magistral]. XIII Coloquio Anual de Estudios de Género. México. https://redmujeresjusticia.org.ar/wpcontent/uploads/2019/03/Ge%CC%81nero-algunas-precisionesconceptuales-y[1]teo%CC%81ricas-Lamas.pdf P. 25.

7Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2012) Manual de Género para Periodistas. www.eird.org/orange-day/docs/genero/manual-degenero-para-periodistas-pnud.pdf

8 Ídem

9 Citado en: Martínez, C. (2016) La perspectiva de género en la mirada de las documentalistas cubanas. Aproximación a la perspectiva de género en los documentales realizados por mujeres cubanas entre la década del 70 y la actualidad, a partir de una muestra de diez documentales [Tesis de Licenciatura] Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Repositorio institucional – FCOM.

10 Terrero, A. Laurencio, D y Trinquete, D.E (2021) “Violencia de género y medios de comunicación”. Instituto Internacional de Periodismo José Martí/ OXFAM. Editorial Pablo de la Torriente: La Habana.

11 Trinquete, D.E. (19 de mayo de 2021) “Claves para una comunicación inclusiva” [Conferencia]. Panel de la XIV Jornada contra la Homofobia y la Transfobia. CENESEX e Instituto de Periodismo José Martí. Facebook. https://fb.watch/63LcAquj2R/

12 Moya Richard, I. (2010) Sin contraseña. Discurso mediático y transgresión. Ameco. Red Internacional de Mujeres de la Comunicación. P.45

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