Legislaciones y brechas digitales de género: Una mirada desde Cuba

El mundo vive una constante transformación digital y Cuba no está ajena a estos procesos, pero a la par de los cambios, las investigaciones han detectado brechas que los obstaculizan, entre ellas la brecha digital de género. Desde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), ya se plantea que la brecha digital de género es un impedimento significativo para la igualdad de oportunidades y el empoderamiento de las mujeres, lo que se traduce en la desigualdad de acceso, uso y habilidades digitales entre hombres y mujeres. Esto se debe a diferentes factores, como obstáculos de acceso a la tecnología, la falta de habilidades digitales y la discriminación de género en el ámbito tecnológico.

En este sentido, otros entes dentro del sistema de Naciones Unidas, como ONU Mujeres, han identificado estas cuestiones como áreas críticas de preocupación que requieren atención y acción.

Un estudio de Galperin1 encontró que, en los países latinoamericanos, los hombres tienen entre cinco y un nueve por ciento más de probabilidades de estar conectados que las mujeres. Mientras, la Organización Internacional del Trabajo señala que cuanto más alta es la remuneración, más aumentan los salarios de los hombres por encima de los de las mujeres. Asimismo, la Unesco detectó que ellas tienden a seguir carreras científicas, tecnológicas, de ingeniería y matemáticas (STEM) menos frecuentemente que los hombres, pues solo 35 por ciento del estudiantado en educación superior a nivel mundial en estas áreas son mujeres2.

En la sociedad cubana, este es un proceso de estudio relativamente reciente, de ahí que las investigaciones requieran profundizar en las condiciones en que este se despliega y si ello genera una brecha digital, tanto desde el punto de vista territorial y socioeconómico, como de género. En los países del área, la falta de datos desagregados y la disparidad de los criterios utilizados en la elaboración de indicadores por los distintos países y organismos siguen constituyendo un problema importante.

El interés de las mujeres por ser reconocidas en el mundo académico, científico y tecnológico es tan antiguo como la propia denominación de sus distintas áreas del saber. Si bien siempre han existido mujeres contribuyendo con el desarrollo y la innovación, no siempre fueron aceptadas y reconocidas. Incluso, actualmente hay sesgos de género que les impiden ocupar las mismas posiciones y condiciones de trabajos que sus pares masculinos. En Cuba matriculó por primera vez una mujer en la Universidad en 1883 y la primera se doctoró en 1887.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) definió en 1979, en su Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (Cedaw, por sus siglas en inglés), los objetivos necesarios para conseguir la igualdad de género, que irían concretándose en medidas específicas durante los años siguientes. Entre ellas se encuentra el programa de acciones denominado Science and Technology, and Women, establecido en 1984 por el Panel del Comité Asesor sobre Ciencia y Tecnología de la ONU y también el Plan de Acción de la IV Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en Beijing, en 1995, que promovió la elección y el apoyo de las mujeres por estas disciplinas y como investigadoras.

El Plan de Acción de Beijing reconoció que la tecnología transforma rápidamente al mundo, por lo que es indispensable que la mujer no sólo se beneficie de ella, sino que también participe en el proceso desde la etapa de diseño, hasta las de aplicación, supervisión y evaluación. Durante años, las mujeres demandaron en estos espacios la superación de encasillamientos y jerarquías como las de ciencias “duras” y “blandas”, la segregación horizontal y vertical en la ciencia y la tecnología, la escasa presencia de mujeres en puestos de decisión y situaciones de discriminación que frenan su desarrollo profesional.

En Cuba, solo dos años después de la reunión de Beijing, se aprobó el Plan de Acción Nacional de la República de Cuba, por acuerdo de su Consejo de Estado, con 90 medidas. El cumplimiento de ese Plan fue evaluado en 2002 y posteriormente en 2013. Los resultados de esos esfuerzos se sintetizan en el lugar que ocupa la Mayor de las Antillas a nivel mundial en indicadores de igualdad de género. Según el Foro Económico Mundial, Cuba es el tercer país de América Latina y el Caribe según el ranking 2016 del Índice Global de la Brecha de Género3.

No obstante, la falta de estadísticas que relacionen género y tecnología dificultan la identificación de brechas. Ailyn Febles, presidenta de la Unión de Informáticos de Cuba (UIC), señala que es esencial contar con indicadores nacionales y proyectos de investigación que permitan abordar el problema de manera efectiva. Respecto a las vulneraciones y violencias en el espacio digital, subraya la importancia de monitorear y evaluar los avances, lo que requiere de la disponibilidad de mecanismos y datos precisos4.

Algunas investigaciones, como la Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados (MICS) 20195, brindan pistas sobre el fenómeno en el país. Según ese estudio, en 11.966 hogares cubanos, 73 por ciento de los varones adolescentes y jóvenes de 15 a 19 años tiene acceso a móviles, mientras que para las mujeres este porcentaje es de 66,9 por ciento. Además, se encontró que el 36 por ciento de las mujeres accede a Internet al menos una vez a la semana, en comparación con 45,7 por ciento de los varones.

Febles afirma que las mujeres están subrepresentadas en varias áreas de la tecnología en Cuba, incluyendo carreras de ciencias técnicas, la industria del software, la investigación en el sector de servicios TIC y la dirección de mipymes de tecnología. Su afirmación se basa en las siguientes estadísticas, recopiladas por la UIC, para el caso cubano.

• Solo 30 por ciento de las personas que se matriculan en carreras de ciencias técnicas son mujeres.

• 64 por ciento de las mujeres que trabajan en el sector de la tecnología aseguran que su entorno laboral es predominantemente masculino.

• En la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), solo 30 por ciento de las personas egresadas son mujeres.

• En los preuniversitarios de ciencias exactas, solo 12 por ciento de las personas con competencias avanzadas en programación son mujeres.

• Solo ocho por ciento de las adolescentes de 15 años dice querer estudiar informática en comparación con 25 por ciento de los varones.

• Ellas son apenas el dos por ciento de quienes dirigen las más de 100 mipymes de tecnología creadas.

• Solo 39 por ciento de los investigadores en el sector de servicios TIC son mujeres

• Ellas también están subrepresentadas en la estrategia de inteligencia artificial, donde representan solo 25 por ciento del personal involucrado.

• En el sector empresarial, apenas 28 por ciento de ellas ocupan puestos técnicos y especializados.

No obstante, Cuba cuenta con políticas públicas enfocadas en los propósitos defendidos por el Estado en esta materia. La norma legal de mayor rango y complejidad en este sentido es el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres (PAM), aprobado en 2021 por decreto presidencial, que sustituye al Plan de Acción de Beijing y que ha sido calificado como piedra angular en el desarrollo de políticas de empoderamiento femenino, al tiempo que da continuidad al avance y desarrollo de la igualdad de género en el país, en tanto institucionaliza este derecho.

La legislación incluye, entre sus acciones y medidas, incorporar indicadores de género en las estadísticas y bases de datos para analizar el acceso, uso y tiempo de interacción con las TIC; promover y ofrecer carreras en áreas técnicas y profesionales donde la presencia femenina ha sido baja, de acuerdo con las necesidades del desarrollo económico y social del territorio, y reconocer a las mujeres que se desempeñan en esas áreas; profundizar en el análisis con enfoque de género y aplicarlo tanto en el sector estatal como no estatal, en temas relacionados con la ciencia, la tecnología y la innovación, y el acceso a la información.

Lo anterior valida, de cierta forma, el problema identificado por Febles sobre las brechas digitales de género en el país. Además, dichas acciones tributan a las áreas claves definidas en el PAM, entre las que destacan el empoderamiento económico de las mujeres, educación, prevención y trabajo social, acceso a la toma de decisiones, así como las estadísticas e investigaciones.

1 Galperin, H. (2016), “La brecha digital en América Latina: evidencia y recomendaciones de política a partir de encuestas de hogares”, CPRLATAM Conference, México, 2016.

2 Unesco. (2019). Descifrar el código: la educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). París: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

3 World Economic Forum (WEF) (2016). The Global Gender Gap Report 2013. URL: http://www.weforum.org./docs/WEF/GenderGap_ Report_2013.pdf Última consulta 2 de abril de 2017.

4 Febles, A. (2023, 10 de marzo). Intervención en el encuentro Cerrando Brechas: Inclusión digital por el Desarrollo

Sostenible. Cerrando Brechas: Inclusión digital por el Desarrollo Sostenible, La Habana, Cuba.

5 Se puede consultar los resultados en: https://www.unicef.org/cuba/informes/encuesta-de-indicadores-multiples-porconglomerados-cuba-mics-2019

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