Es de noche, en un barrio habanero todo silencio y quietud. Encima de la mesa, entre tanto desorden, resalta un libro: Feminismo. Es de Mariblanca Sabas Alomá, considerada en su tiempo como campeona del feminismo en Cuba. ¿Por qué esta obra no llegó a mis manos hace diez años? ¿Por qué el reflejo mediático de temas históricos tal pareciera una sucesión de héroes y hombres grandes que, casualmente, tuvieron cerca una esposa, una amiga, una hermana y casi nunca son ellas las que son contadas como seres humanos completos? Patriarcado, se llama. Se trata de ese sistema opresivo que jerarquiza a los seres humanos, coloca al hombre en el centro y a las mujeres las deja en una posición subordinada, vuelve invisibles sus obras y vidas, sus aportes en áreas muy diversas: las ciencias sociales, exactas, la agricultura, el arte, el pensamiento. Ya en el Primer Congreso Nacional de Mujeres, realizado entre el primero al siete de abril de 1923, se planteaba la necesidad de analizar y reivindicar la obra de las cubanas en el arte, la universidad, el magisterio, la historia, la ciencia, el periodismo, la enfermería, las luchas por la independencia…1.

¿Cómo narrar la historia de forma tal que resulte interesante y represente a las cubanas en toda su diversidad (a las obreras, las intelectuales, las mujeres negras, trans las lesbianas, bisxeuales)? Que las muestre, no como una excepción o la acompañante de su par masculino, sino como parte de un contexto histórico-social, como resultado de un proceso que las incluye y trasciende a la vez. Según la periodista argentina Leila Guerriero, quizás en el periodismo narrativo se pudieran encontrar algunas respuestas.

“El periodismo narrativo es muchas cosas, pero es, ante todo, una mirada –ver, en lo que todos miran, algo que no todos ven– y una certeza: la certeza de creer que no da igual contar la historia de cualquier manera. (…) Y no porque le guste más decirlo así, y mucho menos porque decirlo así sea menos trabajoso, sino porque sospecha que sólo si una prosa intenta tener vida, tener nervio y sangre, un entusiasmo, quien lea o escuche podrá sentir la vida, el nervio y la sangre: el entusiasmo”2.

Ahí estaría una primera pista. Entrenar la mirada para observar más allá de lo evidente. Y resultaría un buen punto de arrancada para querer contar la historia desde los medios y a las mujeres en ella. Se trata de partir de mirar un hecho histórico o un proceso social de un modo diferente al que fue narrado antes. Es querer derrumbar en ese proceso los silencios y los estereotipos de género arraigados al relato histórico. Es ver a las mujeres que nadie ve, o que son contadas de forma más bien reducida, y profundizar en su participación política, en su fuerza, en los porqués que le llevaron a ser mambisa, a luchar por el sufragio, a la Sierra Maestra o a la clandestinidad.

De esa intención de querer construir una narración desprejuiciada viene otra parte del proceso todavía más compleja. Narrar la historia con lentes violetas, y contarla bien, con técnicas narrativas, con soltura y encanto, va a ser un empeño frustrado si no está sustentado en una investigación rigurosa; en la revisión de libros, documentos, periódicos de la época, testimonios, cartas, con la esperanza de encontrar un dato, una idea, de ir construyendo un perfil mental antes de llevarlo a la escritura.

Pretender narrar a una persona o a un suceso histórico debería llevar, además, entrevistas: a investigadores, compañeros y compañeras de lucha, amistades, familia y una lista larguísima, que se extiende más entre mayor seriedad se le quiera dar a la investigación.

De este contraste, de este ir y venir entre preguntas que dan pie a más dudas, a más necesidades de saber de estas mujeres, de sus conflictos, luchas y anhelos, se pasa a la cuestión quizás más difícil: la selección y escritura de un relato apasionante que deben incorporar técnicas narrativas y toda la libertad creativa en la construcción de descripciones, diálogos, escenas; con un clima y tono apropiado y que, por sobre todas las cosas, consiga emocionar. Al declarar que existe toda la libertad creativa, vale aclarar que solo se encuentra vedada una: el uso de la ficción.

Narrar a las mujeres del pasado implica reconocer que no necesitan ser tampoco construidas como heroínas de actuar perfecto y que justo ahí radica parte de su humanidad, lo que las vuelve cercanas a las cubanas de hoy. Narrar las mujeres del ayer requiere, también, saber que no necesariamente debieron ser importantes o relevantes en su sociedad, esa que además les negó tanto; reivindicar a las que no tiene un nombre ni una cátedra o una pequeña mención informativa en las efemérides pudiera ser la oportunidad para hablar de los problemas de las cubanas en otros tiempos y conectarlos, a pesar de las grandes distancias, con los retos del presente.

Se requiere, además, la suficiente humildad para saber que esta investigación estará siempre lista para ser profundizada, para encontrar una información más con la cual dialogar y que, incluso, revierta premisas anteriores. Se necesita, además, la fuerza y el entusiasmo para intentarlo.

1 Revista de la Asociación Femenina de Camagüey (1923). Primer Congreso Nacional de Mujeres. Tomado de:https://www.elcamaguey.org/revista-asociacion-femenina-congreso-nacional-mujeres

2 Guerriero, L. (2022) Zona de Obras. Editorial Capiro: Santa Clara. ID: 9789592654334

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