La violencia de género se prolonga en las TICs

[18-10-2015]

Llegaron para quedarse, entrometiéndose en nuestras vidas, cambiando la manera en que nos relacionamos, multiplicando nuestras identidades hasta crear realidades alternas al día a día, sustituyendo el abrazo por un círculo sonriente con ademán semihumano; el gesto de apoyo por un click que comparte un enlace que pocas veces leemos por completo; la intimidad de un abrazo por la desmesura de una foto viral.

Facebook, Twitter, Instagram, You Tube, entre otras redes sociales de internet, han incorporado a las relaciones humanas nuevos escenarios que reproducen, en lo virtual, cierta ilusión de realidad en la cual ya no somos solamente las personas marcadas por el cuerpo físico, sino también lo que construimos en nuestras ciberidentidades.

No es de extrañar que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) comiencen a reflejar conflictos presentes en el mundo real, pues sobre ellas vertimos nuestras propias subjetividades. La violencia de género, la más terrible manifestación del sistema patriarcal, ha comenzado a manifestarse de manera particular en estos nuevos medios. Puesto que la intimidad ha corrido sus límites y las personas suelen exponer sin impudicia sus fotos, videos y datos personales en perfiles de redes sociales, los maltratadores aprovechan estas plataformas como estrategia de coacción.

Las redes sociales, la mensajería instantánea por celulares y correo electrónico, la ubicación satelital de los GPS, entre otras características del actual escenario de comunicación humana, devienen mecanismos efectivos de control, intimidación y acoso. Por lo general, las principales víctimas de este tipo de agresividad terminan siendo mujeres, menores de edad u hombres gay, que sufren maltrato psicológico y simbólico, apoyado en el uso malintencionado de información íntima publicada en internet. Es importante aclarar que no se trata de una agresividad del todo diferente, ni sus consecuencias son menos nocivas porque se ejerza desde la distancia de dispositivos electrónicos y no con el puñetazo físico. El origen de la violencia de género que se ejerce desde las TICs sigue siendo la desigualdad de poder que supone la construcción social, histórica y cultural de lo femenino y lo masculino. Las nociones estereotipadas del género mantenidas en el tiempo son las que motivan, por ejemplo, que un video donde una mujer sale desnuda teniendo sexo siga siendo motivo de escarnio público y acoso; que una adolescente reciba comentarios groseros de hombres desconocidos; que el novio se sienta en disposición de exigir a la novia una foto instantánea del lugar donde se encuentra o cuestione su interacción en redes sociales, revise su lista de amistades y mensajería.

La jerarquía de lo simbólicamente atribuido al “hombre” implica un acto de sujeción que en los contextos comunicativos contemporáneos se ve exacerbado cuando, por ejemplo, un mensaje de odio de una chica adolescente hacia otra se vuelve viral y la afrentada percibe que millones de personas en el mundo la rechazan y se burlan de ella. Las secuelas no resultan para nada ingenuas, pues en muchos casos la humillación y el insulto subsiguientes a la publicación de una zona sensible de la vida privada pueden  provocar daños psicológicos irreversibles y ha sido causante del suicidio de miles de jóvenes en los
últimos años.

En “La Hoguera de las tentaciones” (2014), el escritor cubano residente en México Mario Nieves Cruz analiza y describe más de una decena de casos en que adolescentes y jóvenes han llegado al suicidio luego de verse acosados, humillados y amenazados a través de las redes sociales. En todos se trata de mujeres u hombres que no se avienen al concepto tradicional de la masculinidad, lo que vuelve a estas poblaciones un grupo vulnerable de recibir ciberviolencia.

Para este escritor, internet ofrece las herramientas para difundir las mejores causas, pero también presta al anonimato imprescindible para reproducir la maldad y el morbo. “Es este fenómeno de las redes sociales de los más inciertos de la historia humana, por toda la conmoción social que están produciendo, y por toda la velocidad que están imprimiendo al desarrollo de los acontecimientos sociales”, expresó Nieves  recientemente en la presentación de su obra durante la Feria del Libro de Monterrey, México, en octubre de 2015.

Términos como ciberacoso1, pornovenganza2, sexting3, ciberbullying4, grooming5, entre otros, han
servido para caracterizar procesos de agresividad machista que se generan en la web, pero al tratarse de una realidad comunicativa cambiante, constantemente aparecen nuevos mecanismos a partir de la  creatividad de los agresores y los recursos tecnológicos a su alcance.

Existen casos en que se suplantan identidades y se roban contraseñas para difundir contenidos perjudiciales para la víctima, aprovechando el anonimato que permite internet y la posibilidad de rastreo instantáneo en caso de que el usuario/a muestre su ubicación o detalle la vida cotidiana en sus perfiles de Facebook, Twitter u otros.

Los resultados de este tipo de maltrato inciden, sobre todo, en lo psicológico, pues implican depresión, miedo, desmoralización, aislamiento social y una peligrosa exclusión digital que impide a las mujeres  acosadas disfrutar de internet con autonomía.

En Cuba, por la débil conectividad del país, pudiera pensarse que estos fenómenos son aún ajenos. No obstante, varias especialistas en género y violencia vienen llamando la atención sobre el tema.

Aunque menos de 20 por ciento de la población accede regularmente a internet, una gran parte cuenta con  celulares. En este contexto, los teléfonos móviles funcionan como un fuerte mecanismo de control sobre las  mujeres por parte de sus parejas, especialmente si son ellos los que financian el crédito de las
llamadas. Con ese solo medio es posible mantener un control absoluto sobre dónde se encuentra la mujer y  con quién.

Por otra parte, Facebook es la red social más utilizada por los jóvenes en Cuba y en ella siguen repitiéndose estereotipos sexistas en la creación de los perfiles y la interacción de mujeres y hombres con sus amistades.

Desde hace años, a través de memorias flash, se han masificado por el país videos íntimos de mujeres  jóvenes grabados por sus parejas, quienes luego terminan difundiéndolos sin su consentimiento, una acción que clasifica dentro de la pornovenganza.

Otra tendencia reciente es la confección por adolescentes de videos no profesionales, al estilo de aquellos publicados en canales de youtubers, para burlarse de alguien, casi siempre una muchacha que no encaja en el canon de belleza tradicional. Los audiovisuales terminan pasando de una a otra memoria flash, por la aplicación Zaphia para teléfonos Android o distribuidos entre los videos graciosos del paquete semanal6,  hasta que son vistos por una amplia mayoría de la población.

Uno de los más recientes ejemplos circulados de ese modo parafrasea una popular canción de reguetón para decirle “gorda” a una joven estudiante del preuniversitario Saúl Delgado, en el Vedado habanero. El clip es interpretado por dos muchachos de la escuela y muestra a la adolescente filmada con un celular y a varios estudiantes vestidos de uniforme mofándose del cuerpo y el peso de la adolescente. Según compañeros de la joven consultados para este texto, ella pasó varios días sin asistir a clases luego de que saliera el video y sus padres valoraron cambiarla de escuela tras el suceso.

Si bien es cierto que el fenómeno de la violencia cibernética está aún en ciernes para Cuba por el atraso tecnológico del país, debe mantenerse la alerta constante sobre el uso de información personal en estos
nuevos medios, y brindarles estrategias a jóvenes y adolescentes para su autoprotección. La pormenorización en Facebook y otras redes sociales de las relaciones de pareja y familiares no es
necesariamente perjudicial, pero debe asumirse de manera consciente.

Hace cuatro años, la psicóloga española Ianire Estébanez explicaba en un artículo sobre las tendencias de la agresividad machista en la red que “si una tecnología permite conocer en todo momento dónde está, qué está haciendo y con quién está hablando la pareja puede traer celos, desencuentros y agresiones”7.

Algunas iniciativas ciudadanas vienen enfrentando este tipo de violencia de género en el mundo, especialmente para denunciarla y orientar a las víctimas sobre cómo protegerse. Una de las estrategias fundamentales está en conocer los recursos de las TICs, a lo que contribuyen proyectos como Dominemos la tecnología, una campaña internacional de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (ACP), que busca incrementar el acceso de las mujeres a la información y los servicios necesarios para proteger y promover sus derechos.

Este mismo año, la Consejería de la Igualdad de España presentó al gobierno un protocolo institucional para actuar ante la violencia de género en las redes sociales, para guiar a psicólogos, juristas, trabajadores sociales y técnicos que deben ayudar y proteger a las víctimas ante estos casos. Las capturas de pantallas, la desactivación de geolocalizadores para evitar ser perseguidas y la terminología concreta utilizada para acosar mediante las redes figuran entre las herramientas descritas en el protocolo que los especialistas deberían dominar.

La Declaración final de la 57ª Sesión de la Comisión sobre la Condición de la Mujer de las Naciones Unidas (CSW), realizada en marzo del 2013 en Nueva York, también mencionó el tema e instó a los Estados firmantes a “apoyar el desarrollo y la utilización de la tecnología de la información y las comunicaciones y de las redes sociales como recurso para el empoderamiento de las mujeres y las niñas, incluido el acceso a la información sobre la prevención de la violencia contra ellas y la respuesta a esa violencia”.

El asunto no radica en temerle a las TICs o alejar a las mujeres de una de las herramientas de desarrollo
más poderosas de la sociedad contemporánea. Por el contrario, debemos reconocer sus riesgos como
desafío, y formar personas capaces de reaccionar ante el maltrato machista presente en todos los
escenarios de la vida social contemporánea

 

Notas:

1 Acoso a través de los medios cibernéticos.

2 Acto en que una pareja o expareja publica en internet video o fotos donde una persona está teniendo sexo o aparece desnuda, con la idea de humillarla o desacreditarla. Esta práctica viene siendo muy usual, sobre todo con mujeres de gran incidencia en los medios de comunicación o vinculadas al arte y la política.

3 Envío de mensajes de texto vía SMS, MMS o similares, de imágenes tomadas por el agresor o grabadas
por la protagonista, de carácter sexual, desde dispositivos móviles de comunicaciones, con el fin de dañar el honor e imagen de la mujer, y que pueden ser incluso utilizadas para promover el chantaje a la víctima, denominándose entonces sextorsión, con el fin de ejercer control y dominio bajo amenaza.

4 Uso de los medios telemáticos (Internet, telefonía móvil y videojuegos online, principalmente) para ejercer
el acoso psicológico entre iguales. No se trata aquí del acoso o abuso de índole estrictamente sexual ni los casos en los que personas adultas intervienen.

5 Acciones deliberadas con carácter de engaño por parte de un adulto, de cara a establecer lazos de amistad/relación y confianza con un niño o niña en Internet, con el objetivo de obtener una satisfacción  sexual, particularmente, mediante imágenes eróticas o pornográficas del menor.

6 Recopilación de 1 TB de videos, películas, series, sitios webs, novelas, etc. que se distribuye de manera
ilegal en Cuba todas las semanas a unos 50 pesos (2 dólares aproximadamente).

7 Ianire Estébanez. 2012. “Del amor al control a golpe de click! La violencia de género en las redes sociales”. Disponible en: http://minoviomecontrola.com/ianire-estebanez/Ponencia.Del-amor-al-control-a-golpe-de-click.-Laviolencia-de-genero-en-las-redes-sociales.Ianire-Estebanez.pdf

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Helen Hernández Hormilla

hormilla@gmail.com

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