Justicia en clave de género, urgen aprendizajes integrales

[23-10-2018]
Foto tomada de trabajadores.cu Foto tomada de trabajadores.cu

Desmontar estereotipos culturales sobre cómo ser hombre o mujer en Cuba también es imprescindible para una mejor administración de justicia, coinciden especialistas. Aun cuando la capacitación en temas de género del sector jurídico comienza a dar resultados, es un camino en el que queda mucho por avanzar, confirmó a SEMlac Yamila González Ferrer, vicepresidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba (UNJC) y coordinadora de su proyecto "Justicia en clave de género: Garantía de igualdad entre mujeres y hombres".
Para esta experta, el reto principal está en lo cultural. "En esos mitos y creencias muy patriarcales que están asentados en la subjetividad de las personas, en general, y de quienes operan la justicia, en particular", detalló.
"Nos hemos formado en una sociedad que sigue siendo machista, por muchos principios de igualdad y de avanzada que defienda. Por lo tanto, esos estereotipos están ahí, se han naturalizado y se transmiten al ejercicio del Derecho".


Para la también profesora de la Universidad de La Habana, el peligro mayor radica en que el sector jurídico tiene en sus manos la administración de justicia y les toca tomar decisiones que inciden en la vida de las personas, lo cual implica una "enorme responsabilidad".
A fines de 2016, una inédita sentencia del Tribunal Supremo, en un caso de reconocimiento judicial del matrimonio, evidenció que la sensibilización y la capacitación en temas de género pueden representar un punto de giro en la administración de justicia.
Este tipo de proceso ocurre cuando dos personas que han estado unidas, pero no casadas, se separan o una de ellas muere, y se necesita probar legalmente que existió una unión, generalmente con objetivos patrimoniales, o sea, para poder establecer los derechos de las partes de la pareja a bienes y propiedades.
En la sentencia de 2016, el reclamo de reconocimiento fue presentado por un hombre contra una mujer y en todas las instancias jurídicas previas al Tribunal Supremo esa unión fue reconocida. Pero la mujer siguió apelando, con el argumento de que había sido víctima de violencia.
"En ese caso, se cumplían todos los requisitos formales para el reconocimiento de la unión: aptitud legal, capacidad física, mental, voluntad de estar juntos en su momento, entre otros. O sea, no existían impedimentos para que en el momento de la unión esa pareja hubiera podido casarse legalmente", explicó González Ferrer.
El Tribunal Supremo, sin embargo, no otorgó el reconocimiento y lo hizo apelando a argumentos inusuales en la práctica judicial cubana, según criterios especializados.
La jueza valoró, más allá de lo ético, los deberes y derechos conyugales, basada en el artículo 25 del actual Código de Familia, el cual establece que "los cónyuges deben vivir juntos, guardarse la lealtad, la consideración y el respeto debidos y ayudarse mutuamente".
"Esa jurista interpretó que, cuando se habla de respeto y consideración, no puede existir maltrato y que si se reconocía la unión, se estaba validando la violencia y actuando en contra de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), una convención internacional que Cuba firmó y ratificó", detalló González Ferrer.
Entre los argumentos de la sentencia, el Tribunal explica que durante el tiempo que duró la unión de la pareja se confirmó la existencia de agresiones en el orden verbal e incluso físico, faltas de respeto y humillaciones, circunstancias que "trascienden negativamente" para su reconocimiento legal.
Igualmente, la jueza no cuestiona si fue o no esa violencia una de las razones por las que la pareja se separó y argumenta que el matrimonio "sobrepasa el interés individual e incluso el de la pareja, por trascender a la sociedad".
"En su sentencia, la jueza demostró saber de género y conocer muy bien el ciclo de la violencia. Por eso no le importaron las causas de la ruptura y también por eso indicó que se trata de un problema social, no privado ni doméstico", argumentó a SEMlac González Ferrer.
"Ahí hubo una interpretación evolutiva y dinámica del Código de Familia, que data de 1975 y no menciona la violencia", concluyó.

Capacitar desde miradas múltiples
"Usar el enfoque de género es un imperativo científico para todas las ciencias sociales", afirmaba hace más de una década la doctora Marta Núñez Sarmiento en su investigación Los estudios de género en Cuba y sus aproximaciones metodológicas, multidisciplinarias y transculturales.
Aunque su estudio no estuvo directamente dirigido al Derecho, las conclusiones, después de entrevistar a profesionales de diferentes perfiles humanísticos, se aplican perfectamente al quehacer cotidiano de los operadores de la ley.
"Lo científico del enfoque de género significa también respetar la existencia de lo diferente, lo diverso en la sociedad, la necesidad de tomar en cuenta al otro y de promover la comparación constante para encontrar las esencias", explica Nuñez Sarmiento en su texto.
Para la jurista Yaíma Águila Gutiérrez y el psiquiatra Vicente Enrique Hernández Reyes es vital la formación con enfoque de género de quienes se dedican a la prevención de la violencia de género.
"Para lograr esta tarea es necesario hacerlo desde la interdisciplinariedad de varias ciencias humanísticas", suscriben en su artículo "La interdisciplinariedad de la enseñanza - aprendizaje en la prevención de la violencia de género", publicado en 2016 en la Revista Atenas, de la Facultad de Educación de la Universidad de Matanzas.
En su opinión, la violencia de género se relaciona indisolublemente con cuestiones de sexualidad, relaciones sociales y otras que imponen el dominio de términos y conceptos muy específicos, cuyo conocimiento impreciso puede provocar "una comprensión incompleta o errada" del fenómeno.
González Ferrer, por su parte, también defiende la necesidad de "avanzar hacia la multidisciplinariedad en el ejercicio del Derecho".
"Los juristas solos no vamos a resolver este problema. Tenemos que construir alianzas y apropiarnos de conceptos de la Psicología, de la Sociología, de la Demografía o de la Comunicación", detalló.
"Por eso siempre digo que tener leyes perfectas no va a resolver el problema. Si no trabajamos en la sensibilización de los profesionales del Derecho, el día que las tengamos se van a seguir interpretando y aplicando sin una perspectiva de género o desde estereotipos sexistas", reflexionó González Ferrer.
La legislación específica sobre violencia de género y la actualización de leyes como el Código de Familia son demandas que se van abriendo paso en el sector jurídico cubano.
Sin embargo, casi en la misma medida existe consenso en que la preparación de quienes operan el Derecho es tan o más importante que la formulación de nuevas leyes.
La vicepresidenta de la UNJC apunta que la capacitación tiene que ir en dos vías: en la superación profesional de los juristas, pero también en la promoción de una cultura jurídica en la población "para que las personas comprendan sus derechos y puedan reclamarlos y ejercerlos".

RECUADRO
Justicia en clave de género
Desde 2011, el proyecto "Justicia en clave de género: Garantía de igualdad entre mujeres y hombres" desarrolla cursos sobre género, derechos, sexualidad, masculinidades y prevención de la violencia en prácticamente todos los territorios del país.
Se estima que más de 2.000 profesionales de los cerca que 16.000 que integran la UNJC han recibido algún tipo de capacitación en estos temas.
En paralelo, desde 2015, la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana incorporó la teoría de género en su estrategia educativa, lo que obliga a insertar esa perspectiva de manera transversal en los currículos docentes. Como materias específicas, se incluyen solo como asignaturas optativas.
Capacitar, sensibilizar, es lo más importante, reafirma González Ferrer. "Las normas jurídicas tienen que perfeccionarse y actualizarse, pero incorporar esa mirada de género es vital porque nos permite, aún con las que tenemos, impartir justicia de la mejor manera, con la visión más amplia e integradora posible".

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De la redacción

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