Cada 30 segundos una mujer es violentada en Twitter, según un estudio de Amnistía Internacional de 2018. En Wikipedia, de cada diez contenidos, nueve son hechos por hombres. Y cuando escribimos en Google una búsqueda que arranque con “la mujer debe”, la búsqueda automática sugiere que: “debe ser valorada”, “sumisa”, “vestir como mujer”, “agradar a su esposo” y un largo etcétera. La lista es extensa cuando se habla de tecnología y brechas de género que generan violencias y arranca desde las primeras edades con el consumo diferenciado de videojuegos o audiovisuales. Es curioso que una herramienta que se supone deba contribuir a crear espacios de libertad e innovación, sea al mismo tiempo reflejo de los estereotipos y arraigos patriarcales que existen en nuestras sociedades.
Para reflexionar sobre el te

En su primer Informe Nacional sobre la implementación de la Agenda 2030, Cuba reconoció por primera vez la incidencia en 2016 de 0,99 femicidios por 100.000 adolescentes y mujeres cubanas de 15 y más años. El documento también afirma que el número de muertes ocasionadas por su pareja o ex pareja han disminuido entre 2013 y 2016 en 33 por ciento.
Mientras, la Encuesta Nacional de Igualdad de Género, aplicada en 2016 en todas las regiones del país, arrojó que en los 12 meses previos a la indagación, 26,7 por ciento de las mujeres sufrieron violencia en el seno de la pareja y 39,6 por ciento en algún momento de su vida. Estos y otros datos parecen abrir un camino para estadísticas de este tipo en el país.
Para dialogar sobre este tema y sus posibles impactos y desafíos en los estudios y la prevención de la violencia de género, No a la Violencia invitó a tres profesionales de diferentes perfiles y áreas del conocimiento. Esta vez responden a nuestras interrogantes la investigadora María del Carmen Franco Suárez, subdirectora del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE), de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI); la Doctora en Ciencias Clotilde Proveyer Cervantes, socióloga y profesora de la Universidad de La Habana, y la periodista Mayra García Cardentey, directora de la revista Alma Mater y activista por la No Violencia de Género.

¿Cómo se manifiestan actualmente en Cuba la discriminación, rechazo y violencia hacia las personas con diversas orientaciones sexuales e identidades de género? ¿Qué desafíos son más evidentes? ¿Cuáles caminos seguir para romper con esas manifestaciones de maltrato, insertadas en las herencias patriarcales? No a la Violencia invitó a reflexionar sobre estas interrogantes a tres especialistas de perfiles diversos, que también mantienen espacios de activismo por el respeto a la diversidad: Teresa de Jesús Fernández, filóloga, coordinadora nacional de las Redes de Mujeres Lesbianas y Bisexuales; Gustavo Valdés, biólogo, antropólogo y jefe del departamento de trabajo comunitario del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y Claudia Braña, comunicadora social de la televisión artemiseña, cuya investigación de licenciatura incluyó análisis cualitativos a estudios sobre violencia y diversidad.

El acoso es una de las maneras en que más frecuentemente se manifiesta la violencia de género. Y una de las más naturalizadas. Sufrido en su mayoría por mujeres en espacios públicos, justo esa naturalización se incluye entre los principales desafíos para su prevención y eliminación. En la legitimación de este tipo de prácticas, sostenidas sobre estereotipos patriarcales, la comunicación ha jugado -y juega- un papel fundamental.

Al cierre de la semana internacional contra el acoso callejero, No a la Violencia invita a cuatro periodistas involucrados con el activismo de género a dialogar sobre el acercamiento a este tipo de violencia desde los medios de prensa y la comunicación pública. Esta vez responden a nuestras interrogantes Carolina García Salas, investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Jesús Muñoz Machín, integrante de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM), Mónica Lezcano Lavandera, de Juventud rebelde y parte del proyecto Escaramujo, y Zulema Samuel del Sol, activista del proyecto MÁS, de la Facultad de Comunicación.

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