Cuando la pandemia de la Covid-19 comenzó a expandirse por el mundo, en enero de 2020, hubo un proceso sincrónico: el estrepitoso aumento de la violencia hacia mujeres y menores en los espacios domésticos.

Entre las deudas históricas que deben saldar y replantear los nudos feministas en Cuba[i], están las que se corresponden con las violencias simbólicas. La construcción histórica de la imagen femenina está hilvana por varios hitos y la belleza se lleva el gran premio. Como trofeo, se alza el cabello: preferiblemente caucásico, lacio, largo. Esos son los cánones que han determinado, por décadas, el discurso de la feminidad, la belleza y la sexualidad, entre otros atributos.

La salud de los hombres como un problema que merece observación específica ha comenzado a atraer cada vez más la atención desde la mirada de diferentes ciencias, entre ellas, las de la salud, la sociología y la psicología. Esta atención se ve respaldada también por tendencias epidemiológicas diferenciadas entre hombres y mujeres, en particular con respecto a la mortalidad prematura de los hombres por enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) y la morbilidad relacionada con malos comportamientos de búsqueda de salud y/o estilos de vida no saludables. Entre estos últimos se encuentran el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas y el empleo de creatina o aminoácidos, antes y después de la realización de ejercicios físicos. Pero también se incluyen los comportamientos violentos como vía para la resolución de conflictos, que incluyen desde lesiones menores hasta, en su máxima expresión, homicidio y asesinato; junto a prácticas de actos arriesgados desde edades tempranas de la vida, además de sintomatologías asociadas a la salud mental, como el estrés, la depresión y el suicidio.

La noción de violencia simbólica juega un rol teórico central en el análisis de la dominación en general, hecha por Pierre Bourdieu, quien la considera indispensable para explicar los fenómenos vinculados al control y en particular al control patriarcal. Por consiguiente, se hace necesario comenzar el análisis en torno al tema reflexionando sobre la relación que existe entre violencia estructural y simbólica con la legitimidad y reproducción del control patriarcal y sus expresiones en las tipologías de la violencia.

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