Adolescencias, sexualidades y violencias. Una mirada articulada

Dra. C. Natividad Guerrero Borrego. Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex). Especial para SEMlac Cuba [21-06-2019]
Foto tomada de vanguardia.cu Foto tomada de vanguardia.cu

La adolescencia tiene sus regularidades desde todas las aristas del desarrollo humano. Es un período durante el cual ocurren cambios significativos desde lo biológico, psicológico y social, solo comparables con el primer año de vida de las personas.

Una de las esferas donde más transformaciones ocurren es, justamente, la sexualidad, un proceso de cambios que prepara a la persona para la juventud y la vida adulta. Durante esa etapa se llama la atención sobre cuestiones relacionadas con el género y el erotismo, las que con frecuencia se invisibilizan en los diversos intercambios educativos en que partician públicos adolescentes.

Las sexualidades son experiencias irrepetibles de una persona a otra, e incluso pueden tener variaciones en diferentes experiencias vividas por una misma persona y, aunque se puedan identificar regularidades, estas se expresan de manera singular.

En la adolescencia se vivencian constantes modificaciones en los cuerpos y la psiquis, por lo que resulta necesario acompañar a muchachas y muchachos en el proceso de comprensión de esas transformaciones, para que adquieran seguridad en esa etapa que dura casi una década: entre las edades de 10 y 19 años. Hasta hace poco resultaba suficiente referirse a la diversidad sexual como categoría que comprende la orientación sexual, e identidad sexual y de género no heteronormativas. Hoy los aprendizajes incorporados en los permanentes espacios de capacitación y reflexión vividos en el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) permiten asumir la categoría sexualidades no heteronormativas para referirse a las muchas expresiones que están fuera de la heteronorma, entre ellas la homosexualidad y la bisexualidad, en relación con la orientación sexual; y la existencia de personas transexuales, transgénero, trasvesti, queer, entre otras clasificaciones, cuando se piensa en cuestiones de identidad.

Esta reflexión busca llamar la atención sobre la necesidad de ser más inclusivos y no quedar dispersos entre las muchas etiquetas que nominan las expresiones en que se vive la sexualidad. La comprensión del comportamiento humano y el valor del respeto, la dignidad y la justicia social, entendidas todas como valores universales, son imprescindibles para las buenas relaciones humanas y la convivencia en sociedad.

En la adolescencia, las personas viven un proceso de conformación de su identidad y, por tanto, necesitan responderse la pregunta:¿quién soy? Hay quienes no entran en conflicto con la respuesta hallada, pero en otros casos comienzan a descubrir que la respuesta que encuentran no se ajusta a lo que la sociedad espera de ellos, no logran responderse, o les cuesta aceptar lo que descubren. No siempre visualizan a un familiar, amigo o profesional en quien confiar o a quién preguntar sobre un asunto que signa su paso por la adolescencia; momento que, por demás, es muy relevante en el proceso de crecimiento y desarrollo.

Aquí puede comenzar un conflicto para quienes no encuentran apoyo y consideran que algo no va bien con su persona, que algo anda mal y les confunde. A menudo tampoco encuentran apoyo en otros espacios institucionales en los que deberían hallar una explicación esclarecedora sobre sus sospechas o realidad personal relacionada con su identidad de género.

En esta etapa, en medio de la incertidumbre, adolescentes de ambos sexos pueden recibir agresiones e, incluso,ser objeto de violencias diversas; se alejan del grupo para que los demás no se den cuenta de lo que les sucede, sufren en solitario y, cuando no pueden ocultarlo, no les queda otra salida que afrontar la avalancha incontenible de malas acciones, improperios, acoso; que a veces se inician desde la infancia. Algunas personas sin respeto, ni solidaridad humana, se toman el derecho de enjuiciar a otras, sin reparo alguno, llegando a humillarlas y violentarlas.

Los testimonios de las personas con sexualidades no heteronormativas, en su mayoría, dan cuenta de que se sintieron incomprendidas, burladas, acosadas desde muy temprano, incluso rechazadas por su propia familia. Esto significa que fueron maltratadas por la resultante de un proceso singular, que es la construcción de la identidad de género, de la cual la ciencia no ha resuelto la incógnita de su génesis y ello hace más vulnerable la posibilidad de poner fin a la realidad de estas personas en relación con prácticas cotidianas que los juzgan como si hubieran escogido sentir de una manera distinta a lo que la sociedad espera, o hubieran elegido una orientación sexual homo o bisexual.

En la adolescencia resulta difícil el proceso de crecer. Este necesita del acompañamiento adulto para encontrar apoyo, seguridad, respuesta a las inquietudes. Necesitan visualizar modelos a seguir, referentes en los modos de ser y actuar sin sentir vergüenza de quienes son realmente. Entonces, si se vislumbran expresiones de la sexualidad no heteronormativa desde esta etapa, probablemente surjan conflictos en la comprensión de lo que les está pasando. A la altura del siglo XXI esta situación implica sospechar o hallar una respuesta que les colocará en dificultades sociales.

Justo por estar en el siglo XXI no se justifica tanta resistencia, apatía e irrespeto hacia cualquier persona que viva esta situación, pues lejos de avanzar en la llamada “civilización” seguimos desnaturalizando algo que ha sido siempre una de las realidades de la humanidad. Increíble resulta que existan familias que resuelvan dar la espalda a descendientes o parientes que se sienten sexualmente diferentes.

Es importante llamar la atención sobre este asunto,desde la adolescencia, porque al tener una vida por delante, aún se está a tiempo de rectificar, de tratar de entender, de buscar información y no repetir los estigmas y creencias que provocan sufrimiento a quienes van creciendo. Estas muchachs y muchachos podrían crecer mejor si su condición diversa no les provocara malestares por la exclusión no justificada, por ignorancia, o por irrespeto.

Por supuesto, desde el nacimiento somos sujetos de derechos, pero esta frase no es comprendida por muchos adultos, quienes tratan, incluso a sus hijos e hijas, como si fueran de su propiedad. A veces hasta se preguntan en qué se equivocaron, cuando perciben que son diferentes en relación con lo sexualmente normado. La familia no debe evadir su rol de acompañamiento en el proceso de crecimiento; por tanto, cualquiera que sea la orientación sexual o identidad de su hijas o hijos es preciso que avancen de conjunto para que pueda ayudarles a ser mejores personas, para que sientan el apoyo filial, no les abrume la soledad y el desprecio e incomprensión de las personas más cercanas. El ser humano es por naturaleza social y la soledad a veces perturba; se pueden tomar senderos equivocados o peligrosos, sobre todo en esa etapa de la vida.

En los testimonios de personas que han sufrido por su sexualidad no heteronormativa se percibe la necesidad “de formar parte de…”, de ser aceptadas y participar de la vida social, contribuyendo como los demás, sin ser señaladas violentamente por ser diferentes.

Existen personas que por sus características también son minorías, muchas también son discriminadas, o invisibilizadas e incluso, en otras épocas, hasta exterminadas por considerarlas monstruos, anómalos, pervertidos; pero a la altura del siglo XXI ya deben haberse superado muchas de esas barbaries. Hoy quedan minorías que sufren exclusión por discriminación, algunas como hemos comentado relacionadas con la sexualidad, otras asociadas al color de la piel, tema que también atraviesa a la adolescencia, al ser una etapa en que la imagen es muy importante. Igulmente se discrimina por la zona de residencia, o por lo que tienes, pues “el tener” ya hace tiempo ha comenzado a determinar cuánto vales.

En esencia,urge llamar la atención sobre la necesidad de comprender que en la adolescencia son diversos los procesos que se viven y si bien unos provocan satisfacción, alegría y bienestar; otros pueden ocasionar malestares, como es el caso de la construcción de la identidad. Es preciso entender la complejidad por la que transcurre el crecimiento personal para contribuir a que resulte saludable, lo cual dependerá de la preparación de quienes lo están sintiendo, estar informados, conocer sobre qué les está ocurriendo y cómo asumirse finalmente al responderse “quién soy”, “por quiénes me siento atraído o atraida” y “con qué género me identifico”.

A las familias, amistades, compañeros o compañeras, instituciones, medios de comunicación -que en definitiva están conformados por personas con mayor o menor comprensión del tema-, les corresponde evitar violencias y promover espacios inclusivos donde todas las personas, sin excepción, puedan contribuir al desarrollo social de la adolescencia, en el que la sexualidad está implícita incuestionablemente y no limita ningún proceso inherente a la condición social de las personas.

Repensar los procesos de sensibilización, revisar qué recursos se emplean para hacer comprender, para dar a conocer, para divulgar, resulta necesario para transformar estas realidades que tanto dolor provocan a una parte de la población. Urge revisar qué educación integral de la sexualidad se ofrece en busca de mayor debate, reflexión y diálogo sobre los temas que provocan desigualdad e injusticia social.

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