Las brechas legislativas en materia de violencia de género y salud sexual y reproductiva en Cuba hacen que juristas y especialistas se inclinen por un ejercicio más proactivo para defender los derechos de niñas, niños, adolescentes y mujeres.

Estudios locales y sondeos de opinión en Cuba señalan que la violencia psicológica es la más recurrente entre las expresiones del maltrato sexista hacia las mujeres y las niñas, que viven los impactos de la también conocida violencia sin golpes.

La comunidad es un espacio vivo donde se entretejen las redes y relaciones diversas que marcan la cotidianidad de un país. Tanto especialistas como activistas en la atención y prevención de la violencia de género la consideran un escenario ideal para articular acciones encaminadas a erradicar este doloroso fenómeno social. ¿Pero cuáles son las claves que hacen de la comunidad ese espacio propicio, ideal para la prevención de la violencia? ¿Cómo aprovecharlas? Para reflexionar sobre el tema, No a la Violencia invitó a la máster en Ciencias Zulema Hidalgo Gómez, especialista del Centro “Oscar Arnulfo Romero y a la profesora Yerisleydys Menéndez García, coordinadora del proyecto comunitario Escaramujo, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana.

La planificación familiar, de manera general, se considera como “el conjunto de acciones, que una persona lleva a cabo para determinar el tamaño y la estructura de su familia, el conjunto de decisiones que toma y las prácticas que realiza en torno a su reproducción”[1]. Sin embargo, este proceso que, en última instancia, tiene lugar a nivel individual, involucra las múltiples interrelaciones que se producen también en la toma de decisiones a nivel macro social y en el contexto social próximo en que los seres humanos desarrollan su vida cotidiana.

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