El filme Fresa y Chocolate ha sido utilizado de forma recurrente para hablar de un antes y un después respecto a la homofobia en Cuba.
No es menos cierto que el tema, que la película trató con tanta sensibilidad, puso en la mesa de algunas casas una serie de realidades que fueron discutidas por la población, ganándose alguna valoración mejorada respecto a este tema; pero aún falta mucho.
Fueron muchos los días y las colas para enfrentarse a un intercambio poco habitual, pero fructífero. No es posible dejar de reconocer que, de alguna manera, el filme le movió el piso al imaginario social; sin embargo, no sucedió así en relación con la lesbofobia, es decir, el rechazo al tema del lesbianismo. Este sigue siendo menos asimilado... ni fresa, ni chocolate.

Psiquiatra de profesión y dedicada por varios años al estudio de temas de salud desde la perspectiva de género, la doctora Ada C. Alfonso considera que al personal de esa rama le corresponde un papel crucial en el enfrentamiento a la violencia, no sólo desde la atención y asistencia a las personas que la padecen.
A la promoción de estilos de afrontamiento no violentos, deben sumar la promoción de mensajes que ayuden a identificar "todas aquellas manifestaciones de violencia, por sutiles que sean".
Subdirectora, en la actualidad, del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba, Ada integra la Red Latinoamericana de Género y Salud Colectiva, de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES), es consejera de la Red de la Salud de las Mujeres de Latinomérica y el Caribe e integra el Grupo Nacional de Prevención y Atención a la Violencia Intrafamiliar coordinado por la Federación de Mujeres Cubanas.
Norma Vasallo Barrueta, presidenta de la Cátedra de la Mujer y profesora de la facultad de Psicología de la Universidad de la Habana, asegura que las investigaciones en torno a la violencia doméstica en Cuba crecen en la misma medida en que el tema se hace más visible como problema social.
Para la experta, también coordinadora de la Maestría en estudios de Género de la alta casa de estudios de la capital cubana, la Cátedra de la Mujer ha puesto su parte en ese empeño.
Con una experiencia de 10 años en los estudios de masculinidad, el historiador cubano Julio César González Pagés está convencido de que, si la humanidad quiere avanzar hacia un mundo sin violencia, hay que ir a las esencias: "más allá de la identificación de formas más frecuentes, víctimas, victimarios".
Confeso feminista y autor de importantes estudios sobre la historia de las mujeres en Cuba, el también presidente de la Comisión Género y Paz de la organización no gubernamental Movimiento Cubano por la Paz, Pagés piensa que la violencia hay que tratarla desde sus raíces y como un proceso social.

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