Articular una ruta crítica, un protocolo común para prevenir y atender la violencia en Cuba, es una demanda en la que coinciden especialistas, activistas, operadores de justicia, de salud y de otros sectores sociales en Cuba. ¿Por qué es tan importante? En busca de elementos desde perspectivas diversas, No a la Violencia consultó a la psicóloga Mareelén Díaz Tenorio, del Centro de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR); a Zulema Hidalgo, coordinadora del Programa de Género y Violencia de esa misma institución, y a Ileana González, también psicóloga y subdirectora del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

Mucho se ha escrito y discutido acerca de la violencia de género. Pareciera que eso contribuye a la claridad sobre su origen, características y manifestaciones; sin embargo, al tratarse de un problema social cuyo origen está determinado por construcciones culturales patriarcales legitimadas históricamente, se invisibiliza y naturaliza perversamente su esencia, lo que dificulta su disección y desmontaje en el tejido social.

La sociedad cubana necesita de políticas públicas que se enfoquen a la prevención y atención integral de la violencia contra las mujeres y las niñas, señalaron profesionales, activistas y especialistas de diversos espacios y disciplinas durante el coloquio "Eres más que obedecer", el pasado 9 de diciembre, en La Habana.

Desde que en Cuba se iniciaron las primeras investigaciones sobre la violencia de género hacia las mujeres y las niñas, en la pasada década del noventa, ha crecido el número de personas, entidades y grupos enfrascados en el estudio de este problema social. Al decir de la doctora en Sociología Clotilde Proveyer Cervantes, precursora de estas investigaciones en el país, “el más importante aporte ha sido visibilizar el problema de la violencia de género como un problema social en Cuba”.

Información adicional