La comunidad es un espacio vivo donde se entretejen las redes y relaciones diversas que marcan la cotidianidad de un país. Tanto especialistas como activistas en la atención y prevención de la violencia de género la consideran un escenario ideal para articular acciones encaminadas a erradicar este doloroso fenómeno social. ¿Pero cuáles son las claves que hacen de la comunidad ese espacio propicio, ideal para la prevención de la violencia? ¿Cómo aprovecharlas? Para reflexionar sobre el tema, No a la Violencia invitó a la máster en Ciencias Zulema Hidalgo Gómez, especialista del Centro “Oscar Arnulfo Romero y a la profesora Yerisleydys Menéndez García, coordinadora del proyecto comunitario Escaramujo, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana.

La planificación familiar, de manera general, se considera como “el conjunto de acciones, que una persona lleva a cabo para determinar el tamaño y la estructura de su familia, el conjunto de decisiones que toma y las prácticas que realiza en torno a su reproducción”[1]. Sin embargo, este proceso que, en última instancia, tiene lugar a nivel individual, involucra las múltiples interrelaciones que se producen también en la toma de decisiones a nivel macro social y en el contexto social próximo en que los seres humanos desarrollan su vida cotidiana.

Ante la ausencia de un sistema de atención nacional articulado, proyectos, servicios e iniciativas puntuales buscan llegar a las mujeres que sufren violencia de género, como punto clave en el abordaje integral de esta problemática social.

La autoridades cubanas reportaron 21 casos de trata de personas juzgados en 2016, de acuerdo con el "Informe de Cuba, Prevención y enfrentamiento a la trata de personas y la protección a las víctimas 2017", publicado a fines del pasado año.

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