Nacemos y nos educamos entre estereotipos. En la primera infancia, predominan aquellos que nos visten de colores supuestamente opuestos por ser niñas o niños; o los que nos ponen juguetes en las manos que quizás no serían los preferidos, si nos dejaran escoger. Luego, llegan los mandatos de “las niñas para la casa” y “los niños para la calle”. Y muchas, muchísimas normas más derivadas de esa construcción cultural que signa cómo deben educarse -y luego comportarse- los hombres y las mujeres, para encajar en los moldes del patriarcado.Leer más