Cuidados ¿deber de quién?

[30-10-2018]
Foto SEMlac Cuba Foto SEMlac Cuba

El proyecto de Constitución que se somete a consulta popular en Cuba, actualmente, refrenda la responsabilidad familiar y estatal en el cuidado de grupos vulnerables. Pero, según especialistas y feministas cubanas, sigue pendiente un enfoque de corresponsabilidad en el texto constitucional.

Para la socióloga Magela Romero Almodóvar, en materia de cuidados la balanza se inclina más hacia las familias. "Existe una delegación del peso de estas funciones en las familias, ello se hace evidente a través del artículo 67", afirma la investigadora y profesora de la Universidad de La Habana.
El citado artículo establece que "El Estado protege a las familias, la maternidad, la paternidad y el matrimonio. El Estado atribuye a las familias, concebidas como células básicas de la sociedad, responsabilidades y funciones esenciales en la educación y formación de las nuevas generaciones y el cuidado y atención de los adultos mayores".
Otros cuatro artículos (70, 72, 73 y 74) hacen hincapié en la responsabilidad familiar, estatal y social en el cuidado y la atención de infantes, adolescentes, jóvenes, adultos mayores y personas con discapacidad. Sin embargo, la atención a la reproducción de la vida, el ámbito doméstico y la interrelación entre los distintos actores sociales que intervienen en el cuidado no son visibles en el texto constitucional.
Georgina Alfonso, directora del Instituto de Filosofía e integrante del colectivo feminista Berta Cáceres, reconoce esta carencia como una limitación generalizada en las sociedades modernas regidas por los enfoques economicistas clásicos.
"Hasta tanto la reproducción de la vida no se visibilice y se entienda su aporte a la economía, no habrá una verdadera corresponsabilidad. El espacio público y la economía tradicional persiguen la eficiencia y las ganancias y, con esa lógica, no funciona el cuidado", comenta Alfonso a SEMlac.
La baja natalidad y el envejecimiento poblacional son dimensiones de la compleja situación demográfica que vive la isla y que ponen los cuidados bajo reflectores.
El estado cubano desarrolla programas específicos, pero investigadoras y feministas alertan sobre la ausencia de un enfoque que ponga en juego las lógicas patriarcales.
Para la profesora Romero Almodóvar, en el actual proyecto "no se rompe con el esquema patriarcal que presenta lo público y lo doméstico totalmente desconectados.
"La manera en la que se está pensando el cuidado no se corresponde con las importantes mutaciones que ha tenido lugar en el mercado de trabajo a nivel nacional, y no toma suficientemente en consideración los costos de mantenerse o insertarse en él para quienes llevan sobre sus hombros la atención a familiares y personas dependientes, sobre todo las mujeres", agrega la socióloga cubana.
Ambas especialistas entrevistadas por SEMlac coinciden en que, en la práctica, son las mujeres quienes realmente están detrás de la expresión "las familias".
"Hoy podemos identificar que en Cuba hay una sobrecarga para las mujeres en término de cuidados. Políticas públicas que correspondían al cuidado han vuelto a las familias en condiciones de crisis económica; por tanto, con menos posibilidades de solución", afirma Alfonso.
Estudios sobre el tema confirman que, pese a los avances en materia de igualdad de género, en Cuba prevalece la división sexual del trabajo y la sobrecarga femenina en el trabajo doméstico no remunerado.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Igualdad (ENIG), realizada en 2016 por la Federación de Mujeres Cubanas y la Oficina Nacional de Estadísticas, las mujeres "dedican más horas a planificar, cocina, servir la comida, además de fregar, son quienes se encargan de la limpieza e higiene del hogar dedicándole 7,13 horas cada semana, a diferencia de sus pares varones que consumen como promedio 3,71 horas semanales en esas labores".

Corresponsabilidad: cuidado en varias manos
Poner al centro a las personas y su bienestar, asumir una perspectiva integral y romper con la lógica patriarcal no son ingredientes de una receta ante la complejidad del cuidado, cuyas soluciones no son sencillas.
Especialistas abogan por amplificar los debates sobre el cuidado como una cuestión pública en la que participan y se complementan diversos actores: el Estado, la familia, la comunidad, instituciones sociales y religiosas, el sector privado.
"Tiene que ser una política social que no defalque al Estado; pero la solución no es solo económica, tiene que ir acompañada de la dimensión ética, de una cultura que aporte a la sensibilización de la sociedad", explica Alfonso.
Se trata de algo que termina incidiendo, directamente, en "organizar la vida social de otra manera", opina Yohanka León, también integrante del colectivo que organiza el espacio feminista Berta Cáceres.
Antecedentes de este tipo abundan en el proyecto cubano y sus políticas sociales de apoyo al cuidado, como fueron la creación de círculos infantiles en la pasada década de los sesenta, la ampliación de servicios sociales e instituciones para el cuidado de ancianos, los comedores obreros, escuelas internas y seminternas, lavanderías estatales y otros.
Tanto Alfonso como León son partidarias de insertar el cuidado entre los derechos y deberes de la ciudadanía en el texto constitucional, para luego transversalizarlo al resto del articulado.
"Otra preocupación que tengo es que convirtamos el debate de la Constitución en un debate de términos jurídicos y técnicos. La Constitución es un documento político y ético, es importante que no se pierda esa perspectiva porque, tratando de acercarnos lo más posible al tecnicismo jurídico, podemos perder la perspectiva de que queden claros los posicionamientos políticos y éticos del proyecto", suscribe Alfonso.
Previendo resistencias en la redacción final de la Carta Magna y la inclusión de estos enfoques sobre el cuidado, Alfonso argumenta que "muchas veces sale a colación que no se encuentra el modo de refrendar estas perspectivas por pautas de las técnicas jurídicas o experiencias de otros países. Pero nuestro proyecto es una apuesta contra la lógica hegemónica del mundo --en la cual el cuidado no es una prioridad porque no representa ganancias para nadie-- y no podemos perder la perspectiva de que esta es una cuestión humana", reafirma.

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