Enseñada hace milenios de las madres a sus hijas para preparar sus cuerpos para el parto, la danza del vientre del mundo árabe se baila en el occidental para sanar la vida de las mujeres que han sido víctimas de la violencia.

"Más allá de las historias personales, esta experiencia vale para revolucionarse como ser humano y trabajar el empoderamiento femenino", dice a SEMlac Gretel Sánchez Llabre, directora de la compañía Q-band Soho.

La comunidad es un espacio vivo donde se entretejen las redes y relaciones diversas que marcan la cotidianidad de un país. Tanto especialistas como activistas en la atención y prevención de la violencia de género la consideran un escenario ideal para articular acciones encaminadas a erradicar este doloroso fenómeno social. Zulema Hidalgo, coordinadora del Programa de Género y Violencia del Centro de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero, comparte algunas reflexiones a partir de su experiencia acompañando procesos de activismo comunitario.

El sonido de la marimba le hizo perder el equilibrio. El chillido de la madre la regresó. Lastimó su piel de cebolla seca. Le apretó el brazo porque, esta vez, ella necesitaba sostenerse. Camila caminaba al suplicio con la alegría de llevar la vida en su vientre. El hombre miraba al sudeste porque la desesperación reinaba en los otros puntos cardinales.

Mujeres de diversas edades, procedencias geográficas, nivel económico, educacional e identidad de género muestran sus rostros y cuentan sus historias ante la cámara. Una vivencia las une: son sobrevivientes de la violencia.

Sus duras historias colman el documental Estoy viva…lo voy a contar, de las realizadoras Lizette Vila e Ingrid León, estreno de este año del Proyecto Palomas, Casa Productora de Audiovisuales para el Activismo Social, con una larga trayectorita en sus obras enfocadas en visibilizar, prevenir y atender la violencia por motivos de género, en particular la ejercida hacia mujeres, niñas y otros grupos de la sociedad.
Estrenado en marzo de 2016 y exhibido con gran éxito de público el pasado 19 de noviembre en la capital cubana, el documental conmueve en su recorrido por historias de vida que develan la ocurrencia de diferentes expresiones de este maltrato, con énfasis en los derechos de las mujeres a vivir una vida sin violencias, una máxima que Lizette Vila defiende y propone en cada entrega del proyecto que dirige.

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