VIH/sida, una epidemia que “envejece”

[26-11-2019]
 De izquierda a derecha Yisel Torres, de Prosalud, Otto Peláez y Bárbara Venegas. Foto SEMlac Cuba De izquierda a derecha Yisel Torres, de Prosalud, Otto Peláez y Bárbara Venegas. Foto SEMlac Cuba

Aunque el VIH-sida toca sobre todo la vida de los hombres en Cuba, donde más del 70 por ciento de las personas con esta condición son del sexo masculino, y se concentra fundamentalmente en edades medianas de la vida, los datos apuntan a una tendencia al discreto incremento de casos en las mujeres y personas mayores.

Así insistió el doctor Otto Peláez Sánchez, Jefe del Centro Nacional de Prevención de las ITS/VIH-Sida y subdirector de la Unidad Nacional de Promoción de Salud y Prevención de Enfermedades, Prosalud, a propósito de celebrarse el Día Mundial de la Lucha contra el sida el próximo primero de diciembre.

“Es importante no dejar fuera de los mensajes de prevención a mujeres y personas adultas mayores”, dijo el especialista, quien refirió que las personas que viven con VIH son el 0,2 -0,3 por ciento de la población entre 15 a 49 años de edad.

De acuerdo con Bárbara Venegas, funcionaria del departamento de ITS, VIH y Hepatitis de la Dirección Nacional de Epidemiología, del Ministerio de Salud Pública, de los casos diagnosticados en 2019, el 82 por ciento tiene entre 20 y 54 años. “Todos los grupos de edades decrecen, aunque se aprecia un discreto incremento en mujeres en las edades de 45 a 49 años. En uno y otro sexo entre 55 y 59 años, y en hombres de 60 a 64 años”, apuntó.

Asimismo, explicó la experta, decrece la mortalidad por VIH- sida en el país; el 87,3 por ciento de los pacientes recibe tratamiento y esa misma proporción se diagnosticaron en estadios precoces de la enfermedad.

Según Venegas, Cuba mantiene la prevalencia de VIH más reducida de América Latina y el Caribe y una de las más bajas del hemisferio occidental. “Tenemos controlada la transmisión de VIH, la sanguínea, en menores de 14 años y en mujeres y varones heterosexuales”.

Señaló que 80 por ciento de los casos diagnosticados de VIH en 2019 han sido del sexo masculino y 86,2 por ciento son hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH). “Este año incrementamos la realización de pruebas de VIH en la búsqueda en grupos clave. Se prepararon promotores de HSH que contribuyeron a lograr una mayor detección de estos casos en el país”, sostuvo la especialista.

Con una discreta disminución en todas las provincias, decrece la detección de personas con la enfermedad, excepto en Guantánamo, en el extremo oriental del país; Las Tunas y Cienfuegos, a 657 y 233 kilómetros de La Habana, respectivamente. “Estos resultados muestran que cerrará el año con mejores indicadores”, dijo.

Subrayó Venegas que se ha logrado, además, la consolidación de la descentralización del diagnóstico en el país. “Ya todas las provincias confirman sus casos, lo cual posibilita que las muestras no tengan que viajar hacia otros territorios, se optimicen recursos humanos, reactivos, exista mayor oportunidad en el diagnóstico y, a su vez, podamos ponerles tratamiento a las personas con mayor rapidez y vincularlas a la atención médica con mayor celeridad”, comentó.

Cambiar desde las comunidades

El doctor Peláez Sánchez insistió en que “frente al VIH la participación comunitaria marca la diferencia”, lema que acompañará este día mundial y busca articular las respuestas de toda la comunidad cubana, tanto la organizada en redes para trabajar la prevención, como el resto de los sectores del país.

En los 33 años de epidemia en Cuba, desde que se diagnosticara el primer caso en 1986, se han formado más de 76.000 promotores para la educación de pares o iguales, con el propósito de que actúen en la población a la cual tributan. Actualmente, alrededor de 4.500 promotores están activos en todo el país.

“Ello está organizado en ocho líneas de trabajo, las que agrupan a grupos vulnerables que por sus comportamientos específicos tienen mayor riesgo, suelen estar más expuestos a la epidemia y enfrentarse a problemáticas jurídicas y sociales: redes de personas que viven con VIH, HSH, personas que practican sexo transaccional y la red TransCuba, la cual coordina la prevención junto al Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) en este grupo”, mencionó Peláez Sánchez.

Respecto a las mujeres trans, aunque es una de las comunidades más pequeñas, es de las más afectadas en tasas, con 19,7 por ciento de esa población con VIH. Le siguen los HSH con 5,6 por ciento y las personas que practican sexo transaccional con 2,8 por ciento.

Para la especialista del Centro Nacional de Prevención ITS/VIH/sida, Myrna Villalón, es fundamental fomentar la adherencia al tratamiento antirretroviral. “Que las personas se mantengan no detectables al VIH, porque cuando la carga viral en sangre es pequeña, disminuyen los riesgos de transmisión, lo cual no implica que no deba mantenerse la doble protección con el condón”, subrayó.

Un primer paso para que en 2030 el VIH no sea un problema de salud está en la meta regional de aumentar a 90 por ciento la proporción de personas bajo tratamiento con carga viral no detectable.

En este aspecto Cuba está al 73,8 por ciento. “Es necesario trabajar aún más con la adherencia al tratamiento de los pacientes, pues esta meta es la que disminuye la carga viral comunitaria y por tanto la transmisión”, sostuvo Venegas.

“Gracias a los buenos resultados de la terapia antirretroviral, ya las personas viviendo con VIH no se mueren como antes, la epidemia va envejeciendo”, agregó Villalón.

Sin embargo, hay que insistir en el autocuidado en este grupo de personas, porque ya se van insertando otras patologías y comorbilidades propias de la edad como la diabetes, la hipertensión, las artrosis, y los antirretrovirales no dejan de tener también sus reacciones secundarias, enfatizó.

A juicio de Villalón, es crucial la prevención en el grupo de edades medianas y adultas, en las que se incrementan los casos en uno y otro sexo. “La línea 50 y más también es una línea transversal porque hay que trabajarla desde el resto de las líneas: HSH, el grupo de las Trans, que tienden a descuidar su salud, y también con el grupo de mujeres, quienes muchas veces están en la casa y su pareja les trae la enfermedad”.

“No se puede seguir pensando que en esta etapa de la vida no hay sexualidad activa, tanto en hombres como en mujeres. En las investigaciones con frecuencia encontramos referencia a la vida sexualmente activa entre 15 y 49 años y se olvidan que una persona de 50, 55 años y más tiene vida sexual”, precisó.

Si bien las mujeres son más constantes en cumplir con los tratamientos, muchas veces se abandonan por cuidar a la familia y están más pendientes del hijo, el esposo, comentó la especialista. Ello pone de relieve la importancia de eliminar las inequidades de género, también de cara a la epidemia, sostuvo.

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De la redacción

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