Salud masculina, entre mitos y desconocimiento

[30-10-2018]
La imagen corresponde a la campaña uruguaya Noviembre Azul para prevenir el cáncer de próstata. La imagen corresponde a la campaña uruguaya Noviembre Azul para prevenir el cáncer de próstata.

El deterioro progresivo de funciones en el hombre que envejece y sus efectos en su salud y calidad de vida contrasta con el poco conocimiento que tienen sobre el tema la población y también profesionales de la salud.
Así lo confirmaron más de 200 especialistas del Instituto Nacional de Endocrinología y la Sociedad Cubana de esa rama en todo el país, al presentar el pasado 26 de octubre el I Consenso cubano sobre Andropausia, elaborado en colaboración con la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes).

La necesidad de atender esta situación de salud cobra valor ante el acelerado proceso de envejecimiento de la población cubana. De acuerdo con la de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, las personas con 60 años y más en el país representan 20,1 por ciento del total de la población.
Popularmente el término andropausia se utiliza para describir los síntomas y signos asociados a una declinación gradual de la secreción de testosterona (T), lo que ocurre con el aumento de la edad en los hombres.
Sin embargo, el Consenso sostiene que el modo correcto de referirse a ese proceso biológico que viven muchos hombres a partir de los 40 años es hipogonadismo masculino tardío.
"Había que hacer una indagación y un trabajo de mesa profundo desde una perspectiva con base científica, que marcara las pautas por donde se mueven las opiniones más generalizadas o hegemónicas en torno al diagnóstico, manejo y tratamiento de este proceso, que desde la misma denominación ha sido muy controvertido", explicó a SEMlac la doctora Gilda Monteagudo Peña, Máster en Salud Reproductiva.
"Este no es un proceso que experimentan todos los hombres, ni siquiera le ocurre a la mayoría, aunque el mito popular hace pensar que sí", aclara la especialista de I y II grado en Endocrinología.
De acuerdo con la profesora e investigadora titular, "la prevalencia de los síntomas es de alrededor de 20 por ciento entre los 40 y 60 años; edad a partir de la cual se incrementa hasta 30-35 por ciento. Pueden existir hombres de avanzada edad que nunca padezcan la andropausia, como resultado de su estado físico y los factores genéticos, entre otros elementos", precisa.
El estilo y las condiciones de vida, la tenencia de enfermedades crónicas, el estado nutricional, el consumo de alcohol y tabaco, entre otros elementos, condicionan el estado en que se llega a ese momento de la vida y puede incidir en la vivencia o no de este síndrome.
A juicio de la experta, es importante entender que no se trata de un fenómeno generalizado, a diferencia de lo que ocurre con las mujeres al arribar a la menopausia. Es un error equiparar los dos procesos, porque no son iguales, sostiene.
Sin embargo, los hombres que sufren este síndrome sí afrontan consecuencias para su salud. "Incluso la mortalidad es más alta en aquellos hombres con deficiencia de testosterona, lo que se puede prevenir y tratar", puntualiza la doctora Monteagudo Peña.
El Consenso de Andropausia plantea que aunque la declinación hormonal asociada con la edad en el hombre se asocia principalmente a las hormonas sexuales, no se limita a ellas e incluye importantes cambios en otras hormonas y el metabolismo.
Asimismo, el documento precisa que el déficit de testosterona se relaciona con todos los componentes del síndrome metabólico, como la obesidad global y abdominal, la resistencia a la insulina, la intolerancia a la glucosa y la diabetes mellitus Tipo 2, los trastornos lipídicos, la enfermedad cardiovascular y el aumento de la mortalidad por esta última.

Desconocimiento y crisis en la sexualidad
La deficiencia de testosterona puede causar varios síntomas generales, similares a los de otras muchas situaciones, advierte Monteagudo Peña.
"Los síntomas más comunes son el decaimiento, la falta de entusiasmo, el cansancio, el menor rendimiento para las actividades habituales, para las laborales, somnolencia… Desde el punto de vista psicológico se reconocen cambios en el humor, irritabilidad, ansiedad, depresión y trastornos del sueño", explica la experta.
Pero los que mayormente se identifican, por su impacto en la vida de pareja, son los cambios en la función sexual, como las dificultades para la excitación o disminución del deseo sexual, la pérdida de la erección nocturna, la disfunción eréctil, el aumento del periodo refractario y la disminución del volumen de la eyaculación.
Un estudio realizado por Monteagudo Peña para su Tesis Doctoral constató que la totalidad de las personas evaluadas presentaban disminución de la eyaculación. La muestra aleatoria estuvo compuesta por 510 hombres, en el municipio de Plaza de la Revolución, en la capital del país.
"Fue asombroso constatar el valor simbólico que tiene este aspecto para los hombres y cómo resultó el mayor cambio en su respuesta sexual del cual eran conscientes", dijo la también Doctora en Ciencias Médicas.
En tanto, el recién elaborado Consenso insiste en que para lograr una actividad sexual satisfactoria se necesita, además de la testosterona, tener en cuenta la influencia de factores psicosociales, como las relaciones de pareja, el estado psicológico, la actitud hacia la sexualidad, la privacidad, el control de las enfermedades crónicas y los factores de riesgo.
"Antes de decidir indicar tratamiento hormonal, se debe actuar sobre los factores de riesgo conocidos, así como valorar riesgos y beneficios", plantea el texto.
Para el doctor Carlos G. Gutiérrez resulta clave mantener una visión integral, que tenga en cuenta la relación estrecha que hay entre envejecimiento, enfermedades crónicas y disfunciones sexuales.
"La prevención favorece el bienestar en cualquiera de estas esferas así, como el tratamiento adecuado. Necesitamos ver a las personas como un todo, no las enfermedades o problemas por separado, y pensar que muchas de estas entidades están relacionadas entre sí", reflexionó el especialista.
Durante la presentación del consenso, expertos y especialista insistieron en las insuficientes capacidades de los hombres para el autocuidado de su salud.
De ahí que el doctor en Ciencias Filosóficas Ramón Rivero Pino abogue por incorporar la dimensión centrada en las personas y los procesos sociales más que en las enfermedades.
"Asistimos permanentemente a un proceso de sobremortalidad masculina a nivel internacional, muy relacionado con una construcción social de la masculinidad, cuya dimensión personal pasa por la responsabilidad individual, pero también tiene mucho que ver con el desarrollo de los programas, los proyectos sociales, políticas y servicios públicos", sostuvo.
Desde el punto de vista simbólico también suele asociarse la disminución de hormonas sexuales con el desempeño sexual, advierte la doctora Monteagudo Peña.
"Comúnmente, los hombres que pasan por este proceso sienten la sensación de pérdida, incertidumbres y miedos a no cumplir con su papel como ?hombres? y asumen muchas veces la postura de resignación en lugar de buscar ayuda. La andropausia se vive entonces muchas veces como algo que lastima desde la construcción de masculinidad que tenemos en nuestra sociedad", afirma la experta.
Partidaria también de explorar cómo la mujer experimenta o asume este proceso, la investigadora advierte que, a nivel mundial, ellas identifican más la andropausia que los propios hombres.
Resultados de un estudio publicado el pasado año en la Revista Cubana de Endocrinología confirma esa tendencia.
De un total de 900 personas de la capital cubana, 70,30 por ciento de las mujeres y 56 por ciento de los hombres reconocieron que el hombre experimenta un proceso equivalente al climaterio femenino; 64 por ciento no conocía los síntomas y 47,12 por ciento de los hombres mayores de 40 años señalaron una edad de comienzo superior a la suya.
Bajo el título "Nivel de información sobre el síndrome de declinación de la función testicular en el envejecimiento masculino", la investigación recabó información entre población general mayor de 20 años, así como de especialistas en Endocrinología, Urología y Geriatría y profesionales de la atención primaria de salud, quienes supuestamente tienen mayor oportunidad de acceso al conocimiento sobre el tema.
Las mujeres tuvieron mayor tendencia a aceptarlo, sobre todo si tenían una pareja en edad expuesta a padecerlo, y los hombres de mediana edad, aun cuando aceptaron la existencia del fenómeno, en su mayoría no se reconocen afectados.
Entre el personal médico, con independencia de la edad, el sexo o el tiempo de ejercicio profesional, la información se limitó, mayoritariamente, a términos como andropausia y climaterio masculino.
En tanto, su dominio conceptual, del cuadro clínico y el tratamiento era insuficiente y provenía, predominantemente, de fuentes no formales. No obstante, reconocieron la necesidad de incrementar sus conocimientos del tema, concluyó el estudio.

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