Machismo impacta en la salud sexual de los hombres

[11-11-2019]
Especialistas en Cuba insistieron en la relevancia de cuestionar los modelos de masculinidad tradicional y los comportamientos de riesgo. Foto SEMlac Cuba Especialistas en Cuba insistieron en la relevancia de cuestionar los modelos de masculinidad tradicional y los comportamientos de riesgo. Foto SEMlac Cuba

Las distintas maneras de ser hombre influyen en la salud sexual de los varones, concluyeron especialistas de diferentes áreas del conocimiento en el primer Consenso de masculinidades y salud sexual.

Se trata de trascender el enfoque de prevención de salud y contribuir a desmontar la concepción machista y patriarcal de lo que es ser varón, coincidieron el pasado primero de noviembre durante el encuentro “Masculinidades: significaciones y prácticas hegemónicas y su impacto en la salud sexual de los hombres”.

“Las masculinidades tienen que ver con un proceso de construcción social, cultural, histórico y político acerca de lo que significa ser varón, aspectos que son aprendidos y por ende modificables”, explicó María Teresa Díaz, del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR).

Especialistas insistieron en la relevancia de cuestionar los modelos de masculinidad tradicional y los comportamientos de riesgo que tienden a asociarse a estereotipos, en aras de evitar consecuencias negativas para la salud de los hombres.

Prácticas como el retraso de la visita al médico, soportar el dolor, ignorar los primeros síntomas o pretender que desaparecerán, bajo la creencia de que son resistentes fueron algunas de las identificadas como nocivas, por su impacto en la salud de los hombres.

Igualmente, la atribución de cualidades y actitudes asociadas con la fuerza, la violencia y la agresividad, que redundan en daños físicos y emocionales, con peligro incluso para la vida.

De ello se desprende que se debe apostar por políticas y programas de salud concretos para ellos, consideró la médica Zoe Díaz Bernal.

Las concepciones de la masculinidad hoy están apegadas a la percepción y al reconocimiento de la superioridad masculina, con bases patriarcales, acotaron las y los participantes.

Se trata de una visión en la cual el hombre tiene la responsabilidad de proveer, ser exitoso en el espacio público, tener la sexualidad presente en todo momento y con rendimientos impecables, a la vez que se le expropia de emociones que impliquen dolor, temor, inseguridad, desconocimiento y vulnerabilidad.

Esta es un área donde existen vacíos investigativos, al decir de la psiquiatra Yamira Puentes, pues son escasos los estudios sobre la vinculación afectiva en las experiencias de la sexualidad masculina.

Especialistas señalaron también la necesidad de mejorar la interacción disciplinar en investigaciones sobre los hombres entre las ciencias de la salud, la medicina y actores que participan en las definiciones de políticas, a fin de garantizar una visión más integral del fenómeno.

Otra de las propuestas reitera un llamado a que las investigaciones partan del análisis del contexto social y de las condiciones y circunstancias particulares en que se producen las prácticas. Además, se resaltó que hoy más mujeres que hombres se dedican al estudio de las masculinidades.

Participantes llamaron a atender, igualmente, las “desigualdades intragénero”, un elemento que en opinión de la psicóloga María Teresa Díaz demanda de estudios sobre las relaciones entre los hombres, al interior de sus grupos, pues se ha observado que existen censura y desaprobación cuando no se cumple con los patrones establecidos por el grupo, en su mayoría determinados por el machismo patriarcal.

En este camino se insertaron propuestas como las de médico y activista por los derechos LGBTI Alberto Roque, quien exhortó a volver la mirada hacia los hombres trans y la construcción de la masculinidad desde ese grupo; y de la máster Raida Semanat Truti, del Centro de Estudios de la Juventud, quien llamó la atención sobre ese proceso, pero en jóvenes y adolescentes.

Roque insistió en que es imprescindible que el Consenso refleje los derechos reproductivos de las masculinidades, algo que suele soslayarse y es vital, particularmente en edades como la adolescencia. Una de las brechas de género en la fecundidad en estas edades pasa, en muchos casos, por el entramado de una débil e insuficiente educación sexual, donde la ausencia del varón es explícita, señaló.

En tanto, el economista Juan Carlos Albizu sugirió ampliar la multidimensionalidad en el abordaje del Consenso, donde predominan actualmente las especialidades de la salud, la psicología y la sociología. La demografía, la economía o la filosofía también pueden aportar saberes, precisó.

Al iniciar la sesión de trabajo, Rafael Cuestas, coordinador del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Cuba, había llamado justamente a enriquecer la discusión desde diversas perspectivas.

Sergio Morlán, de la Plataforma de Hombres contra la Violencia de OAR, se refirió a las nuevas variantes que se producen en las relaciones, a partir de las vías que la modernidad ha abierto para la comunicación, como un campo que requiere de estudios.

Propuso, además, la creación de espacios de integración, reflexión y diálogo para articular estrategias en el trabajo con hombres, donde se socialicen los resultados y el avance de las investigaciones acerca del tema, tanto a nivel nacional como internacional.

Tres reuniones previas y la participación de instituciones como la Universidad de La Habana (UH), OAR y la Cátedra del Adulto Mayor de la UH, entre otros, labraron el camino para llegar al consenso, precisó la doctora Beatriz Torres, presidenta de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes), organización profesional que convocó al encuentro.

Conceptos relevantes para el abordaje del tema, investigaciones sobre la construcción hegemónica masculina y sus expresiones en diferentes patologías clínicas, así como la validez de la prevención y el trabajo comunitario para el mejoramiento de la salud de los hombres fueron algunos de los ejes del debate.

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De la redacción

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