Cuando recuerda, dice que un frío le baja por la espalda. Tras interrumpir voluntariamente doce embarazos, quiso un hijo. No lo consiguió, un aborto espontáneo frustró su sueño de maternidad.
La historia de Emma Peña, una profesional de 42 años, no termina ahí. Tres fibromas, uno grande y dos pequeños, la llevaron nuevamente al salón de cirugía, esta vez para una histerectomía (extirpación del útero).

“Una hace cosas sin medir las consecuencias. Era muy fértil y casi no me cuidaba. Los amigos me decían que ni pasara por una tienda donde vendieran calzoncillos, porque de verlos salía embarazada”, cuenta, con voz resignada.

El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del Sida, y sus fatales consecuencias, se cuenta entre las preocupaciones actuales de la población joven en Cuba, deseosa de encontrar una cura para quienes padecen la enfermedad o, al menos, prevenir el contagio.

Así lo señalan indagaciones realizadas por el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, algunos de cuyos resultados acaba de publicar la revista Sexología y Sociedad, que edita el gubernamental Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

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