Violencia y jóvenes en tiempos de pandemia

La violencia de género en 2020, en Cuba, estuvo marcada por el aislamiento social derivado de la pandemia de covid-19 y sus impactos en diversos ámbitos, incluido un evidente incremento de las violencias machistas. ¿Cómo han vivido el proceso las personas jóvenes, quienes también fueron confinadas a sus hogares y separadas de sus redes habituales? ¿Cómo se han adaptado a este nuevo contexto y cómo reaccionan a él desde el activismo? No a la Violencia indagó acerca de estos asuntos con la joven psicóloga Juliette Ortiz, profesora de la Universidad de La Habana; Bruce González, estudiante de Sociología en la Universidad Central Marta Abreu, de las Villas (UCLV), y Laura Serguera, estudiante de Periodismo de la Facultad de Comunicación (FCOM) de la Universidad de La Habana.

Desde su percepción, ¿cómo se ha expresado la violencia de género en este año de pandemia?¿Qué manifestaciones se han incrementado?

Juliette Ortiz: Más que nunca han estado creadas las condiciones para que se exprese la violencia de género, fundamentalmente en el ámbito del hogar. Quedarse en casa ha significado, para miles de mujeres en el mundo, un riesgo para su salud física, mental, emocional, incluso un riesgo para la vida.

Creo que unas de las expresiones de la violencia de género en estos tiempos de pandemia han sido la violencia física y psicológica, quizás como las más evidentes. Pero también hay violencia, por ejemplo, en la sobrecarga que han sufrido las mujeres con las tareas del hogar, el encargarse de las clases de los hijos e hijas, mantener la limpieza e higiene e, incluso, continuar sus tareas laborales en muchos casos.

Considero que, en sentido general, estas manifestaciones de violencia hacia las mujeres se han incrementado en este tiempo. Incluso, también se han incrementado a nivel global los casos de feminicidios, como expresión extrema de la violencia de género.

Bruce González: Las circunstancias que se han vivido en estos últimos tiempos, en el confinamiento, potencian los factores de riesgo de violencia basada en género, al aumentar el aislamiento. La mayoría de las víctimas conviven con sus agresores, por tanto, no poder salir de casa conlleva que sea más difícil el acceso a los recursos de protección.

La covid-19 se ha convertido en la justificación perfecta para que el agresor ejerza un control violento contra la víctima en los hogares. La manifestación de violencia que más se ha incrementado en estos tiempos de pandemia es la violencia intrafamiliar.

Este tiempo de confinamiento ha provocado un nivel de estrés entre la población, ya que la cultura del cubano es de estar en la calle, abrazando a los amigos, porque somos muy familiares. El confinamiento, junto a la convivencia obligatoria, el mal manejo de la ira y la dificultad para el control de las emociones ha provocado un aumento de las violencias en el ámbito doméstico, según declaraciones de la psiquiatra Ivón Ernand.

A pesar del aislamiento social, no se ha logrado disminuir los índices de acoso callejero, continúan en nuestros días como parte de un tipo de violencia menos visibilizada: violencia simbólica. El uso del “piropo”, principalmente hacia la mujer, ha aumentado entre la población cubana, al estar naturalizado.

Laura Serguera: Varios observatorios de género, organizaciones feministas y medios de comunicación de todo el mundo han coincidido en que probablemente las expresiones de violencia machista que más se ha incrementado durante la pandemia sean las intrafamiliares. En medio de una situación de crisis que nos ha tensado a todos, muchísimas mujeres quedaron encerradas en casa junto a sus maltratadores, expuestas a potenciales actos violentos en escalada ante el estado de estrés generalizado, el aumento del tiempo de convivencia y la sensación de impunidad de los victimarios, agudizada por la paralización o disminución (en los mejores casos) de servicios de atención y respuesta a las víctimas.

En un período en el cual refugios, consultorías y grupos de apoyo cerraron o debieron transformarse en alternativas virtuales, y las instituciones de salud se saturaron y debieron implementar medidas de seguridad como disminuir las consultas que no atendían urgencias; mujeres, niñas y adolescentes maltratadas tuvieron muchos menos sitios a los que acudir en búsqueda de auxilio. Ese ha sido un problema fundamental. Sin embargo, no el único.

También ha sido una etapa que ha arrojado luces sobre las desigualdades e inequidades: mujeres sometidas ya no a una doble jornada de trabajo, sino a una sola y larga jornada mixta en la que mientras teletrabajaban (las que tenían empleos y medios para hacerlo), desempeñaban funciones de cuidadoras (más de las habituales al estar los niños fuera de las escuelas), y realizaban tareas domésticas en una espiral de agotamiento y explotación.

Igualmente quedaron en una situación aún más vulnerable las madres solteras y las mujeres empleadas en ocupaciones informales, ante reducciones de sueldo o desaparición total de su fuente de ingresos; y los espacios públicos resultaron escenarios incluso más propicios para el acoso callejero, debido a la disminución de personas en las calles. Definitivamente, la covid-19 exacerbó situaciones ya existentes, obligándonos a ponernos alertas y tomar medidas ante brechas que solo se han ampliado.

En ese contexto, ¿cómo puede funcionar un activismo consciente desde la juventud? ¿Cómo lo hacen ustedes?

JO: Podrían utilizarse las redes sociales para ir generando procesos de sensibilización, para pensar y reflexionar sobre el tema. Generar proyectos que permitan llevar a cabo procesos de cambios y transformaciones de imaginarios que siguen perpetuando la violencia hacia las mujeres.

Desde mi caso en particular, trato de sensibilizar a mis estudiantes y colegas en esta temática, trato también de compartir información en las redes sociales, datos que reflejen la problemática; he escrito algunos artículos, de conjunto con otras profesoras, sobre la violencia de género en estos tiempos de pandemia, para publicarse en la página oficial de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

He participado también en el Campamento Nacional de Liderazgo Juvenil ¡JUVENTUDES YA!, organizado por el Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), y el Campamento Regional del mismo carácter, organizado por UNFPA; espacios que he aprovechado para seguirme preparando, conocer lo que se hace en otros países, para seguir generando ideas y proyectos que nos permitan ir por el camino de la eliminación de todo tipo de violencia hacia las mujeres y las niñas. Estas son las maneras en que voy construyendo mi proceso de activismo en pos de lograr la equidad de género y la sensibilización en la violencia de género en particular.

BG: Viendo la situación que se vive por causa de la pandemia y el aumento de los índices de violencia, han surgido muchas iniciativas para transformar estas problemáticas.

A partir del Campamento Nacional de Liderazgo Juvenil ¡JUVENTUDES YA! en Cuba, surgen proyectos de transformación de imaginarios sociales. Entre ellos, el proyecto: “¡¡Respétame!! Un grito joven contra el acoso callejero”, con el objetivo de contribuir a la desnaturalización de esta práctica en jóvenes universitarios de entre 18 y 25 años, desde una campaña edu-comunicativa y una serie de talleres y actividades. Se nos han unido un grupo considerable de jóvenes con interés en la temática y en unirse al activismo.

A mí me nace ayudar a las personas que están siendo violentadas en cualquiera de sus manifestaciones. Desde el proyecto que coordino en Villa Clara estaremos realizando un experimento social en la provincia que nos mostrará que tal se está comportando el acoso callejero y, a partir de ahí, trabajaremos en un grupo de iniciativas para lograr transformar estos imaginarios sociales. Pienso que, en estos tiempos de pandemia, desde lo virtual también se puede estar trabajando, realizaremos todas las actividades siempre cumpliendo las medidas de la dirección del país para enfrentar la covid-19.

LS: La primera forma de activismo es la incorporación consciente a nuestras dinámicas habituales de una visión de género. Solo viviendo día a día acorde a una perspectiva de género coherente, podemos comenzar a hacer orgánico un actuar menos machista, más emancipado y equitativo. Ese es un primer paso, que no quiere decir que no seamos todos replicadores de roles y estereotipos dictados por la cultura patriarcal; pero únicamente logrando identificarlos y combatiéndolos, avanzamos. Saliendo del espacio íntimo o personal, existen muchísimas formas de activismo: voluntariados, campañas edu-comunicativas, trabajo comunitario.

En mi caso, intento aportar desde el periodismo: visibilizando mujeres, problematizando violencias e imaginarios machistas, transversalizando el género en todo lo que escribo. No es suficiente, tengo deudas conmigo y con lo que creo que aún puedo hacer para contribuir a la lucha feminista.

¿Cuáles son los principales desafíos y oportunidades para sensibilizar a personas jóvenes?

JO: Uno de los principales es que seguimos viviendo en un patriarcado que hace que las prácticas o muchas expresiones de violencia de género se naturalicen y no se lean críticamente. Otro desafío son las resistencias que se generan en cuanto a la temática, incluso en la población joven; la poca preparación teórica que tienen algunas personas que tocan estas problemáticas en los medios de comunicación, por ejemplo, junto a los escasos espacios en que se trabaja la temática. Además, casi todas las carreras carecen de asignaturas básicas que aborden las teorías de género y la violencia asociada a ellas. Solo las hay en muy pocas carreras y en otras pocas existen como asignaturas optativas.

Entre las oportunidades, veo espacios que se crean, como la campaña Evoluciona, el Campamento Juvenil Nacional y Regional; el trabajo que lleva a cabo la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), las investigaciones desde la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana y otros centros similares del país, por ejemplo. También los espacios que existen en las carreras, con asignaturas que trabajen estos temas que, aunque pocas, son escenarios que se pueden aprovechar para comenzar ese proceso de sensibilización en los y las estudiantes. Otra oportunidad es la utilización de las redes sociales, igualmente, con fines de sensibilizar en la temática; hacer talleres participativos, proyectos que trabajen estos temas. Siempre promoviendo la participación y la reflexión crítica de las juventudes que formen parte o estén en estos espacios.

BG: Entre las oportunidades se encuentra que ser joven es sinónimo de cambio, progreso y futuro. Además, los jóvenes enfrentan los desafíos y abren espacios para crear y recrear un desarrollo pleno y futuro; son el motor impulsor de las sociedades. Hay que tener en cuenta que los jóvenes son nativos digitales y, debido a la pandemia, se ha tenido que usar la virtualidad desde las redes sociales principalmente.

En el caso de los desafíos, se tienen todas las oportunidades al trabajar con jóvenes. Por tanto, podemos convertirlos en oportunidades.

LS: Creo que una oportunidad es la visibilidad que están teniendo los postulados feministas y la violencia de género en los medios de comunicación y entornos digitales. Aun cuando no se aborden de la mejor manera, el hecho de que se establezca alguna polémica en torno a estas problemáticas es un primer paso muy importante, sobre todo cuando esa visibilidad está acompañada del debate público.

Sin embargo, un desafío muy grande es la permanencia de mitos y estereotipos patriarcales en la sociedad cubana, y en particular entre las personas más jóvenes, que obligan a trabajar de manera muy inteligente y persistente. Otro desafío lo constituye, al menos desde la comunicación, que no siempre tenemos claros cuáles son los consumos culturales de nuestra generación y a veces construimos mensajes sobre estos y otros temas que pueden nunca llegar a los grupos para quienes los construimos. Nos faltan estudios de audiencias, investigaciones y alianzas para el activismo.

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