«Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. La posición neutral ayuda siempre al opresor, nunca a la víctima.»
Alie Wiesel (1986)

La violencia de género, o la amenaza de ella, es un problema social que adquiere disímiles manifestaciones, todas sustentadas en la limitación de la vida de hombres o mujeres, y la restricción de sus respectivas libertades de movimiento o palabra; siendo este un hecho que socava la integridad y dignidad humana, así como otros de los derechos inherentes a la persona natural.2 La forma bilateral en la que se manifiesta supone la presencia de dos partes, la que ejerce el poder y la que lo recibe, sin obviar que esta relación no siempre se ejerce de forma unidireccional.

Vale la pena enfatizar, que «la subordinación entendida como una relación de poder, supone no solo el sometimiento y control, sino que incluye además la posibilidad de ofrecer resistencia o romper el ciclo de la violencia.»3

Otra de las peculiaridades de este hecho social es la falta de estadísticas que lo describan, pues los datos que existen dan cuenta, sobre todo, de aquellos casos que han sido víctimas del maltrato físico, generalmente bajo tratamiento clínico o legal. Por tanto, la violencia física es la más identificada y referida.

Aún son pocas las referencias o investigaciones que abordan las manifestaciones violentas en las relaciones de pareja que aún se encuentran en la etapa de noviazgo. Teniendo en cuenta esta realidad, se realizó un estudio exploratorio en la Facultad de Sociología de la Universidad de la Habana, con el fin de analizar cuáles son las percepciones y vivencias sobre este fenómeno de un grupo de jóvenes cubanas entre los 18 y 22 años de edad.

 

Del amor idílico al amor fatídico. Los conflictos entre «lo soñado» y «la realidad»

Soñar con el príncipe azul es algo muy común en las jóvenes de los más diversos contextos. A esa edad se cree en el amor eterno y se espera para el matrimonio un hombre guapo, valiente y con dinero. Este deseo se va construyendo mediante el conjunto de prácticas de educación patriarcal que aún perduran, generalmente reforzadas por las imágenes de «superhéroes» que se presentan en los cuentos de hadas, novelas e historias de amor con las que se crece.

Con la juventud aparecen los primeros enamoramientos y la necesidad de sentimientos más profundos4 y, paulatinamente, la inmadurez adolescente deja de ser la causante fundamental de los conflictos entre quienes se sienten enamorados. A partir de los 15 años, aproximadamente, y hasta antes del matrimonio, adolescentes y jóvenes comienzan a aprender y ensayar nuevas formas de comportamiento, acordes con su creciente libertad e independencia de la familia de origen, para adoptarlas en su vida futura. Este hecho incide en que las relaciones durante esta etapa de la vida sean más espontáneas, cortas y numerosas, aunque algunas tienden a perdurar en el tiempo. Frecuentemente, en este tipo de relaciones, las conductas violentas no son percibidas como tales, ni por las víctimas ni por los agresores, debido a que a menudo suelen confundirse con verdaderas muestras de amor e interés por la pareja.

Veamos las manifestaciones más frecuentes mencionadas por el grupo investigado y los tres principios patriarcales que sustentan dichas prácticas:

Principio 1: Las mujeres tienen el deber satisfacer los deseos sexuales de sus parejas y de serles fieles

(presiones para tener su primera relación sexual/ hostigamiento mediante caricias no deseadas/ exigencia de prácticas sexuales (sexo oral, anal, entre otras)/ acusaciones de infidelidad/ celos)

En el grupo estudiado, el hostigamiento mediante caricias no deseadas y la exigencia de ciertas prácticas sexuales (sexo oral, anal, entre otras), aparecen como las manifestaciones de violencia más frecuentes hacia el grupo de muchachas con las que se tuvo contacto; pues más del 75 por ciento de ellas manifestó haber vivido este tipo de experiencia con sus relaciones pasadas o presentes. En sus reflexiones contaron historias muy parecidas a las de Yumey (estudiante universitaria, de 18 años de edad), para quien este es el principal problema que tienen las chicas con sus novios. Según sus palabras:

«…en nombre del amor se nos presiona para que tengamos nuestras primeras experiencias sexuales, a partir de frases como: ‘Si me amas, entonces…!Pruébamelo!'».

Por ejemplo, yo, cuando tuve mi primer novio (a los 13 años), pensaba que iba a ser «el hombre de mi vida». El me atraía por su físico y porque era uno de los más populares en la secundaria; pero al pasar el tiempo me di cuenta de que no era tan especial como yo creía.

Comenzó a presionarme para tener relaciones sexuales y para que le dijera mentiras a mi madre con el fin de salir en la noche. Hasta el día que supe de su infidelidad y decidí terminar con él. Su respuesta ante la ruptura fue muy sencilla, ¡como no querías, tuve que buscar! No voy a negar que en aquel momento sufrí mucho y hasta bajé de peso, pero me sentí segura de mi decisión».

Pero no en todos los casos las manifestaciones violentas hacia estas jóvenes se quedan en prohibiciones, palabras o gestos, pues el estudio reflejó también la presencia de violencia física o la amenaza de ella en cinco de los noviazgos investigados. Vale apuntar que esta variante no es excluyente de las anteriores, pues frecuentemente al daño físico antecede el psicológico.

Jalar por la ropa, el pelo o las orejas está entre las manifestaciones más frecuentes, aunque también aparecieron pellizcos y bofetadas ante determinados episodios. Sin embargo, lo más alarmante de estos casos es que dos de ellos consideran que estos incidentes han sido provocados por ellas mismas, a partir del incumplimiento de algunas de sus responsabilidades como mujeres («él me pegó aquel día porque no quise hacer el amor con él y pensó que yo tenía otro hombre»), actitud que explica la literatura como propia de las víctimas.

Ante esta realidad, no todas ceden, pues la generalidad de los casos estudiados ofrece resistencia a través del uso que pueden hacer o no a la palabra. La comunicación verbal entonces aparece como la vía fundamental que el 62 por ciento de las entrevistadas tiene para hacer valer sus opiniones de forma impositiva y provocar el respeto de sus victimarios. Amenazan con buscarse otra pareja, presionan por medio de la indiferencia (permaneciendo en silencio por un largo período de tiempo después de un incidente), no responden a propósito algunas preguntas o dicen ironías con el fin de incomodar a la otra parte de la relación.

Principio 2: Las mujeres deben ser delicadas, bellas y sencillas

(Exigirles a las mujeres una determinada apariencia generalmente basada en modelos de belleza occidentales/ crítica al aspecto físico de quienes no cumplen con esos preceptos/ se les presiona para que vistan de una forma determinada, no ajustada a sus gustos o a la moda)

El uso de la palabra se masculiniza en las relaciones de pareja investigadas cuando se quiere criticar el aspecto físico (cuerpo, rasgos físicos, pelo, etcétera) o hacer chistes descalificativos sobre la apariencia de la pareja ante otras personas; situación que está muy condicionada por los estereotipos de género que modelan la imagen deseada por y para las chicas. Este hecho condiciona también que a ellas se les exija más frecuentemente la adecuación a una determinada apariencia (delgada, pelo largo, maquillada…) o se les presiona para el uso de determinada ropa o prenda «no provocativa». Esta situación ha deteriorado mucho la relación de Dayana (22 años), quien narra sus conflictos del siguiente modo:

«A mí me gusta vestirme a la moda, ponerme sayas cortas, «calenticos» (shorts muy cortos)» y blusitas apretadas. Sin embargo, esto ha ocasionado innumerables discusiones con mi novio. A veces cedo y me cambio a su antojo; pero otras me he quedado sin salir con él, con tal de hacerle respetar mis gustos.

Esta es una realidad que se constata en numerosos estudios, téngase en cuenta que esta es una edad donde ambos sexos presumen de sus cuerpos en formación y hacen cualquier cosa por parecerse a sus ídolos.

Principio 3: Las mujeres pertenecen a los hombres y en ese sentido les deben obediencia. (Decidir por su cuenta, sin consultar ni pedir opinión a la novia, ni siquiera en cosas que atañen a ella sola / controlar sus amistades y el tiempo que le dedican / se ignoran sus propuestas por parte de la pareja / vigilancia permanente, que se materializa en llamadas, chequeos constantes, control estricto de las actividades que se realizan, etcétera)

Este principio se expresa, fundamentalmente, en la violencia psicológica que se ejerce sobre la pareja, casi siempre oculta tras «escenas de celos», mediante las cuales se expresan los deseos de dominio y el sentimiento de posesión propio de estos vínculos, fundados en la ideología patriarcal.

En los casos estudiados, este hecho se presenta con mayor frecuencia cuando las parejas exigen fidelidad absoluta y piensan que el mejor mecanismo para lograrla es evitar cualquier tipo de relación con familiares y amigos que puedan poner en peligro la exclusividad del vínculo.

De ese modo, ocurre un proceso de lento aislamiento, una de las estrategias más comunes de los maltratadores, lo que les permite tener mayor incidencia sobre el actuar de la víctima sin la interferencia de las redes de apoyo que pueden ser muy efectivas para algunos casos.

 

Reflexiones finales

Como puede observarse, los datos recogidos resultan significativos, toda vez que describen una realidad bastante híbrida, donde se mezclan lo tradicional y lo contemporáneo de una manera muy sui generis. Además, porque con ellos se resaltan los avances y retos que existen en Cuba en relación con este grupo poblacional de cara a un futuro de mayor equidad y libertades. A través de ellos también se demuestra la manera en que este fenómeno alcanza espacios y situaciones de diversa índole, sin distinción de edades, razas, etnias, posiciones sociales, niveles educacionales u ocupaciones predeterminadas, y que perfora como un fantasma multifacético los ideales de parejas soñados y perseguidos por la juventud.

La incidencia de los estereotipos de género es evidente, de modo que las mujeres siguen estando en una posición de desventaja social respecto a los hombres, quienes las ponen generalmente en posición de víctimas.

Se necesita entonces una reducción global de concepciones sexistas e inhumanas en sentido general, que garantice iguales derechos y deberes a cada ser humano, sin distinción de su sexo biológico u otras variables socio demográficas. De ahí que sea un reto seguir trabajando en función de desmontar «la mística de la masculinidad violenta» e ir pensando nuevos mecanismos que limiten el paso de estos estereotipos a las nuevas generaciones, que deben recibir una educación bajo paradigmas diferentes y en pos de una cultura de paz que paute su actuar en el futuro.

 

Notas

1 Entendemos el noviazgo como «una relación social explícitamente acordada entre dos personas para acompañarse en las actividades recreativas y sociales, y en la cual se expresan sentimientos amorosos y emocionales a través de la palabra y los contactos corporales» (Rodríguez & de Kejzer, 2002, p.42).

2 Término jurídico que se refiere a la persona, desde el momento de su nacimiento hasta su muerte, e implica su capacidad para ser titular de derechos y obligaciones. Artículo 28.1: Código Civil Cubano, vigente desde 1987.

3 Clotilde Proveyer Cervantes: «Cultura patriarcal y socialización de género. Claves para la construcción de la identidad genérica», en: Clotilde Proveyer Cervantes (Compiladora): Selección de lecturas de género, Editorial Félix Varela. La Habana, 2005, pp.: 162.

4 Keytel García Rodríguez: Yo, tú ¡Al fin nosotros!, Editorial Gente Nueva, La Habana, 2006.

 

Bibliografía Consultada

CORSI, JORGE. «La violencia en el contexto familiar como problema social». En: Corsi, Jorge (Compilador). Maltrato y abuso en el ámbito doméstico. Fundamentos teóricos para el estudio de la violencia en las relaciones familiares. Editorial Piados. Buenos Aires, 2003.

MARTÍNEZ, LUCÍA. Q. La violencia de género en la relación de pareja. ¿Una cuestión no perceptible en la vida cotidiana? Revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Zulia. Maracaibo, 2003.

PROVEYER CERVANTES, CLOTILDE. «La violencia contra la mujer en las relaciones de pareja. Consideraciones para su estudio». En: Proveyer Cervantes, Clotilde (Compiladora). Selección de lecturas de sociología y política social de género. Editorial Félix Varela. Ciudad de la Habana, 2005.

SAFFIOTI, HELEITH I.B. «Los ejes del poder: violencia de género en Brasil». En: Brasileiro, Eva María (compiladora). Las mujeres contra la violencia, rompiendo el silencio. Reflexiones sobre la experiencia en América Latina y el Caribe. UNIFEM. New York, 1997.

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