Mujeres abren memorias de la violencia

Yaima, Julia y Magalis son mujeres totalmente distintas, si se atiende a sus edades, procedencias y expectativas. Sin embargo, sus historias de vida marcan una ruta común: han sido víctimas de la violencia de género e intentan superar las marcas intensas que les dejó esa experiencia.

Aunque no se han utilizado sus verdaderos nombres para preservar su identidad, sí son suyas las voces que se escuchan en la serie documental La corrosión de la memoria e ilustran distintas formas de vivenciar la agresividad machista. Realizada por Ayleé Ibáñez, la serie tuvo su presentación el pasado 17 de abril en el Centro Cultural Fresa y Chocolate, de la capital cubana.

La propia Ibáñez asume la representación de estas mujeres, en escenas cotidianas e íntimas, durante los tres capítulos, centrados en los testimonios de cada una, mientras en off se escuchan las reflexiones de las protagonistas a partir de los malos tratos sufridos por parte de sus parejas o familiares cercanos.

El acoso, la violación sexual, el daño físico y sicológico, la dependencia económica, entre otras manifestaciones de la violencia de género, salen a relucir en las entrevistas.

Además, se pone en evidencia la necesidad de contar con una red de apoyo familiar que permita a las víctimas salir del círculo de la violencia, las afectaciones que esta trae en hijos e hijas, así como implementar mecanismos efectivos para su atención desde las instancias públicas y penalizar con justicia a quienes las vulneran.

La elección estética, cercana a las artes plásticas, continúa lo mostrado en Palymsesto (2010), ópera prima de la historiadora de arte. En ella se recoge el testimonio de una víctima reiterada de violencia de género, quien luego de presentar más de una decena de denuncias a la policía tomó la justicia en sus manos y asesinó al agresor.

«Me interesaba entender por qué algunas personas, ante situaciones límite, reaccionan de manera violenta, e inconscientemente llegué al tema de la violencia de género», comenta la realizadora.

En el caso de la serie, producida por el Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR), con apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), intentó profundizar en la historia de otras víctimas para saber en qué medida esta situación les afectó a ellas y a sus familias.

Especialistas como las profesoras universitarias Norma Vasallo y Magela Romero, así como Zulema Hidalgo, de OAR, asistieron la investigación que duró varios meses, durante los cuales la realizadora sostuvo entrevistas con mujeres beneficiadas por el trabajo de prevención y atención a la violencia de género, coordinado por OAR y las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

«Me propuse apropiarme de sus identidades con el uso del propio cuerpo, como si fuera a mí a quien había sucedido todo lo que ellas me contaban en los distintos encuentros que tuve con cada personaje», anota la directora en un plegable distribuido en la presentación.

Según reveló a SEMlac, la selección de las protagonistas pretendió abarcar diversidad de violencias, edades y capas sociales, para demostrar que este problema puede afectar a cualquier mujer solo por el hecho de serlo.

En cuanto al título, la artista apela al recuerdo como «el recurso que se emplea en la narración de estas historias corroídas por el dolor y la violencia», señala.

Para la profesora Norma Vasallo, los documentales ayudan a hacer visible las causas y consecuencias de este problema. «Podemos conocer de la propia voz de las protagonistas las dinámicas profundas de un proceso generalmente desconocido por observadores externos que, por tanto, juzgan a partir de mitos y prejuicios», destaca.

La presidenta de la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana recomendó utilizar los materiales en la sensibilización y preparación de profesionales de la Medicina, el Derecho, la Psicología, entre otras especialidades que deben dar respuesta a estos asuntos.

«La violencia de género tiene su especificidad, que la diferencia de otro tipo de agresiones, pero por desconocimiento, a veces, se usan técnicas inadecuadas», explica.

Muchas veces, especialistas y personal profesional terminan reproduciendo los mitos que sostienen la violencia de género, como que las víctimas son masoquistas y «aguantonas» por no abandonar a sus esposos, porque desconocen las complejidades que operan tras estas relaciones, añade.

El público presente exhortó a llevar este tipo de obras a la televisión nacional, además de utilizarlas para organizar debates comunitarios sobre la violencia de género.

Por el momento, Ibáñez adelantó la intención de presentar sus documentales en festivales de cine y aseguró que serán utilizados por OAR y otras organizaciones dedicadas a estos temas en las comunidades.

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