Lourdes Fernández: Educar para una cultura crítica de género

Sobre la violencia contra las mujeres por motivos de género abundan creencias erradas que sostienen la normalización de esta agresividad, especialmente en las relaciones de pareja.

Para comprender que esta violencia no es «natural», sino aprendida, es preciso romper con los falsos supuestos sobre el maltratador y la mujer maltratada que permanecen en nuestras sociedades y comprender que la violencia de género se sostiene en un ciclo en el cual pesan mucho las dependencias de la víctima con su victimario.

La doctora en psicología Lourdes Fernández Rius ha investigado sobre la violencia que sufren las mujeres y sus consecuencias psicológicas, muchas veces acentuadas por nociones equivocadas acerca del verdadero origen de este tipo de maltrato: las diferencias de poder entre hombres y mujeres en las sociedades patriarcales.

A juicio de la catedrática cubana, entre los principales mitos asociados a la violencia de género se encuentran que «entre marido y mujer nadie se debe meter», dejando en el ámbito privado las consecuencias de este acto.

También se dice que «algo habrá hecho la mujer» o «que los hombres son así y no pueden controlarse».

«En cualquier caso, se intenta naturalizar este orden de poder para convertirlo en algo privado, casual, del espacio personal, en lugar de evidenciar y admitir que es algo del orden de lo sociocultural y estructural», explica a SEMlac Fernández Rius.

De esa manera, se omite la afirmación de Kate Millet de que «lo personal es político», explica.

Otra expresión de estos mitos es culpabilizar a la mujer, lo que la convierte en doble víctima; o cuando se acentúan elementos biológicos asociados a las particularidades sexuales del varón, abunda la investigadora.

Aunque hay más creencias erradas sobre la violencia de género —como asociarla al consumo de alcohol y drogas—, para Fernández Rius los criterios descritos se mantienen presentes con fuerza en la sociedad cubana, especialmente el que remite a la privacidad de la pareja.

 

¿Qué factores sociales, familiares y subjetivos influyen en la perpetuación de estos supuestos? ¿Cómo desmontarlos?

 

La perpetuidad está en la prevalencia de la sociedad patriarcal, en la hegemonía de una noción de masculinidad, en la subsistencia del orden de poder de género, lo cual posee su expresión en la subjetividad social, en su nivel más macro o medio, como la familia y el individual.

Desmontarlo requiere educar hacia una cultura crítica de género en diversos niveles y espacios de actuación, así como de voluntades políticas que, de modo intencional, intenten incidir en la promoción de cambios en este sentido.

 

¿Cómo contribuyen estos mitos al sostenimiento acrítico de la violencia de género?

 

Los mitos naturalizan este orden de poder, promueven una familiaridad acrítica que contribuye a sostener la violencia de género e, igualmente, limitan las acciones de prevención y atención al existir insuficiente conciencia de este hecho, tanto entre la ciudadanía como entre los decisores públicos.

 

Sobre las mujeres víctimas de algún tipo de violencia machista suelen existir juicios desvalorizantes. ¿Cuáles son las principales consecuencias psicológicas de estas situaciones?

 

Una de ellas es la disminución de la autoestima ante la doble victimización. Otras pueden ser la depresión, la ansiedad y fuertes temores instalados ante la posible duda de reiteración y el miedo a la repetición del acto violento, unido a la persistencia de actuaciones de acoso de género.

Las personas y/o instituciones que ayudan a estas mujeres deben tener, ante todo, conocimientos profundos de teoría feminista y perspectiva de género.

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