Centro cristiano prioriza atención a mujeres violentadas

Por momentos, Oslaidys Velázquez pensó que no tenía derecho a la felicidad. La violencia machista se ensañó con esta cubana, abusada en la infancia por su padre, violada a los 21 años por un vecino y maltratada psicológica y físicamente por su esposo.

El agresor sexual le desgarró el útero y le propinó fracturas en la pelvis, costillas y un pómulo. Pero lo más doloroso de aquella experiencia fue la reacción del marido, quien dio crédito al violador callejero cuando aseguró en el juicio que ella lo provocaba.

Durante una década, Velásquez recibió gritos, humillaciones, empujones y bofetadas al interior del hogar, donde crecían entre la amargura su hijo enfermo de artritis reumatoide y su hija con lupus.

Logró divorciarse y encontró una persona más colaboradora, pero con el tiempo resultó controlador: apenas le permitía salir de la casa y le prohibió trabajar.

«Me hacía sentir insuficiente, ahogada, hasta que de tanta coacción decidí levantarme», confiesa a SEMlac la mujer de 37 años, que encontró apoyo en la Mesa de Consulta y Orientación Psicopastoral del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba (CCRD) de Cárdenas, Matanzas, a 150 kilómetros de La Habana.

Hasta allí había ido buscando herramientas para ayudar a su hija cuando compañeras de su escuela la golpearon, pero con el tiempo también comenzó a ser atendida.
«Aunque parecía fuerte, en lo interno estaba dañada por continuas situaciones de desesperación y tragedia que, incluso, me hicieron pensar en el suicidio», revela la antigua trabajadora del turismo.

Con las psicoterapias y la participación en talleres grupales junto a otras mujeres víctimas de violencia promovidos por el CCRD, Velázquez dejó de culpabilizarse por lo que había vivido y se convirtió en activista dentro de la comunidad cristiana para ayudar a otras mujeres en su situación.

«Aprendí que la violencia no solo es física, sino psicológica y, para superarla completamente, se necesita ayuda, sobre todo profesional», opina la actual secretaria sin quebrar un instante el tono de su voz.

 

Servicio a las víctimas

Las psicólogas del CCRD Valia Soliz (izquiera) y Rocío Fernández Ruiz (derecha) se han especializado en temas de género.La atención especializada a quienes soportan violencia de género resulta imprescindible para superar ciclos de maltrato que, por lo general, desencadenan en las mujeres la baja autoestima, malestares ansiosos y depresión, coinciden personas expertas.

El CCRD perfecciona desde hace tres años este servicio, poco común en el país caribeño, donde la mayor parte de las acciones para frenar la agresividad machista se encaminan a la prevención.

Actualmente, la institución de la sociedad civil cuenta con dos psicólogas a tiempo completo y una psiquiatra que colabora en casos de mayor complejidad, todas expertas en género.

«La consulta está abierta a todo tipo de personas, pero la comunidad y las instituciones sociales nos han ido visualizando en el tratamiento de conflictos familiares y de violencia», explica a SEMlac Valia Solís Peraza, al frente del proyecto.

De las 591 personas atendidas en lo que va de año, 43 por ciento eran mujeres y en nueve de los casos las especialistas debieron tomar parte en procesos legales. En 2013 sumaron 802 asistentes a terapias individuales y grupales, con similar proporción femenina.

Si bien las mujeres que acuden casi siempre solicitan ayuda para sus hijos e hijas, la psicóloga constata que con el tiempo van develando situaciones de maltrato por motivos de género, asumidas de manera inconsciente.

El mito de que este es un asunto de pareja y la mujer debe soportarlo para conservar su familia se encuentra muy arraigado, reafirma la entendida.

Aunque el CCRD no tiene en su objeto ir más allá del apoyo psicológico y espiritual, en casos necesarios intentan persuadir a las afrentadas para apelar a procesos penales.

«Tenemos una responsabilidad con el bienestar psicológico y físico de las pacientes y ante un caso de violencia con peligro para la vida les sugerimos que vayan al tribunal, aunque nunca decidimos por ellas ni las forzamos», aclara Solís.

En alianza con la policía, la fiscalía municipal y los tribunales de familia, han podido intervenir en el desenlace judicial de situaciones de maltrato, pero no siempre encuentran profesionales sensibilizados en estos espacios.

«Si quien debe encargarse de viabilizar el proceso de atención a las víctimas tiene las mismas creencias equivocadas sobre la violencia de género, su ejercicio es inefectivo», asegura la psicóloga.

 

Tras las causas culturales

El machismo que sigue concibiendo a la mujer dentro de espacios tradicionales es, a juicio de las expertas consultadas, el motivo principal para la creciente agresividad que viven las cubanas.

En sus 27 años de experiencia, la doctora María Caridad Pérez Santana asegura que la violencia es uno de los problemas más frecuentes a los que se enfrentan las mujeres.«La violencia es un fenómeno que se silencia porque las mujeres lo consideran parte de sus vidas y los hombres son educados en ella», reflexiona con SEMlac la psiquiatra María Caridad Pérez Santana, con 27 años de ejercicio.

Para la doctora, este tipo de maltrato constituye un serio problema social y de salud para el cual no solo basta el apoyo psicológico.

«La violencia deja huellas que no se borran y afecta no solo a la persona que la recibe, sino a su familia y entorno social, sobre todo si hay hijos», acota la trabajadora de salud.

En su criterio, el país requiere estrategias más integrales y efectivas para responder a este fenómeno, sobre todo en la preparación de expertos, las campañas de sensibilización y los recursos legales de las víctimas.

Desde su fundación a inicios de la pasada década del noventa, el CCRD trabaja con mujeres violentadas, al ser este uno de los problemas sociales identificados durante el ejercicio pastoral de su fundador, Raimundo García.

«Históricamente, la mujer ha sido tratada como un objeto, un instrumento, una cosa que usar, y eso desencadena una enorme violencia que todavía permanece en Cuba», declara a SEMlac el reverendo.

Junto a la atención psicológica, la institución desarrolla acciones de capacitación a especialistas y prevención comunitaria de la violencia de género, develando sus causas culturales en las desigualdades de poder entre hombres y mujeres.

En 2013, el centro promovió talleres sobre género y violencia en ocho comunidades rurales de Matanzas, dirigidos a líderes religiosos, actores gubernamentales de la localidad, mujeres y jóvenes, con apoyo de varias agencias y organizaciones no gubernamentales de cooperación internacional.

Uno de los proyectos futuros del colectivo es crear un refugio para casos extremos de maltrato donde se proteja la integridad física de la mujer en momentos cruciales, revela a SEMlac Rita García, directora de la institución.

Además, el Programa Académico del CCRD ofrece talleres y cursos donde se insertan muchas de las mujeres atendidas como modo de favorecer nuevos vínculos sociales, incrementar su autoestima y brindarles opciones de autonomía económica mediante la adquisición de conocimientos y habilidades para el desarrollo de manualidades y la conservación de alimentos.

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