Caminos frente a la violencia

Por Dixie Edith y Raquel Sierra

La violencia contra la mujer constituye aún un problema social en Cuba y la preocupación de los distintos actores sociales debe ser cada vez mayor, recomendó la doctora en Sociología Clotilde Proveyer, durante un panel celebrado por la Cátedra de la Mujer, de la Universidad de La Habana, el 24 de noviembre.
La jornada conmemoró los 15 años de vida de la cátedra, una de las instituciones académicas desde donde se producen regularmente estudios acerca de la violencia intrafamiliar y las acciones de este colectivo dentro de la jornada mundial de lucha contra el flagelo.
Proveyer, profesora de la Universidad de La Habana, fundadora de la cátedra y miembro del Grupo de Trabajo Nacional para la atención y la prevención de la Violencia intrafamiliar en Cuba explicó que en la isla es necesario visualizar más el fenómeno en la sociedad y también desarrollar nuevas estrategias de prevención y atención.
«La violencia intrafamiliar no distingue edades, niveles educativos, ni grupos socioeconómicos. Cuando la violencia irrumpe en la familia suele convertirse en un hecho cotidiano», caracterizó Proveyer.
Investigaciones sostienen que el uso de la fuerza para imponer formas de ser y actuar, y para refrendar la autoridad, se sustenta en las inequidades y discriminaciones que se dan en las relaciones entre hombres y mujeres, y entre generaciones, las cuales adoptan múltiples formas.
El panel precisó que muchas de las formas que adquiere la violencia contra la mujer, como la mutilación genital, el tráfico de mujeres, el infanticidio femenino, el acceso diferencial a los alimentos o el control coercitivo sobre la reproducción no se practican en Cuba. «La disminución y eliminación de varias de las formas de violencia contra la mujer en Cuba se debe, sobre todo, a los cambios operados en la situación social de las mujeres, al incremento de la conciencia de género y a la aplicación de políticas sociales», explicó Proveyer.
Para la doctora, los cambios operados en la situación social de las cubanas han contribuido a modificar las relaciones ínter genéricas pero, «no podría afirmarse que ellos han sido suficientes para suprimir todas las manifestaciones de violencia, aunque contribuyen a desmontar las bases que sostienen el maltrato a la mujer, dígase el poder masculino en todas las esferas de la vida social».
Proveyer también citó el impacto del bloqueo estadounidense contra Cuba como una forma de violencia que genera altísimos costos para las cubanas en todas las esferas de la vida.
El panel, coordinado por Yolanda Ferrer, secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), contó además con las intervenciones de Sonia Beretervide, dirigente de la organización femenina; la doctora Mayda Álvarez, directora de su centro de estudios; la abogada Yamila González, de la Unión de Juristas y Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual.
González explicó cómo se ha implementado en las leyes el enfrentamiento a la violencia. La jurista detalló que, desde 1999, se incorporó al Código Penal un nuevo criterio que establece que ser cónyuge o la existencia de determinado grado de parentesco entre la víctima y el opresor constituyen agravantes a la hora de juzgar delitos contra la vida y la integridad corporal, y contra el normal desarrollo de las relaciones sexuales, la familia y la infancia.
Cifras citadas durante el panel confirman que, en algún momento de sus vidas, más del 50 por ciento de todas las mujeres latinoamericanas han sido objeto de agresiones en sus hogares. El fenómeno compromete el 14, 6 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) de la región, lo que equivale a aproximadamente a 170 mil millones de dólares.
En el mundo, una de cada tres mujeres es golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometidas a algún otro tipo de abusos a lo largo de su vida y según la Organización Mundial de la Salud, (OMS), el 70 por ciento de las mujeres víctimas de asesinato muere a manos de su pareja o cónyuge.
«El hecho de que frecuentemente los actos de violencia contra las mujeres sean considerados como situaciones normales contribuye a su invisibilidad y permite que los agresores permanezcan impunes», asegura Proveyer.

Compartir experiencias para hallar soluciones
Hasta hace poco tiempo, la violencia se consideraba inexistente en Cuba. Sin embargo, diversos estudios revelan que un alto porcentaje de mujeres sufre algún tipo de violencia y un elevado porcentaje de los y las adolescentes presencian violencia verbal, amenazas y golpes.
Para encarar este problema y responder preguntas como ¿cuánto se ha hecho para evitar la violencia, qué nuevas vías transitar, cómo alcanzar la integralidad y llegar a más personas e instituciones? se realizó recientemente en esta capital el evento nacional «Aprendiendo a vivir sin violencia», organizado por el Grupo de Reflexión y Solidaridad «Oscar Romero».
El encuentro, coauspiciado por la Agencia Suiza de Cooperación (Cosude), reunió durante dos días a investigadores, especialistas, representantes de organizaciones no gubernamentales cubanas e internacionales y responsables de proyectos de diferentes partes de la geografía de la isla para conocer experiencias comunitarias en el tratamiento a la violencia, escuchar criterios de expertos y resultados de investigaciones.
Uno de los aspectos básicos de los debates, en opinión de muchos participantes, fue aclarar conceptos para estar seguros de qué conductas, actitudes y modelos se quiere modificar, y que todos incluyan el enfoque de género.
La reunión cumplió el objetivo esencial: intercambiar procesos en marcha sobre las prácticas más adecuadas en la convivencia intrafamiliar-comunitaria que contribuyan a desnaturalizar la violencia y propiciar espacios de articulación con otras comunidades, instituciones y expertos.
Además de presentaciones, el encuentro contó con un panel de expertos en el cual se trataron temas como los procesos jurídicos ante la práctica de la violencia, la mirada desde las ciencias forenses y la relación entre masculinidad y violencia.
Los nicaragüenses Juan Jiménez y Xavier Muñoz, en representación de la Asociación de Hombres contra la Violencia de Nicaragua, dieron a conocer esta experiencia que funciona desde 1993 y trabaja con grupos de hombres en diferentes comunidades.
Con mucho tacto, sin emplear términos que pueden ahuyentar a los potenciales integrantes de los talleres, abordan temas como matrimonio, salud sexual y reproductiva, paternidad y violencia e involucran a líderes de la comunidad que puedan impulsar con posterioridad los procesos educativos.
De acuerdo con Muñoz, esa asociación fue de las que expresó recientemente su rechazo a la decisión de diputadas y diputados de abolir en Nicaragua el aborto terapéutico, solicitado por la Iglesia Católica, lo que consideró «un retroceso impresionante».
«Esa situación deja sin salida a muchas mujeres violadas. Desde que fue adoptada esa decisión, varias han muerto porque los médicos se negaron a atenderlas por miedo a las medidas de prisión anunciadas», dijo.
Durante el encuentro también se presentó el libro «Cómo convivir sin violencia. Metodología para la intervención y prevención de la violencia intrafamiliar», propuesta del grupo de familia del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas de Cuba.
Berta Durán, integrante del equipo de investigación, explicó que el estudio propone un modelo que orienta a los padres sobre cómo prevenir el surgimiento y desarrollo de conductas violentas en el seno de la familia, desde una educación positiva.
El trabajo de los investigadores incluyó desde el diagnóstico a niños con técnicas indirectas, sensibilización, talleres y otras iniciativas, hasta sesiones de autorreflexión, aprendizaje para cambiar el concepto de poder y solución de conflictos, entre otros aspectos dirigidos a la creación de un clima familiar positivo.
Según Durán, «hay que romper el mito de que `las buenas familias no discuten´, las familias discuten para analizar conflictos y encontrar soluciones», aseveró.
Hildelisa Leal, colaboradora del proyecto comunitario La Ceiba y ex profesora de genética, indicó que el tema de la violencia debe ser abordado según las características sociales, educacionales y de tradición del grupo con el cual se trabaje, para poder llegar con el mensaje.
Por su parte, especialistas y actoras de los Talleres Integrales de Transformación de los barrios el Canal, Balcón-Arimao y Atarés-El Pilar, en La Habana, expusieron las experiencias de los proyectos comunitarios que desarrollan para visibilizar y prevenir la violencia que impacta negativamente a la familia.
«Convivir sin violencia» sirvió también de espacio para la creación de la Red para el proceso de articulación que permita mantener un constante intercambio de información, conocimientos y experiencias entre los participantes, representantes de instituciones, proyectos y organizaciones no gubernamentales que impulsan la defensa de la no violencia.
(La Habana, noviembre de 2006)

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