Se “feminizan” las edades maduras

Por Dixie Edith
Cuba avanza hacia la “feminización” de las edades maduras y, como consecuencia, registra un incremento sustancial de la viudez entre las mujeres, confirma un estudio del doctor Raúl Hernández Castellón, del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), de la Universidad de La Habana.
Según este demógrafo “las enormes proporciones de viudas”, que triplican la cifra de sus congéneres en igual situación, constituyen un gran reto “para la sociedad y la familia”.
Benigna Torres Ortega, ama de casa de 82 años, perdió a su esposo hace casi tres décadas y es una de esas mujeres a las que se refiere Hernández.
“Estoy sola desde que mis nietas, que vivían conmigo, se casaron y formaron sus familias. A veces me deprimo, pues estuve casada treinta años y no me acostumbro a la soledad, pero nunca me he sentido abandonada, pues las muchachitas siempre están dándome vueltas”, contó esta octogenaria capitalina a SEMlac. La situación de la viudez femenina “se agrava aún más por el hecho de que, tradicionalmente, la edad de los hombres al matrimonio era mayor”, precisa el investigador del CEDEM. Por ese motivo, ellos fallecían primero.
Y también por “la mayor propensión masculina a contraer nuevas nupcias al perder el vínculo conyugal por cualquier causa”, refiere la investigación de Hernández, Cuba: Envejecimiento y estado conyugal de la población.
Según datos del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), la situación no es privativa de esta nación caribeña.
“Las mujeres predominarán entre las personas mayores del continente hacia 2050. Ellas serán el 55 por ciento entre las mayores de 60 años y superarán 60 por ciento entre las de 80 años y más”, pronosticó un informe del organismo internacional, publicado en 2003.
La expectativa de vida de las latinoamericanas, al llegar a los 60 años, “alcanzará valores cercanos a los 24 años”, agregó el texto.
Para Hernández, “a primera vista, parecería que la situación de estas mujeres es bastante penosa. No obstante, el hecho de que su especialización, hasta entonces, haya sido la reproducción, las capacita más para las condiciones de vida propias de la tercera edad que a los (hombres) que han dedicado su vida activa a las actividades productivas”.
Con muy buena salud y autosuficiente en cuanto a las labores domésticas, Torres no ha querido irse a vivir con sus hijas o nietas, pues asegura “que no podría ser feliz fuera del barrio adonde se mudó hace 68 años”.
Rosa María Domínguez, la hija mayor de esta anciana, divorciada y recién jubilada del sector educacional, respeta la decisión de la madre, pero no la comparte.
“Estaría más tranquila si ella quisiera venir a vivir conmigo, que también estoy sola. Aunque no estamos muy lejos, mi madre no tiene teléfono en casa y siempre dependo de los vecinos para saber si está bien”, relató a SEMlac
La decisión de Torres está en línea con las reflexiones del profesor Hernández.
Según este investigador, la jubilación “difumina las diferencias entre hombres y mujeres, ya que los roles tradicionales femeninos proporcionan a la mujer madura una independencia y una autosuficiencia de la que carecen los hombres de la misma edad”.
La encuesta Salud, Bienestar y Envejecimiento en las Américas (SABE), realizada en siete ciudades latinoamericanas y caribeñas, arrojó que, gran cantidad de personas mayores vive con hijos e hijas, en proporciones que oscilan entre 40 y 65 por ciento.
Las mayores cifras se detectaron en México, Santiago de Chile y La Habana; y las menores, en Buenos Aires, Montevideo y Bridgetown (capital de Barbados).
Solicite el trabajo completo a semcuba@ceniai.inf.cu

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