En medio de la convulsa situación que vive Cuba, la Federación de Mujeres Cubanas cumplió su 60 aniversario; 60 años de arduo trabajo por y con las mujeres. Fue en saludo a este acontecimiento que, el pasado 23 de agosto, Yoruba Man y la Cuarta Lucía se unificaron para crear el proyecto TocAshé. Con sede en la filial granmense de la Asociación Hermanos Saíz, TocAshé emana de la necesidad de contribuir a la lucha contra el racismo mediante el compartir, con mujeres y hombres, los saberes de la cultura afrocubana y afrocaribeña.

Yoruba Man es una agrupación folclórica que se distingue por incorporar a su repertorio ritmos y tradiciones de la provincia. Está integrado, fundamentalmente, por mujeres que tocan los tambores Batá y tienen una filosofía de vida que recupera y resignifica los saberes de nuestras ancestras y ancestros. Durante sus varios años, las integrantes de Yoruba Man han trabajado en la consolidación de los valores familiares y del autorespeto que debemos tenernos las personas afrodescendientes, no solo desde el arte, sino también desde el intercambio de saberes y tradiciones con las personas de la comunidad en la que habitan.

Por su parte, La Cuarta Lucía es una plataforma feminista de promoción sociocultural, cuya finalidad esencial es contribuir a la descolonización cultural del pueblo bayamés y granmense. De ahí que la lucha contra todas las formas de discriminación, así como la construcción de nuevas formas de existir, estén en su propia esencia. Como plataforma al fin, busca la articulación con otros proyectos de la provincia y el país para lograr una mayor incidencia en ese engorroso proceso de concientizar y sensibilizar a las personas. Es esta una de las razones por las que se vincula con Yoruba Man para fundar TocAshé.

La inspiración para crear este proyecto proviene de varios afluentes. El primero de ellos es la dedicación de Ana Elba Palacio en la educación de sus hijas Nayade y Nadia Duanys Palacio, con la finalidad de que aprendan a amar y llevar con dignidad su identidad como mujeres afrodescendientes. Gracias a esta encomiable labor, que siempre ha estado complementada con el apoyo del destacado músico Armando Duanys de la Paz, las muchachas han venido adquiriendo conocimientos que les han permitido mantener una estética de resistencia ante el paradigma universal de lo humano establecido por el sistema mundo patriarcal.

Otro elemento impulsor de esta iniciativa es el trabajo de proyectos como El Club del Espendrú, cuya apuesta por la vindicación de la cultura afrocubana ha venido impactando en la toma de conciencia de muchas personas sobre la necesidad de crear espacios para generar intercambio cultural y compromiso social con las luchas por la equidad y la justicia social. Espacios que –-como bien afirman sus integrantes– sirvan para mostrar-nos, reconocer-nos, aprender e interactuar. Pero, sin lugar a dudas, la mayor inspiración proviene de la realidad misma.

En ese sentido, debemos recordar que, a pesar de las medidas adoptadas desde el triunfo de la Revolución cubana para eliminar la discriminación racial, este continúa siendo un problema al que nos enfrentamos constantemente y desde diversas esferas de la realidad. Aunque el estado garantiza los derechos fundamentales de toda la ciudadanía cubana como lo son el acceso a la educación, la salud, la recreación y otros, afrontamos  más de cuatro siglos de una cultura patriarcal, que incluye entre sus matrices de opresión al racismo, el cual se entrecruza con otra multiplicidad de discriminaciones.

Como fenómeno cultural, el racismo en Cuba está presente en todo el universo simbólico que se produce y reproduce a través del arte, los medios de comunicación y hasta en las líneas de productos que se comercializan en las tiendas recaudadoras de divisa para el tratamiento del cabello o la piel.  Es por ello que TocAshé se constituye en un proyecto que recupera para mujeres y hombres los saberes construidos por nuestras ancestras, pero también los que muchas afrocubanas, afrocaribeñas y afrolatinas han venido creando y compartiendo para dotarnos de alternativas que nos permitan enfrentar el profundo blanqueamiento de la estética patriarcal, colonial y neoliberal.

“Identidad, autenticidad y originalidad” son las palabras empleadas por la doctora Ana María Infante para describir la significación del proyecto para las mujeres afrodescendientes de Bayamo, una ciudad donde el laciamiento está instituido como única alternativa para las mujeres afrodescendientes desde tiempos inmemoriales. Esta situación adquiere matices diferentes a los de otras provincias del país donde, ya sea por moda o por tradición, es mucho más frecuente que las personas lleven sus rizos naturales.

Para la periodista Liuba Mustelier, los encuentros auspiciados por TocAshé constituyen “una manera de apropiarnos de conocimientos. Saber cómo llevar nuestro cabello, o sea, de realzar más lo que nos identifica como mujeres afrodescendientes y hacerlo de una manera natural, de una manera que luzcamos más bellas… con las pasas.”

Y es que en estos encuentros se comparten saberes relacionados con múltiples tradiciones africanas y afrocubanas, como el uso del turbante, las plantas medicinales y los múltiples productos naturales que podemos usar para el cuidado de nuestros cabellos rizos. Lo trascendental es que no se trata de compartir saberes para establecer una moda pasajera sino para dotar a mujeres y hombres de conocimientos a los cuales resulta difícil acceder mediante las fuentes oficiales y que les proporcionan independencia y autonomía. De esta manera, dichos saberes se convierten en herramientas para el empoderamiento de esas personas que eligen mantener una estética afro.

En consonancia con esto, expresa Evelyn Márquez, TocAshé es “una manera también de desinhibirse de ciertos patrones que uno cree a veces que están bien pero al final bueno, cada quien escoge su estilo. Si te gusta alisado hay que respetarlo pero si te gusta rizo también… lo natural hay que respetarlo.”

Otro aspecto importante del proyecto es la promoción de la identidad afrocubana a través de la música. Para ello se ha tomado como in iciativa compartir la historia y el ritmo de un instrumento en cada encuentro. El proceso se inició con la llamada “percusión menor”; denominación que las anfitrionas rechazan, pues consideran que todos los instrumentos son de igual importancia dentro de la agrupación. Tal visión está en correspondencia con el espíritu emancipatorio del proyecto, que Eileen Márquez y Dolores Estrada resumen al expresar que el acercamiento a la historia y las esencias de este tipo de música “influye en ampliar nuestros horizontes culturales acerca de nuestra identidad y de nuestras raíces africanas” y “nos hace recordar nuestras raíces africanas”.

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