Paradigmas en crisis desde la narrativa de las mujeres

Por Sara Más

Más allá de estilos, géneros literarios, ambientes y generaciones, las autoras de la narrativa cubana de los noventa marcaron un cambio y han puesto en crisis los paradigmas femeninos, al menos, en la literatura.
Ellas rechazan un tipo de feminidad que privilegie los roles tradicionales y arman  personajes que  son expresión de la movilidad femenina en la sociedad, aún debatiéndose entre la emancipación y lo tradicional, al decir de la periodista Helen Hernández Hormilla, autora de un estudio sobre el tema.

“Nos encontramos ante una representación social de la mujer que trasciende criterios homogéneos para convertirse, en su mayoría, en representaciones emancipadas, entendidas como portadoras de una variación al encauzar los estereotipos y prejuicios de la feminidad”, comentó Hernández Hormilla durante el encuentro de medios nacionales sobre Género y Comunicación, efectuado el pasado 31 de marzo en la capital cubana.
Al investigar la narrativa femenina cubana de los noventa, Hernández Hormilla tuvo en cuenta a escritoras que publicaron libros de cuentos y novelas en Cuba, entre 1995 y 2007, entre ellas Nancy Alonso, Aida Bahr, Marilyn Bobes, Adelaida Fernández de Juan, Mylene Fernández Pintado, María Elena Llana, Ena Lucía Portela, Karla Suárez y Anna Lidia Vega Serova.
Como denominador común, ellas comienzan a insertar en sus páginas temas y conflictos poco explorados por la literatura nacional, como la prostitución, el homoerotismo, el incesto, el suicidio, la violencia doméstica, la emigración y los conflictos de la vida cotidiana, “temáticas indispensables para comprender la situación femenina durante esta etapa”, precisó la estudiosa.
Estos asuntos son tratados desde sus contenidos afectivos, subjetivos e individuales. A juicio de la investigadora, ello a veces entraña “la renuncia y el sacrificio de las mujeres”, lo que, a su juicio, “parece haber regresado a algunas de las tradicionales posturas de la feminidad”.
En los personajes femeninos de estas autoras se aprecia una liberación de la dependencia económica de la figura masculina, aunque esta se desplaza hacia la afectividad.
Hernández Hormilla agrega que, en las más jóvenes, se apuesta por nuevos modos de concebir a la mujer, “ya liberada de una relación de pareja dependiente, de una maternidad forzosa como designio divino y de un rol doméstico tradicional como limitante a la creatividad femenina”.
Igualmente dejan evidencia de conflictos intergeneracionales, especialmente entre un tipo de feminidad transgresora y una tradicional, encarnada esta última, mayormente, por madres, suegras o amigas “cuya actitud ante el género reproduce criterios canónicos”.
 En tanto, la función materna sigue siendo principal en la representación de la mujer, pero se trata de madres “que no parten de criterios rígidos, sino que apuestan por una maternidad independiente, activa y autónoma, que trata de romper con la condición de sacrificio inherente a sus posturas tradicionales”, apunta la investigadora.
 Si bien los cambios en la moral social y la ideología marcaron particularmente a la generación de narradoras nacidas antes de 1950, para las que les suceden, los problemas macrosociales no parecen relevantes y las consecuencias de la crisis en las mujeres se valoran, sobre todo, desde sus implicaciones económicas e individuales, más que éticas, concluye la investigadora.
 
Abril de 2010

(Solicite el trabajo completo a semcuba@ceniai.inf.cu)

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