Narradoras contemporáneas, los rostros del desafío

De la redacción / semcuba@ceniai.inf.cu

La literatura escrita por mujeres en Cuba se consolida a cuenta de desafíos, riesgos y carencias, pues aún el número de títulos publicados y el impacto de obras y creadoras no se traducen en la superación definitiva de viejos prejuicios culturales.
Si bien muchas personas opinan que la crisis económica, social y política que enfrentó esta isla del Caribe desde inicios de los noventa no ha sido del todo contada, estudiosas de la literatura consideran que las crónicas de aquella década y sus consecuencias habitan en gran medida en las páginas de esas narradoras, que plantaron nuevas miradas en el panorama cultural de la nación y más allá de sus fronteras.

Sus estrategias de supervivencia ante la crisis, conflictos en las relaciones familiares y la sexualidad, violencia contra las mujeres y las niñas, maternidad, emigración y el sentimiento insular figuran entre los tópicos de cuentos y novelas publicados desde entonces por ellas en la isla.
Entre los aportes de las narradoras de los noventa, especialistas identifican la diversidad temática y complejidad de personajes e historias que resultaron un vehículo para dialogar, desde el prisma femenino, con la compleja realidad de entonces.
A esos primeros temas se funden hoy nuevas miradas. En la primera década del siglo XXI sobresale la pluralidad temática y estilística que incluye, además, la literatura fantástica, los entornos surrealistas y una visión más desprejuiciada de la sexualidad femenina y la diversidad sexual.
«La primera década del siglo en curso ha sido el momento perfecto para el asentamiento de esos relatos, para que las autoras crezcan en ambición creativa y exploren otros mundos», declaró a SEMlac la ensayista y crítica literaria Zaida Capote Cruz.
Entre los nuevos ámbitos «hasta entonces más o menos vedados», la investigadora menciona la cárcel, la violación, la vida familiar como opresión, el contexto político cubano y otros sitios reales o imaginarios, «renunciando a esa presencia casi compulsiva de la cotidianeidad más directa que poblaba los primeros textos», comenta.

 

Impulsos que rompen el silencio…
Entre 1959 y 1984 se publicaron apenas 12 novelas escritas por mujeres y muchas no pueden calificarse como tales, afirmó la reconocida estudiosa cubana Luisa Campuzano.
En contraste, en la primera década del XXI se han publicado más de 30. «Resulta notable la abismal diferencia en cuanto a proporción y también calidad», sostuvo Campuzano durante el Coloquio Internacional «Aquel siglo XX…», celebrado en La Habana del 18 al 22 de febrero de 2013.
Estos coloquios, convocados desde 1992 por el Programa de Estudios de la Mujer de la Casa de las Américas, abrieron una ventana hacia los temas del feminismo, el género y la escritura de mujeres.
La primera de estas citas propició el encuentro entre integrantes del Programa de Estudios de la Mujer del Colegio de México (PIEM) e intelectuales y creadoras de la isla, lo que permitió el intercambio de bibliografía, el debate académico y el entrenamiento de varias jóvenes cubanas en el PIEM.
En 1996 salió a la luz la primera antología de narradoras cubanas publicada en el país: Estatuas de sal. Cuentistas cubanas contemporáneas. Panorama crítico (1959-1995), de la Editorial UNION, y a cargo de las escritoras Mirta Yañez y Marilyn Bobes, lo que marcó un punto de giro sin retorno.
Desde entonces, eventos promovidos dentro y fuera del país, la publicación de antologías, los premios ganados en importantes concurso literarios, el desarrollo de investigaciones y el trabajo constante de una crítica literaria feminista han fortalecido la producción de la narrativa hecha por cubanas.
A juicio de Capote, la crítica ha jugado un papel «no solo en la divulgación de la obra de estas autoras, sino en establecer también un diálogo productivo con ellas, señalando los hallazgos y errores, aunque en menor medida».
Sin embargo, nuevas generaciones de investigadoras señalan el escaso entrenamiento que desde la academia se promueve sobre la crítica literaria y artística desde un punto de vista feminista y de género.
La periodista Helen Hernández Hormilla, estudiosa de la literatura femenina contemporánea cubana, comentó a SEMlac la resistencia que aún pervive hacia estos temas.
«Desde lo institucional sigue siendo un tema al margen y, aunque desde la crítica se mantienen voces reconocidas como las de Luisa Campuzano, Mirta Yañez, Zaida Capote o Yanetsy Pino, desde los espacios más establecidos y canónicos no existe un empeño por ganar conciencia de que esa es también una perspectiva válida con la que se pueda analizar toda la literatura y el arte», dice.

De la escritura y más allá
Estudiosas y especialistas alertan sobre la ausencia de temas álgidos de la contemporaneidad cubana en textos de varias narradoras, pese al interés frecuente por las problemáticas sociales.
«La raza y el racismo son hoy tema vital, no existe polémica que no se presente en torno a ello en espacios académicos, sociales e incluso la prensa. Este es un aspecto muy delicado y con un espíritu de reivindicación muy fuerte, con todo derecho», apuntó Campuzano. «Sin embargo, ese tema no ha pasado a las novelas salvo en algunas obras», dijo durante uno de los debates del coloquio.
En opinión de Zaida Capote, a algunas les falta el riesgo, «crecer, escarbar con más ahínco en la búsqueda de una voz propia y un estilo más trabajado». Para ella, las limitaciones estarían en rendirse, acomodarse y continuar escribiendo lo mismo e igual», señaló.
Pero, más allá del ejercicio mismo de la escritura, para muchas se impone la superación de viejos prejuicios y una mejor representación en espacios culturales.
Hernández Hormilla llama la atención sobre la contradictoria ausencia de las escritoras en los jurados de concursos literarios en el país, siendo muchas de ellas ganadoras en ediciones anteriores. «La presencia de estas autoras en esos certámenes sería importante, en tanto aportarían otra visión desde su experiencia y concepción del canon», reconoce.
La inserción en el mercado literario es otro gran desafío. Aunque en el país existe un sistema editorial que cuenta con más de una veintena de editoriales -entre nacionales y provinciales-, la tirada de ejemplares y la distribución comercial resultan insuficientes.
Las escritoras cubanas, al igual que sus colegas varones, deben lidiar con los criterios que jerarquizan las obras según los temas que «venden desde Cuba», por lo que hallar agentes y editoriales internacionales que puedan dar a conocer de manera universal sus obras sin traicionar principios artísticos y éticos no resulta siempre fácil.

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