Menstruación, leyendas y prejuicios

Por Marta María Ramírez

Cuenta la leyenda yoruba que la mujer y el hombre acudieron a Olófin, la máxima autoridad dentro de la religión afrocubana, para solucionar una guerra que, nacida en los reclamos por la igualdad femenina, limitaba las relaciones sexuales entre ellos y así, la reproducción de la especie.
Olófin sopló su àsé (segunda de tres energías espirituales que este otorga para que las cosas pueden ser posibles) en dos calabazas abiertas. Luego de cerrarlas se las entregó y les ordenó esperar a ser citados para que él las destapara, obteniendo cada uno lo suyo. Mientras el hombre guardaba su calabaza, la mujer, curiosa, la abrió y se sintió mal físicamente por lo que lo convenció de ir a ver a Olófin, antes de la cita.
“Una de las calabazas contenía la inteligencia, el talento y todas las virtudes. La otra, la curiosidad, la envidia, la enfermedad y todos los defectos. A ti, mujer, te tocó lo último, por abrirla antes de tiempo”, explicó Olófin.
“Preocupada por su salud, la mujer preguntó si quedaría enferma, pero el Dios le dijo: ‘sube a mi diestra, que mi ego te curará’. En los escalones, ella empezó a sangrar por la vagina y al llegar a los pies de Olófin se le quitó”, narra a SEMlac el awo (sacerdote o babalawo) de Òrúnmílá, Orlando Vargas Castro, (sobre) el orígen místico del período menstrual.
Entonces, Olófin sentenció: “Tú, hombre, por tu comportamiento, serás el jefe de la familia, volverán a vivir juntos y tendrás muchos hijos, pero siempre que la veas con sangre, respetarás el contacto con ella”, según se recoge en el Odù menor Ògúndá Òsé (figura que representa los acontecimientos de la vida, basándose en fábulas y leyendas).
Pero los mitos que asocian a la menstruación con castigos o maleficios no son privativos de una religión o un país.
En el año 60 a.c., el historiador romano Plinio expuso que una mujer menstruante provocaba que el vino se volviera rancio, que las semillas se esterilizaran, que la fruta cayera de las ramas de los árboles y las plantas de los jardines se marchitaran.
Estas creencias han variado con el desarrollo de la ciencia, en dependencia del conocimiento que sobre el cuerpo han alcanzado mujeres y hombres.
“La menstruación ocurre al final de un ciclo menstrual en el que no se produjo un embarazo”, reafirma la especialista en ginecología Ana Margarita Solares. Sin embargo, aún hoy es común que una mujer se refiera a su menstruación, conocida como regla o período, con la frase: “estoy mala”.

Rompiendo prejuicios
“Mi primera menstruación fue a los 13 años. Ya sabía que algo así me podía suceder, pero me impresioné un poco por las limitaciones que me dijeron me traería”, recuerda Ana, estudiante universitaria de 24 años.
En Cuba no es usual que se relacione el llamado período a las propiedades demoníacas, aunque se mantienen a veces viejos preceptos, anclados en supuestas experiencias que se han ido transmitiendo de generación en generación.
“Desde la enseñanza primaria, niñas y niños reciben información sobre lo que ocurre en esas edades y durante el proceso de la menarquia o primera menstruación. Todos disponen del médico de la familia y de las consultas de ginecología infanto-juvenil”, asegura Solares a SEMlac.
No obstante, todavía no es muy bien visto que una mujer hable de la regla en un espacio público o familiar. Para Magda, ama de casa de 83 años, “este tabú se mantiene dada la educación recibida en nuestras casas. De eso no se hablaba abiertamente y eso no se cambia de la noche a la mañana”.
Entre tanto, Solares confiesa que “las adolescentes y mujeres jóvenes que vienen a mi consulta porque la menstruación les crea problema, me hablan sin reservas. Un poco más de trabajo le cuesta a la mujer menopáusica, quizá porque se siente inferior, al estar cerca de los 50 años”.
No obstante, a la especialista le preocupa que la población femenina con síntomas referidos al proceso menstrual no siempre acuda a una consulta especializada.
“Sé, por mis pacientes, que hay mujeres que tienen problemas con su menstruación y no acuden al médico, por vergüenza a la reacción del ginecólogo o a que el esposo piense que tiene algún tipo de disfunción sexual”, revela la especialista.
Con la sentencia de Olófin y otras creencias a cuestas, la cultura occidental impone restricciones a la relación sexual durante la menstruación o, al menos, manifiesta su desagrado hacia esta.
Sin embargo, desde los estudios sobre la sexualidad de Masters y Johnson, se conoce que el coito en este período podría aliviar las molestias femeninas.
“Las parejas deciden cómo y en qué momento tienen su relación sexual. La menstruación no es una limitante, aunque siempre recomendamos que, si hay penetración, se protejan porque aumentan las probabilidades de que la mujer sufra desgarros en la vagina y en el cuello del útero, laceraciones o micro-laceraciones, fisiológicamente normales en esta etapa, que la hacen más susceptible a alguna infección”, dice Solares.

Solicite el trabajo completo a semcuba@ceniai.inf.cu

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