Medio ambiente: Ecomujer, una apuesta por el agua

Por Sara Más

Motivo de conflictos crecientes, la falta de agua potable es un asunto que afecta gravemente a millones de personas a nivel global, pero también puede implicar a muchas otras a nivel personal y local.
«Solemos ver la falta de agua como un peligro muy general y lejano, un problema que nos perjudica a todos los habitantes del planeta, pero ¿qué hago yo con la gota de agua que se escapa en mi casa?», se pregunta Minerva Cámara, profesora en Pinar del Río, provincia del extremo occidental de la isla.
De esa forma la pedagoga le habla a sus alumnos porque así cree que al menos logra influir en la responsabilidad personal, en el ámbito más inmediato: «si queremos contribuir a resolver este gran problema, debemos empezar por entender que tenemos que cuidar el agua en nuestras propias casas», les dice.

Junto a otras profesoras, Minerva integra el proyecto medio ambiental feminista EcoMujer que, con más de 15 años de existencia, reúne a activistas de Alemania, Cuba y otros países de América Latina.
«Defendemos la educación ambiental, desde proyectos y capacitaciones, con una visión de género y desde la participación de la comunidad», explicó a SEMlac Blanca Isabel Álvarez García, una de las promotoras de la iniciativa, que se abrió paso desde el departamento de Geografía de la Universidad Pedagógica de Pinar del Río.
Ecomujer promueve el intercambio entre el Norte y el Sur, busca alternativas al modo de vida consumista y a las estructuras neoliberales y patriarcales, y promueve la responsabilidad social frente a los problemas del medio ambiente, entre otros propósitos, precisó a SEMlac otra de sus integrantes, la alemana Monika Schierenberg.
«Este tema es fundamental porque el agua es vida y tiene una fuerte relación con las mujeres», agregó Schierenberg durante un encuentro de EcoMujer la pasada semana, realizado en coordinación con la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
La cita, del 2 al 6 de abril, sesionó los tres primeros días en La Habana y los dos últimos se trasladó a la oriental provincia de Holguín. En las jornadas participaron federadas, activistas, profesoras y profesionales de diversas disciplinas en representación de Cuba, Austria, Alemania, Bolivia y Colombia.
Con una fuerte inversión hidráulica, la cobertura de agua potable en Cuba es de 96,2 por ciento y de 95,8 por ciento la de saneamiento, precisó durante el encuentro Yasmina Aguero Kassabb, jefa del Departamento de Cuencas Hidrográficas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH).
«El agua es el componente natural que más recursos financieros recibe anualmente en el país», agregó la especialista y dijo que la capacidad de embalse de la isla creció de 48 millones de m3 en 1959 a 9 204.323 millones de m3 en 2011.
Los mayores problemas se concentran en la rehabilitación de las vías para reducir las fugas del líquido y en poder mantener el servicio regularmente, además de algunas dificultades en el tratamiento de aguas residuales, fundamentalmente en las grandes ciudades, reconoció.
La profesora Rosa Hernández señala que el grupo se ha integrando a otras instituciones territoriales, como la delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, la Universidad provincial Hermanos Saíz y el Museo de Ciencias. «Hemos podido intercambiar con mujeres de diversos sectores», resumió a SEMlac.
Además de proyectos específicos, como la creación de un parque ecológico en la escuela Carlos Hidalgo, en la ciudad pinareña, han organizado diplomados sobre educación y gestión ambiental, así como cursos específicos para el personal de apoyo de la propia universidad pedagógica.
«Como mujeres tenemos que garantizar ese desarrollo sustentable en el uso del agua, que significa utilizarla sin comprometer el futuro. Es algo en lo que tenemos que influir mujeres y hombres», remarcó Hernández.
Definido como un proyecto que trabaja con las bases, Ecomujer aboga por una mirada de género al tema del medio ambiente y por «trascender la visión de las mujeres como aquellas que caminan kilómetros cargando el agua para la casa, lo cual es cierto», reflexiona Schierenberg.
Además de profundizar en los efectos distintos del problema para hombres y mujeres, insiste en el papel y lugar que pueden ocupar las mujeres, «que son muchas entre quienes trabajan cada día para tener acceso a ese recurso, pero no son generalmente las que dirigen».
Ese es un tema de EcoMujer, sostiene, «porque ellas tienen conocimientos, experiencias y la posibilidad de aportar buenas soluciones, de participar realmente en todos los niveles, desde el básico hasta el estratégico», agregó a SEMlac.
Temas como la disminución de las cuencas hidrográficas, la reducción en calidad y cantidad de los recursos hídricos y los conflictos crecientes por el control del agua fueron tratados durante el encuentro.
María Eugenia Flores, una de las protagonistas de «la guerra del agua» contra la privatización en Cochabamba, Bolivia, narró la experiencia que significó todo un hito en las luchas sociales de su país y culminó en 2006 con la construcción de una nueva ley de agua potable que no favorezca a las trasnacionales.
Explicó que la fuerza principal en esa batalla fueron las mujeres, con un papel muy activo en las asociaciones de agua y riego en el valle alto de Cochabamba. Tras ganar «la guerra del agua» se dieron entonces a la tarea, en toda la comunidad, de llevar adelante nuevas formas de gestión de ese recurso, mediante la creación de comités, asociaciones y cooperativas del agua.
«La mayoría de los sistemas comunitarios del agua son manejados y administrados por mujeres, desde la parte técnica, administrativa y organizativa», destacó Flores; sin embargo, el papel de la mujer sigue invisibilizado y no asume la dirección de las decisiones en los sistemas comunitarios, sostuvo.
A juicio de la colombiana Claudia Roa, las redes y encuentros del activismo son muy provechosos «porque aprendemos unas de otras, intercambiamos ideas y nos damos apoyo al saber que no estamos solas en lo que hacemos», precisó.
Destaca particularmente el trabajo de las redes, que facilitan los encuentros, el intercambio y poder acordar estrategias para preservar el patrimonio cultural y ambiental de los ríos, los bosques y las selvas. «Generalmente las personas más propensas a ese cuidado hemos sido las mujeres, no solo de una manera romántica, sino muy real», afirmó.

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