Más mujeres detrás de las cámaras

Por Sara Más

Algunas han sido reconocidas  editoras de cine, otras se han destacado como diseñadoras de vestuario o en las artes del maquillaje,  y no faltan las que han hecho época y sentado cátedra como realizadoras de documentales.
No son pocas las mujeres que, desde diversos lugares, se han vinculado al cine en Cuba, pero lo cierto es que apenas dos, en 50 años, han llegado a dirigir un largometraje en el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC): Sara Gómez hizo De cierta manera, en 1977; Rebeca Chávez estrenó el 24 de marzo, en la capital cubana, su película Ciudad en rojo.
La primera se adentra en la relación amorosa entre un hombre y una mujer de extracciones sociales diferentes. La segunda, inspirada en la novela Bertillón  166, del cubano José Soler Puig, se inscribe en el cine épico y se ubica en la lucha clandestina de la pasada década del cincuenta, en la oriental ciudad de Santiago de Cuba.
El debate resurge entonces con el estreno de Chávez y un ciclo de conferencias programadas con motivo de los 50 años del ICAIC, en el cual no faltaron estas preguntas, al día siguiente de la premier cinematográfica: ¿hay en Cuba un cine femenino o hecho por mujeres? ¿Qué lo distingue del que hacen los hombres? ¿Y un cine feminista?  ¿Por qué tan pocas mujeres han llegado a la dirección en la industria cinematográfica?
Poco antes de estrenar su filme, Chávez afirmaba en entrevista al diario Juventud Rebelde que hacer cine, “para una mujer es más difícil”, en referencia no solo a las carencias y problemas cotidianos de la industria en la isla, que deben sortear hombres y mujeres, sino a que no faltan chistes o desconfianzas acerca de que ellas puedan terminar una obra de ese tipo.
Sin embargo, la propia directora es partidaria de no establecer diferencias a partir del sexo. “Siempre he dicho que quiero que la película se reconozca porque estuvo bien, porque funcionó, porque es buena para alguien, más allá de que la hizo una mujer”.
Similares opiniones se escuchan de otras realizadoras. “La mayoría no se reconoce como parte de una tendencia feminista, ni cree estar haciendo un cine ‘diferente’ al de los hombres”, comenta a SEMlac Danae C. Diéguez, profesora de la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte (ISA), quien ha investigado el tema, dentro y fuera de la industria.
Entre los temas frecuentes que ellas tratan –la mayoría en documentales o cortos de ficción–,  la especialista identifica las contradicciones en que se mueven sus vidas, entre el espacio público y el privado; sus existencias cotidianas, la sexualidad, las angustias relativas a sus vivencias y búsquedas personales, la sobrecarga doméstica, la emigración y, en particular, un modo diferente de representar la épica.
“Las mujeres no aparecen como las cuidadoras, en un segundo plano, detrás de los grandes héroes, sino como seres activos, interesantes, como sujetos históricos que dejan de estar invisibilizados para situarse en primer plano”, acota Diéguez sobre el último tema.
Especialistas reconocen la apertura que significó la entrada de las estudiantes a la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, en La Habana, para formarse, incluso, como directoras de fotografía.
También que el desarrollo actual de la tecnología y la digitalización han dado paso a la democratización del cine y abierto la entrada a mayor número de mujeres, en un momento en que la industria se ha visto deprimida por falta de recursos, luego de la crisis iniciada en la pasada década del noventa.
“Cuando la mujer descubre esa tecnología y accede a ella con más facilidad, entonces las cámaras, en sus manos, se convierten en un instrumento interrogador sobre ellas mismas”.
La estudiosa asegura que este fenómeno ocurre en el mundo, no solo en Cuba, pues hay una emigración hacia el video de aquellas que no pudieron hacer sus obras en celuloide.
 
Abril de 2009

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