Latinoamérica: Afrofeministas, unidas en la historia y la resistencia

La vida de las mujeres negras y mestizas de América Latina y el Caribe expresa una historia común de discriminación, resistencias y aportes sociales.

“No me di cuenta de que era negra hasta que fui a la escuela y mis maestros y compañeros me decían negra con desprecio, de una manera racista y discriminatoria”, recuerda Massay Crisanto, de Honduras.
Crisanto fue una de las participantes en el panel “Mujeres negras: resistiendo para vivir. Marchando para transformar”, organizado por la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM) en Brasil.
La MMM es un movimiento mundial que reúne a colectivos y organizaciones feministas y de mujeres de todo el mundo. Fundada en 1996, la organización declara su lucha contra el patriarcado, la violencia contra las mujeres y la pobreza que genera el capitalismo.
El panel, transmitido en las redes sociales digitales, se dedicó al Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora que se celebra el 25 de julio. Desde 1992 se conmemora la fecha para llamar la atención sobre las realidades de las mujeres afrodescendientes, su historia y la necesidad de promover políticas públicas que ayuden a mejorar su calidad de vida y a erradicar el racismo y la discriminación.
Las participantes en el encuentro virtual reconocieron una historia de discriminación común que se ha expresado en las violencias sobre sus cuerpos, la expropiación de sus territorios, la explotación laboral y la invisibilización de sus aportes a lo largo de la historia.
“A esto se une el encarcelamiento de los hombres negros, el exterminio de la juventud negra y la hipersexualización de las mujeres negras. Prácticas que se mantienen hoy. Las balas perdidas encuentran siempre los mismos cuerpos, que son, en general, los de nuestros hijos”, afirmó Juliana Mittelbach, de Brasil.
Mittelbach es enfermera, coordinadora de la Red de Mujeres Negras del Estado Paraná e integrante de la MMM. Durante su intervención, denunció la complicidad entre colonialismo, racismo, capitalismo y patriarcado.
“El capitalismo es un sistema que explota al pueblo y que tiene en su raíz el mantenimiento de las desigualdades con la explotación, la desvalorización, la aceptación y naturalización de la historia de esclavización. Por tanto, la población negra es una población subvalorada y puede estar en el mercado de reserva, en los peores lugares de trabajo”, dijo la activista.

A partir del reconocimiento crítico de esta realidad, la MMM apuesta por una lucha interseccional contra todas las opresiones. A decir de Mariana Lacerda, de la MMM en Brasil, “no podemos darnos el lujo de renunciar a ninguna de estas luchas”.
“Tenemos que intervenir en la actividad cotidiana combatiendo el racismo, en la búsqueda de una vida digna a partir de políticas públicas que puedan promover la igualdad racial. Tenemos que buscar un proyecto de sociedad antipatriarcal, antirracista y anticapitalista. Ese es el gran desafío, tener que actuar en todos esos frentes asegurando la supervivencia, a la vez que luchamos por un nuevo proyecto de sociedad”, agregó Mittelbach.

Cuba, entre la historia y la transformación
La filósofa Analoy Lafargue compartió avances y desafíos de las mujeres afrodescendientes en Cuba, en representación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
Lafargue reconoció la fortaleza de contar, desde 1961, con una organización de mujeres para impulsar la igualdad de género y la emancipación de las cubanas, a la vez que identificó vacíos y desafíos para las afrodescendientes en la nación del Caribe.
Las políticas a favor de la igualdad de género en el país impactaron positivamente en las afrocubanas, pero las investigaciones han develado que la pobreza en Cuba tiene rostro de mujer negra; ellas son mayoría entre las madres solteras jefas de hogar; están sobrerrepresentadas en el sector informal de la economía y enfrentan problemáticas como el embarazo adolescente.
Frente a estos problemas, la máster en Estudios Caribeños identificó, como una contribución, la existencia de afrofeminismos en el país y convocó a realizar acciones específicas en función de la diversidad de experiencias y realidades que viven las mujeres cubanas.
Lafargue destacó la necesidad de socializar la historia de lucha de las mujeres negras de los siglos XIX y XX. Propuso crear espacios de reflexión para generar conciencia racial y de género, de sororidad y empatía ante las diferencias y con compromiso social responsable.
En particular, planteó como un reto actual “representar con voz activa, agenda propia y articulada con la lucha antirracista, las necesidades emergentes de las mujeres afrodescendientes”.
Necesitamos romper con la visión institucional de que todas las mujeres somos iguales, dijo.
“Sí, ‘somos iguales ante la ley, no iguales ante la vida’. Ello significa romper las barreras ideológicas de lo común heredado de la sociedad occidental, muy bien asumido por las sociedades occidentalizadas negando la realidad de sociedad fragmentada en la que hemos sido constituidos”, reflexionó la activista cubana.
En Cuba existen el Programa Nacional contra el Racismo y toda discriminación, y el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, dos plataformas gubernamentales que, según la especialista, son fundamentales para luchar contra las desigualdades desde la interseccionalidad.
“Desde la imbricación comprometida y responsable de las plataformas nacionales creadas para hacerle frente al racismo, las discriminaciones y todas las formas de la violencia, con el acompañamiento del Estado y gobierno cubanos, las mujeres afrodescendientes con provecho de nuestras facultades podremos, en mayor o menor medida, enfrentar los desafíos históricos, sistémicos, sistemáticos, estructurales y emergentes que problematizan y condicionan nuestras vidas”, concluyó la activista.

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