Las mujeres serán protagonistas en censo de población

Por Dixie Edith / dixie@enet.cu

El Censo Nacional de Población y Viviendas que se ejecute en Cuba del 14 al 25 de septiembre debe confirmar una tendencia al incremento de la jefatura femenina en los hogares y cambios en la valoración del estado técnico de las viviendas, esperan especialistas.
Tanto la jefatura de hogar, en manos fundamentalmente de las mujeres, como una mayor presencia femenina entre profesionales y técnicos se vienen perfilando en las estadísticas continuas del país e investigaciones puntuales diversas.
Ya la investigación censal anterior, en septiembre de 2002, reveló que 32 por ciento de los hogares cubanos estaban dirigidos por una mujer, dato «sin precedente en el país», según las doctoras Sonia Catasús y María del Carmen Franco, demógrafas del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), de la Universidad de La Habana y del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE), de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), respectivamente. Ambas expertas aseguran que, en Cuba, al igual que en la generalidad de los países, el reconocimiento de la mujer como jefa de hogar ha crecido en los últimos años.
Pero este indicador «ha alcanzado niveles que la distinguen de otros contextos latinoamericanos», precisan en el estudio «La jefatura de hogar en Cuba y América Latina: Un acercamiento a las desigualdades regionales y de género», publicado en la serie Cuadernos de Estudio de Población y Desarrollo, del CEPDE.
Así, la tasa de jefatura femenina pasó de 9,6 por ciento en 1953 a 13,3 por ciento en 1970. Luego alcanzó 19,7 por ciento en 1981 y 27,2 por ciento en 1995; hasta llegar a la citada cifra registrada por el Censo de 2002.
Tomando como referencia los datos obtenidos hace 10 años, el país también presentaba una alta tendencia a las uniones consensuales, que representaban 42 por ciento del total de personas casadas y unidas.
Igualmente, se constataron bajas tasas de fecundidad y un incremento de los nacimientos fuera del matrimonio; además de altas tasas de divorcio, por encima de las 60 separaciones por cada 1000 matrimonios en el año.
Especialistas coinciden en que datos como estos evidencian la existencias de tabúes machistas que van quedando atrás, pero también son indicadores de no pocas contradicciones y cargas que repercuten, a menudo, sobre las vidas cotidianas de las propias mujeres.
En ese sentido, defienden la necesidad de que, junto a indagaciones estadísticas como los censos, se emprendan otras investigaciones, quizás más cualitativas, que muestren también aquellas inequidades que todavía persisten, sobre todo en el complejo terreno de las relaciones de género.
Juan Carlos Alfonso Fraga, director del CEPDE y también del censo cubano, coincide en que recopilar información estadística desagregada por sexo no es suficiente. Contar con estas bases de datos permite luego «construir indicadores de género», aseveró a la prensa local.
«Porque hay que tener claro que los indicadores de género son indicadores construidos. Existe la noción equivocada de que sexo es igual a género. Y entonces la gente habla de estadísticas de género. Y eso es un error. Las estadísticas se dan por sexo y luego se procesan y se construyen los indicadores», aclaró el experto.
Otra expectativa actual ante la realización del censo es la información que arrojará acerca del estado técnico de las viviendas en la isla.
La preocupación es comprensible si se tiene en cuenta que desde 2002, año de la anterior investigación, más de un millón de los 3,9 millones de hogares cubanos han tenido algún tipo de afectación por desastres naturales que incluyen el paso de 13 ciclones tropicales, tres de ellos de gran intensidad.
Por otra parte, las diversas fórmulas puestas en práctica, lentamente, para fomentar la iniciativa particular en la reparación de viviendas e inmuebles pudiera estar dando frutos que es necesario contabilizar, sistematizar. Igualmente, se desconoce el impacto recibido de la mano de otras iniciativas vinculadas a proyectos de cooperación internacional dirigidos al desarrollo local, por solo citar algún ejemplo.
«Esperamos que, sobre todo en las ciudades y las zonas rurales cercanas a estas, se evidencie, además, una expansión de las viviendas. De hecho, entre 2002 y 2012 el crecimiento de la vivienda podría ser mayor al de la población, en un país como Cuba, con muy bajos niveles de fecundidad desde 1978», detalló Alfonso Fraga a la quincenal revista Bohemia.
Hace casi 10 años la población de la isla vivía repartida en tres millones 534.327 unidades de alojamiento (viviendas particulares, locales de trabajo donde viven personas de manera permanente, o colectividades como hogares de ancianos), de las cuales 99,8 por ciento eran viviendas particulares construidas especialmente para ese fin.
Entre los censos de 1981 y 2002, la población se incrementó en un millón 454.138 habitantes y las llamadas unidades de alojamiento en un millón 165.854. O sea, nacieron 1,25 cubanos por cada vivienda y en ellas, como promedio, habitaban 3,16 personas.
Con el censo actual, Cuba es uno de los más de 220 países que realizan investigaciones estadísticas de este tipo entre 2005 y 2014, casi en Casi en medio de la identificada por el Fondo de Población de Naciones Unidas como Ronda Mundial de Censos 2010.
Para el director del censo cubano, otras novedades de la actual indagación se refieren a fenómenos como las migraciones o las nuevas fórmulas laborales que se ponen en práctica en Cuba.
«Además de ver la evolución de una serie de indicadores generales -sexo, edad, nivel educacional, estado civil o conyugal y otros-, el censo profundizará en temas como la migración interna, el acceso a la enseñanza de postgrado y al agua, además del equipamiento de la vivienda y sus habitantes», explicó Alfonso Fraga.
También se perfecciona la captación de información sobre las características económicas de la población y los movimientos pendulares para ir y regresar del trabajo, los niveles académicos de postgrado o la validación de proyecciones realizadas a partir de la nueva división territorial del país, en enero de 2011, que modificó demarcaciones en más de un centenar de municipios y 11 provincias.

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