La desmesura sexual

Por Ilse Bulit
A Verónica, la palabra “descarga” le produce ahora escalofríos. Años atrás, cuando contaba estos mismos rebosantes 16 abriles de su hija Malú, no significaba lo mismo.
Como cualquier país hispanohablante, los cubanos agregamos matices al léxico. Verónica recuerda aquellas variaciones al vocablo en cuestión. Una “descarga” era una alegre reunión informal: un chico manoseaba una guitarra. Todos coreaban canciones de los trovadores Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Poco alcohol en un ponche. Manitas agarradas, algunos besos. Compostura, porque estaban en el hogar de una de las compañeras del Bachillerato y con el conocimiento y autorización de todos los padres. Si se regresaba tarde a la casa propia, la palabra de marras cambiaba de sentido, pues una “descarga” era también, una reprimenda.
Malú, cabeza erguida y voz firme, le explicó con detalles la nueva connotación del vocablo. “Descarga” ahora es descargar hormonas, tensiones, fluidos, mediante una cópula sexual libre de compromisos sentimentales ni ligazones planificadas. ¡Abajo las ataduras y las responsabilidades!
La cuarentona madre domina el primer arrebato. La experiencia propia y tanto consejo de psicólogos escuchados en la radio y televisión cubanas, enseñan.
Durante su adolescencia, los padres eran más rígidos. Las becas de estudio en estas edades abrieron las puertas de la libertad. Se iba al sexo con curiosidad, orlado de inicios con miraditas primeras, conversaciones previas, cartitas, roces de cuerpos en los bailes, algunos suspiros, ilusiones románticas a lo Corín Tellado.
Aquellos primeros encuentros devinieron experiencias amargas para algunas chicas: abortos legales o bebés que interrumpieron los estudios. No abundaban las infecciones de transmisión sexual y todavía el VIH Sida no presentaba sus credenciales.
Los tiempos en Cuba han cambiado para el bien de la mujer, pero…
La asustada Verónica piensa: Siempre a la mujer le toca la paga mayor. Si para gozar a plenitud el orgasmo, necesita el tributo de caricias conocedoras, de un ejercicio mental adecuado, ¿llegará así, sin previos intermedios, a la cúspide del placer? Hasta por falso orgullo propio, es difícil expresar al macho un “no sentí nada”.
Entonces, se buscará y buscará. Se cambiará y cambiará. Impulsada, quizás, por el grupo de amigas veraces o mentirosas, más que por el deseo propio. Esa búsqueda puede transformarse en punto primero y lo erótico desplazar por completo a otras necesidades dentro del equilibrio psicosomático. Y si por las características individuales de cada ser, todavía no está definida la orientación sexual, se crearán más confusiones.
Y la creciente proliferación de las infecciones y en especial del SIDA es amenaza constante, aunque afirmen las muchachas el uso del condón. Y los deseos de sueños compartidos, si bien la realidad desvíe después los derroteros, ¿dónde quedarán? Es lanzar por la borda el goce de ilusiones de un color que jamás se repetirán en idéntico tono.
Verónica fija su mirada en la gata Toña, dormida sobre su sillón favorito. Está cansada. Regresó de su deambular por encuentros nocturnos. Viene a su mente, la imagen de la hija y surge la malhadada comparación. Hay también señales de actitudes violentas en algunos grupos de jóvenes. ¿La “animalidad” gana terreno?
Los terráqueos se preocupan por los visibles y agresivos cambios de la naturaleza, la subida en los precios de los alimentos, la baja de las bolsas y hasta de cierto satélite que amenaza con su caída.
Estas señales de cambio en la visión de las relaciones sexuales merecen unirse a la gruesa lista de estas preocupaciones.
Ya la Real Academia de la Lengua aprobó como cubanismos las dos primeras versiones del vocablo “descarga”. Por su uso repetido y popular, ¿entrará algún día al diccionario la última? Esperemos que no.

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