La crítica feminista, desafío y necesidad para la crítica de arte

Por Sara Más / saramas_2000@yahoo.com / Foto: SEMlac

Aunque existen casos aislados del ejercicio de la crítica artística con un enfoque feminista, sobre todo en la literatura, todavía ese sigue siendo campo pendiente y necesario para la crítica de arte en Cuba, coinciden especialistas.
«La teoría literaria feminista implica el desvío de la mirada y ha sido importante para estimular el debate, pero también para cambiar el modo de expresión e interpretación, desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad», señaló la crítica e investigadora literaria Zaida Capote.
Capote intervino, junto a otros panelistas, en Mirar desde la Sospecha, espacio de debate que bajo la pregunta «¿Tiene la crítica mirada de género?», convocó al público el pasado 11 de octubre, en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), bajo los auspicios de esa institución y el programa de Género y Cultura del Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero.
Coordinado por la académica Danae C. Diéguez y las periodistas Helen Hernández y Lirians Gordillo, ese espacio cuenta con el apoyo de la Real Embajada de Noruega, la Consejería Cultural de la Embajada de España y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

Si «la critica es un ejercicio político, de intervención pública, la que tiene en cuenta el enfoque de género o, mejor aún, la crítica feminista significaría entonces poner las relaciones de género a discusión pública, buscar qué señales en la obra de arte nos acercan a esas preocupaciones», agregó Capote.

 

«Ese enfoque estará presente si la persona que ejerce la crítica tiene una mirada de género consciente», sostuvo.
En el universo de las artes plásticas en Cuba está todavía menos presente esa mirada, a juicio de Samuel Hernández, quien coordina la sección de crítica de la Asociación Hermanos Saíz, que agrupa la creación joven en la isla.
«Tenemos una crítica bastante convencional en las artes plásticas», dijo, y eso «tiene que ver con el propio desarrollo del arte como saber hegemónico, occidental, europeo», agregó.

 

Recordó, entre otros ejemplos, que fue a principios del siglo XIX que se fundó en La Habana la Academia de Pintura San Alejandro, pero no fue hasta finales de ese siglo que se permitió allí la entrada de mujeres. Ello no solo condicionó la formación de artistas, sino también la de críticos: los primeros fueron hombres, precisó, hubo pocas voces femeninas.
Más acá, el catálogo de arte cubano del Museo Nacional de Bellas Artes menciona y legitima actualmente a unas pocas, mientras muchas de todas las épocas quedan fuera de la lista, aun cuando sus obras se mantienen en las salas permanentes de la institución.
Sin ser absoluto, Hernández reconoce en la curadoría, sin embargo, otra manera mucho más visible de establecer nuevas miradas y un enfoque de género. «Cuando el curador se plantea y dispone determinada producción, no solo está propiciando un espacio, sino activando dispositivos y lo que aparece en el escenario», precisó.
«Creo que no hay que cambiar los textos, sino la manera de leerlos», agregó Hernández e identificó, entre los frenos al desarrollo de ese tipo de crítica, las carencias de esos temas en la formación de especialistas de arte, los prejuicios que rodean al feminismo y los condicionamientos del mercado.
Para el crítico e investigador de cine Dean Luis Reyes, lo que ocurre con los estudios de la perspectiva de género y ese enfoque en los discursos de la cultura tiene que ver, sobre todo, con una injusticia histórica que ha ido perviviendo en las sociedades patriarcales.
«En la manera en que el crítico de arte pueda aproximarse a este tipo de tema tiene que tener su propia autoconciencia del momento, las herramientas y el campo en que está trabajando», reflexionó.
Celebró así la existencia de espacios como «Mirar desde la Sospecha» que «son inaugurales» y proponen «que miremos oblicuamente aquellas zonas de la realidad y el conocimiento que tenemos entendidas, para enriquecer la mirara del crítico y a nosotros mismos como personas».
En su opinión, el espacio de la crítica de cine es una estructura repartida, que es jerárquica, pero igualmente está disponible para ser intervenida e invadida. «Hay nuevos editores muy abiertos a otros enfoques y autores que no son los establecidos», advirtió, en referencia a una publicación como la revista Cine cubano.
Partidaria de que «el desconocimiento sobre la crítica cultural feminista y en general de la teoría de género es parcial», la periodista Lirians Gordillo atribuye su ausencia a que los «prejuicios que existen sobre los feminismos, y en general la teoría e ideología feminista, refuerzan el silencio al que son sometidas estas perspectivas».
En su opinión, todavía no se reconoce el carácter revolucionario del pensamiento feminista, su diversidad y alcance. «A mi criterio, existe aún una mirada esencialista hacia estos saberes, siempre tan ligados a la transformación emancipadora», comentó a SEMlac.
Pero no se trata solo de un prejuicio real, que se recicla. «Hablar desde el feminismo en la crítica implica una posición política, un cuestionamiento a un orden de cosas que va más allá de lo puramente estético, del encuadre de una fotografía o la realización audiovisual», acotó la investigadora Danae C. Diéguez, moderadora del debate.
Al parecer, no es un problema solo de Cuba, al decir de Capote. «El feminismo tiene muy mala prensa porque no se conoce su origen, su historia y sus conquistas en las luchas por los derechos de las mujeres, y prevalece una comprensión banal del feminismo como lo opuesto a los hombres», expuso.
En el caso de la literatura cubana, la experta reconoció la apertura que ha significado la eclosión de una generación grande de escritoras en la década de los noventa y el papel de la crítica literaria desde una mirada feminista, pese al temor o rechazo de las propias escritoras a reconocerse como tales, porque el feminismo, rodeado de tantas resistencias y prejuicios, sigue teniendo para muchas «una herencia maldita».

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