Jóvenes y mujeres en el año de los 7.000 millones

La situación de las generaciones más jóvenes y de las mujeres y niñas centra la atención del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), este 11 de julio, Día Mundial de la Población. 

En este año, cuando la población del planeta arribará a sus 7.000 millones de habitantes, esa organización busca promover la participación y la solidaridad, partiendo de la certeza de que poder vivir en un planeta saludable dependerá de las opciones y decisiones que se tomen hoy.

“Dado que las y  los jóvenes son el grupo de población más interconectado, ya están transformando la sociedad, la política y la cultura. Al involucrar más activamente a mujeres y jóvenes podremos crear un futuro mejor para todas las generaciones”, asevera el Director Ejecutivo del UNFPA, Babatunde Osotimehin, en su mensaje oficial por la fecha.

Más de 1.500 millones de personas de entre 10 y 24 años habitan hoy en el planeta, lo que resulta la mayor población de jóvenes de la historia, concentrada, fundamentalmente, en los países en desarrollo.

En muchas zonas del orbe, las mujeres, casi el 50 por ciento de la población, siguen siendo objeto de discriminación, sufren múltiples formas de violencia y son las más perjudicadas por reducciones laborales y presupuestarias.

Para que estos sectores poblacionales puedan jugar un papel efectivo en la búsqueda de un desarrollo sostenible se necesitan inversiones sociales en educación, empleo, salud sexual y derechos reproductivos, afirma el UNFPA.

En contraste con la mayoría de los países subdesarrollados, Cuba experimenta un proceso de envejecimiento y el peso de los jóvenes frente a la población total ha ido descendiendo en los últimos años.

Si en 1995 la juventud representaba 26,4 por ciento de los habitantes de la isla, al cierre de 2009 era apenas 20,4 por ciento.

Las mujeres, por su parte, superan el 62 por ciento de la fuerza técnica y profesional del país y son cerca del 66 por ciento de quienes ocupan cargos técnicos; pero puertas adentro de los hogares siguen reproduciendo relaciones familiares donde las tradiciones patriarcales marcan la pauta.

Asumir el reto del UNFPA en la isla pasa, en primer lugar, por reconocer esas diferencias y atender la heterogeneidad que signa actualmente a esas generaciones, consideran especialistas.

 

Diversas y complejas
Sentada al pie de una librería de la calle Obispo, y concentrada en el libro acabado de comprar, Jannina Ramos, universitaria de 19 años, confesó a SEMlac que dedica a la lectura tres o cuatro horas diarias, en busca de su sueño de ser escritora de ficción en el futuro.

Dariel Vázquez, de 16 años y estudiante de preuniversitario (bachillerato) aseguró, por el contrario, que quiere terminar el duodécimo grado “para cumplir con su familia” y poder luego trabajar “en algo que rinda de verdad y quizás poder viajar, conocer mundo”.

Para Yanela Morales, técnica de laboratorio de 23 años y madre de una pequeña de dos, la aspiración más concreta es hallar una pareja que la acompañe en el cuidado, sostén y educación de su hija. “Quisiera encontrar un hombre bueno que quiera a mi hija y nos mantenga hasta que ella sea un poco más grande”, explicó a SEMlac.

Entrevistadas estas personas al azar, sus historias confirman una tesis defendida por no pocos especialistas: por lo diversa y heterogénea, en la Cuba de hoy, más que hablar de la juventud, hay que tener en cuenta a “las juventudes”.

Al cierre de 2009 habitaban en el archipiélago 2,2 millones de muchachas y muchachos entre 15 y 29 años, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

Datos del último Censo Nacional de Población y Viviendas, realizado en 2002, precisaron que los jóvenes de ambos sexos representan 21,5 por ciento de las personas ocupadas en Cuba, pese a que una buena parte todavía no se ha incorporado a la actividad laboral y está estudiando.

Si bien las matrículas en las enseñanzas preescolar, primaria y secundaria básica muestran equidad entre niños y niñas; en las enseñanzas preuniversitaria y superior, las mujeres aventajan a los hombres.

Durante el curso escolar 2009-2010, por solo citar un ejemplo, ellas representaron 57,3 por ciento del alumnado de los preuniversitarios, 37,2 por ciento del de la enseñanza técnico-profesional y 61,3 por ciento de la matrícula universitaria, según la publicación Mujeres y hombres en Cuba, de la ONE.

Sin embargo, después de estudiar, la ecuación puede invertirse y ellas suelen cargar solas con el peso de la crianza de los hijos o el cuidado de las personas mayores, recurriendo, no pocas veces, al abandono de sus puestos laborales.

«En la medida en que la relación se acerca a la intimidad, más se desdibuja la igualdad de género», ha señalado a la prensa la directora del Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ), Natividad Guerrero.

En tanto, para la doctora María Isabel Domínguez, socióloga y directora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), existe una polarización entre las muchachas cubanas. Hay un polo de “mujeres con niveles educativos más altos y otro con jóvenes que terminaron los estudios medios y no trabajan», ha explicado esta experta.

Las primeras luchan por tener relaciones sobre bases de igualdad y postergar el inicio de la vida en pareja y la maternidad. Las otras, a menudo, tienen la aspiración de ser amas de casa o, como confesó la laboratorista Morales a esta agencia, casarse con hombres que las mantengan económicamente.

Para Domínguez resulta muy evidente la diversidad al interior de la juventud cubana y no solo tiene que ver con diferencias de género o de niveles educativos. También puede estar relacionada con el lugar de residencia, la raza, la extracción social y el acceso a determinadas posibilidades o recursos.

Pero, sobre todo, las diferencias se aprecian en la evolución de las principales aspiraciones de estas generaciones, según investigaciones del CIPS.

Si para las personas que tenían entre 14 y 30 años, en la década de los ochenta del pasado siglo, la prioridad era la superación educacional, en los años noventa esa elección cambió y la familia ocupó el primer lugar, seguida del alcance de mejores condiciones de vida, y luego la superación vinculada a la posibilidad de mejores ingresos y satisfacción espiritual.

La situación económica y social que se creó en Cuba a partir de los años noventa acercó un tanto la problemática de su juventud a la de otras regiones, según Domínguez.

“Digamos, por ejemplo, el problema del empleo; la incorporación al sector informal de la economía; la restricción de oportunidades para el acceso a la enseñanza superior, los desajustes entre aspiraciones y posibilidades de satisfacerlas”, concluye en su artículo “La juventud en el contexto de la estructura social cubana. Datos y reflexiones”.

 

Más allá de los prejuicios

Las relaciones sexuales también han variado entre las muchachas y muchachos cubanos para tornarse más libres y desprejuiciadas, según constataron, ya en la década pasada, estudios del citado CESJ. El volumen titulado Cuba: jóvenes en los 90, de ese centro de investigaciones, sostiene que entre la juventud cubana quedó atrás el mito de la virginidad y las relaciones sexuales solo en el matrimonio.

Según la “Encuesta sobre Indicadores de Prevención de Infección por el VIH/sida, 2009”, del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE), de la ONE, .la edad promedio de inicio de las relaciones sexuales en Cuba es 16 años.

Mientras los varones tienen su primera experiencia sexual a los 15, las muchachas la conocen a los 16, al igual que los hombres que tienen sexo con hombres (HSH), confirma el estudio.

A juicio de Guerrero, la diversidad sexual es más tratada en lugares públicos y los jóvenes “son más abiertos en este tema que las generaciones anteriores».

No por gusto el tema del respeto a la libre orientación sexual, el embarazo en la adolescencia, las infecciones de trasmisión sexual, el VIH/sida y la anticoncepción fueron los más comentados el pasado viernes por más de 530 cibernautas que accedieron al foro interactivo “De joven a joven… Un diálogo sobre sexualidad”.

Convocado por el CESJ, que ha asumido en la isla la convocatoria de las actividades por el Día de la Población Mundial, y por el UNFPA, las personas que acudieron a la cita virtual abordaron la importancia de la educación sexual para el crecimiento y desarrollo de adolescentes y jóvenes.

La joven investigadora del CESJ Adriana Elías dijo a la prensa local que predominó el criterio de no quemar etapas, mientras Maylín Pérez, otra de las especialistas que dialogó on line, refirió que fueron recurrentes los comentarios sobre la importancia de garantizar, acompañar y comprender la reinserción de las personas con VIH/sida en la sociedad.

El CESJ y el UNFPA sugirieron 12 temáticas para el debate, pero quienes se conectaron al diálogo propusieron otras, como la falta de honestidad en las relaciones de pareja, la prostitución, las disfunciones sexuales y el ya mencionado respeto a la diversidad sexual, temas que hace unas décadas eran considerados tabú y no se abordaban con libertad.

Con este diálogo virtual se iniciaron en Cuba las celebraciones por el Día Mundial de la Población, una fecha que, según Jesús Robles, Coordinador Internacional de Programa del UNFPA en Cuba, “convoca a la reflexión”.

También, reafirma la necesidad de contar con la juventud, por el “importantísimo papel que toca a la generación joven en el camino de conseguir un desarrollo sólido y sostenible para el país, prioridades también defendidas por el gobierno de Cuba”, dijo a SEMlac.
Hay que “invertir en la juventud, pues esa generación puede cambiar el mundo”, afirmó.

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