Hombres entre normas y estereotipos

Por Sara Más
Transmitidos por la cultura, sentenciados por la tradición, reforzados por los medios de comunicación y evidentes en la vida cotidiana, los estereotipos que vinculan a los hombres con? la masculinidad hegemónica siguen gozando de buena salud en esta isla del Caribe.
«Si lo encuentran a uno limpiando en la casa, te miran raro; si opinas sobre las cosas de la casa, te dicen ‘cazuelero’; si tienes algún problema y ‘no funcionas bien en la cama’, te ganas entonces el cartel de sospechoso», comenta a SEMlac Eduardo Moreno, universitario residente en La Habana. «Nunca se queda bien», asegura el joven.

Ser heterosexual, fuerte, proveedor, valiente, osado, competente, sexualmente eficiente y, sobre todo, muy respetado, son algunos de los atributos de una larga lista con la cual se suele construir un hombre imposible.
También ser heterosexual, tierna, amantísima, cuidadora por excelencia, madre ejemplar, fiel esposa y buena ama de casa, siempre disponible para el sexo y las demandas familiares, son varias de las cualidades que se le exigen a una mujer perfecta.
«Gente así no existe», asegura Moreno. Sin embargo, los valores que se transmiten en la familia y la sociedad siguen perpetuando esos modelos, con más o menos rigor, aseguran especialistas y estudiosos del tema de las masculinidades en Cuba.
«Uno de los valores que marca más la masculinidad hegemónica es la heterosexualidad», asegura Oscar Ulloa, profesor y segundo coordinador del Grupo de Estudios de Género «Equidad», en la Universidad de Santiago de Cuba, 860 kilómetros al este de la capital cubana.
Bajo ese pensamiento, todo lo que se acerque a lo supuestamente femenino se aleja del varón, incluida la ternura, la expresividad de los sentimientos, la entrega afectiva y hasta la debilidad, un atributo que le han destinado, histórica y esquemáticamente, a las mujeres.
Cumplir con todos los mandatos de la tradición y, a la vez, generar cambios que les acerquen a vivir como personas más plenas, parece ser la cuerda floja por donde transitan hoy hombres y mujeres.
En uno de los debates del
VII Taller Internacional Mujeres en el siglo XXI, celebrado del 18 al 22 de mayo por convocatoria de la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana y la Federación de Mujeres Cubanas, Ulloa comentó que «esas contradicciones generan en ellos conflictos, malestares y, aunque no a un nivel tan elevado como en las mujeres, los someten a riesgos de salud».
De acuerdo con el investigador, para promover un cambio favorable es necesario identificar el daño que esas conductas generan en ellos mismos y en quienes les rodean.
Estudios parciales y de casos citados por Ulloa dan cuenta de que, entre otras prácticas, es frecuente encontrar una fuerte función de proveedor y una paternidad distanciada, poco comprometida desde lo afectivo.
L
as relaciones con los hijos se han incluido, intencionalmente, en los talleres sobre masculinidad que, para reflexionar entre varones, ha promovido Julio César González Pagés, historiador y coordinador de la Red Iberoamericana de masculinidades.
«Porque regularmente ese tema se asocia mucho al de la maternidad, al ámbito de las mujeres, y no se valora la paternidad como el origen de muchos otros problemas familiares», comenta González Pagés a SEMlac.
Integrados por académicos, estudiantes universitarios, militares, policías, comunicadores, reclusos, religiosos y dirigentes juveniles y sindicales de varias provincias del país, los grupos de discusión han develado la falta de modelos de paternidad alternativa, fundamentalmente en las generaciones menores de 25 años.
Aunque reconoce que la realidad se ha diversificado –del «padre panóptico», que vigila y sanciona, a otros muchos–, esa es una constante en medio de «un modelo diverso, que transmuta», pero en el cual «el vínculo sigue siendo muy jerárquico».
«Quizás notes padres más cariñosos, en contacto con sus hijos, pero se sigue repitiendo el modelo autoritario, o el papá que siempre está trabajando, o es mucho menos afectivo que la mamá», agrega Daniel Alejandro Fernández, también integrante de la red y consultado por SEMlac.
Ambos investigadores coinciden en que este sigue siendo, todavía, un debate muy reducido a la academia y grupos específicos, que «naufraga frente al peso de la tradición cultural y educativa», apunta González Pagés.
El asunto escapa del ámbito familiar y alcanza a todos los espacios socializadores y educativos, incluidos los medios de comunicación.
«Las maneras de ser hombre y mujer se van construyendo también a punto de partida de la información mediática que recibimos», considera la psicóloga Maité Díaz Álvarez, coordinadora del proyecto Masculinidades y comunicación social, del Grupo de Reflexión y Solidaridad «Oscar Arnulfo Romero», organización que promueve acciones comunitarias en torno a temas como género y violencia, entre otros.
Mujeres indecisas, serviles, temerosas y poco emprendedoras; hombres que mutilan sus expresiones y sentimientos a fuerza de negarlos, o que se imponen por la fuerza, figuran entre los arquetipos que han transitado y reaparecen en los espacios de comunicación más diversos, incluida la televisión, un medio poderoso, que se instala a diario en la vida de las personas.
«Al reproducir un modelo cargado de estereotipos, los mensajes han promovido, de forma inconsciente, y algunas veces consciente, los estereotipos que marcan esta realidad social», precisó Díaz a SEMlac.
Partidaria de modificar las prácticas discursivas en el interior de los medios y pensar en masculinidades alejadas de los esquemas, la psicóloga aboga por quebrar silencios en torno a varios temas, como el maltrato físico y verbal contra la mujer y el que ejercen los hombres contra otros hombres y ellos mismos.
«No se trata de presentar imágenes que estimulen a los hombres a dejar de ser fuertes, vigorosos, potentes, capaces y dirigidos a una meta», asegura Díaz, sino de «ofrecer espacio también a aquellos que no desean serlo».

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