Guerra Civil Española: Voces de la infancia

Por Helen Hernández Hormilla / hormilla@gmail.com

Han pasado casi ocho décadas pero, cuando cierra los ojos, Isabel Argentina Álvarez Morán aún es capaz de sentir el olor de los chocolates que le entregara su padre antes de partir rumbo a la URSS, con la intención de salvarse de los horrores de la Guerra Civil en España.
Aquellos dulces y algo de dinero fueron lo único que llevaron consigo ella y su hermana en el viaje hacia Burdeos, Francia. Desde allí partirían a la nación soviética, que refugió por entonces a más de 3.000 infantes españoles. En sus 14 años de existencia, Isabel nunca había visto llorar a su padre, mas aquel abrazo de 1937 profetizó que jamás su familia volvería a estar reunida.
La historia de esta mujer de 89 años es similar a la de otros 30.000 niños y niñas que fueron evacuados durante la contienda bélica iniciada en 1936 hacia países de Europa, la URSS y, en menor medida, América Latina. Abandonar la patria y la familia fue para ellos y ellas una herida profunda que les precipitó a la adultez, aunque ninguno superaba los 15 años.

Protagonistas de aquella experiencia compartieron en La Habana sus impresiones en un conversatorio-homenaje celebrado recientemente en la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba, con el apoyo de la Consejería Cultural de la Embajada de España en Cuba, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.
Aunque se ha proclamado la Ley de Memoria Histórica para devolver la ciudadanía española a quienes abandonaron la península ibérica durante el franquismo y a sus descendientes, para Longinos Valdés Álvarez, presidente del Club Allerano de la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba, esto no es más que un pálido reconocimiento a los niños y niñas de la guerra, pues aún no se ha podido abordar con rigor el estudio de esta «enorme desgracia del pueblo español».
En opinión de la historiadora Áurea Matilde Fernández, existen varios factores para ese «olvido», pues «el recuerdo doloroso y terrible de la cruenta Guerra Civil que permanecía en el sentir de casi toda la población de España, durante la transición de la dictadura franquista a la monarquía parlamentaria (1975-1985), fue uno de los elementos de miedo que propició las concesiones llevadas a cabo por parte de los sectores de izquierda», declaró a SEMlac.
En otro orden, los propios vencidos, entre ellos los niños y niñas que perdieron su patria, no querían reeditar el horror vivido y, aunque se ha escrito sobre su situación, «solo desde hace unos pocos años comienzan a aparecer memorias personales de estas personas», asegura la especialista en Historia de España.

 

La peor tragedia de la guerra
El objetivo era librarlos del horror de la batalla; sin embargo, para la mayoría se trató de una emigración sin retorno, en algunos casos porque al culminarse la conflagración ya no tenían familiares que los recibieran o no encontraron medios para regresarlos.
«Los hijos de los vencidos no fueron recogidos por el gobierno franquista», aseguró Valdés Álvarez, quien opinó que, de todas las tragedias de la guerra civil, esta fue la mayor.
Según el representante de los descendientes asturianos, tal vez Cuba sea uno de los pocos países que, por tener la suerte de haber albergado a varios de los niños y niñas de esa etapa, la ha divulgado suficientemente a través de varias investigaciones y volúmenes testimoniales dedicados a reconstruir el proceso de los exiliados infantiles.
Libros como La casa en un morral. Voces de niños de la Guerra Civil Española, de Raúl Hernández Ortega; Mis vidas sucesivas. Recuerdos y destino de un niño de la guerra, de Fernando Barral y José y Consuelo: amor, guerra y exilio en mi memoria, de Áurea Matilde Fernández han sido publicados en los últimos años por Ediciones La Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.
Además, en 2005 se publicó por la Editorial Ciencias Sociales la primera edición del testimonio Historia de una niña de la guerra, de Isabel Argentina Álvarez.
Hasta la isla llegaron por vías diversas, algunos directamente emigrados junto a sus familias, a finales de los treinta e inicios de los cuarenta del pasado siglo. Así sucedió con Matilde Fernández, quien arribó con su madre luego de que su progenitor fuese asesinado por las fuerzas franquistas.
Según explicó a SEMlac la experta, algunas familias recibieron ayuda de los consulados cubanos por la falsificación de la nacionalidad de algún miembro y otras llegaron después de haber pasado por Santo Domingo, donde fueron recibidos los refugiados españoles.
«México fue el único país de América Latina que recibió niños españoles republicanos, para salvarlos de los horrores de la guerra. El presidente de ese país, Lázaro Cárdenas, propició que fuesen atendidos a cuenta del Estado en la ciudad de Morelia», relató.
Otros, como Isabel Argentina, acudieron desde la URSS en la década del sesenta. Con vigente conmoción, esta mujer describió las penurias que debieron sufrir niños y niñas de España en la nación soviética durante la II Guerra Mundial, lo mismo que todo el pueblo ruso.
Sin embargo, reconoció el cariño y atenciones recibidos de esa tierra, donde se formó como enfermera y desde la cual llegó a Cuba en 1962 para trabajar como traductora y aquí logró rehacer su vida, junto a otro emigrante ibérico.

El sueño de la democracia
La II República de España nació en abril de 1931 con el deseo de transformar la sociedad española, donde existía extrema desigualdad y pobreza. Entre las medidas promulgadas por esta democracia estuvo la proclamación de una constitución en la que se reconocía a todos los trabajadores, el estado laico con libertad de culto, el sistema laico de enseñanza, la ley de divorcio y matrimonio civil y la reforma agraria, entre otras.
«Era una República democrática agredida por el ejército que perdía poder, por los terratenientes y la iglesia», señaló Matilde Fernández.
Según la historiadora, en la década del treinta del siglo XX el mundo se debatía entre la defensa de la democracia y la implantación del fascismo. La Guerra Civil Española fue entonces la antesala de la escalada fascista que luego se diseminó por Europa y dio lugar a la II Guerra Mundial.
Lo que sucedió después de instaurado en el poder el dictador Francisco Franco se mantiene aún bajo un velo que conviene superar, significó la estudiosa, pues la represión y los asesinatos duraron hasta su muerte, en 1975.
Sin embargo, la transición fue un proceso lento y lleno de silencios, en el que «no se habló de los vencidos, sino del terror de la guerra», significó la estudiosa.
Rescatar la memoria de estos niños y niñas hoy octogenarios es una manera de reivindicar todas esas pérdidas, desapariciones y silencios. «Las historias que duermen en la memoria de los que vivieron una época dada, son parte inseparable de la historia mayor», reconoció Fernández.
«Lo único que ahora nos queda es no olvidar la tragedia de niños envueltos en una guerra que les arrebató la infancia y la adolescencia; pero que ahora desean la paz para toda la humanidad. Sus experiencias desgarradoras deberían servir para que no se volviesen a producir guerras como la de España», determinó.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *