Feminismo navega entre prejuicios y resistencias

Por Helen Hernández Hormilla / hormilla@gmail.com

En Cuba se debate sobre género, se emprenden campañas contra la violencia machista e incluso se polemiza sobre la existencia o no de un movimiento feminista. Sin embargo, el relativo avance que en los últimos años reportan las luchas por alcanzar la equidad entre hombres y mujeres desde diversos espacios de acción social, no ha logrado desterrar los estereotipos que pesan sobre el feminismo.
Incluso entre quienes defienden una mirada a la realidad desde la teoría de género resulta frecuente encontrar reticencias para calificarse como feministas. El argumento de que esta ideología funciona como un machismo a la inversa está entre los más socorridos, aunque también siguen asociándola con posturas radicales, sin tener en cuenta la diversidad de enfoques con que se ha desarrollado el movimiento.
La ceguera, la obsesión y el lesbianismo son también actitudes frecuentemente atribuidas a las personas que defienden este pensamiento, al decir de Zaida Capote Cruz, experta en temas de género y literatura.
«Como la discriminación por razones de orientación sexual (aun cuando tal clasificación provenga de deducciones falsas) cada vez es más impresentable, ese prejuicio que veía al feminismo como masculinización ha ido cediendo espacio a la imagen que nos considera fanáticas y obcecadas», explicó a SEMlac la investigadora literaria.

No se trata de un fenómeno de esta época ni privativo de Cuba, pues también fueron injuriadas y ridiculizadas las primeras feministas del siglo XIX y XX. El libro En busca de un espacio: historia de mujeres en Cuba, del historiador Julio César González Pagés, recoge anécdotas y caricaturas publicadas en la prensa de inicios del siglo XX desde las que se cuestiona la actitud emancipadora de algunas cubanas.
Calificativos como «marimachas», inmorales, aburridas e intolerantes han permanecido desde entonces y han contribuido a conformar un imaginario social adverso para las personas que se identifican con esta postura política.
Lo contradictorio es, según especialistas, que más de un siglo después la resistencia machista permanezca con la misma vitalidad.
«El feminismo ha estado asediado por visiones y normas rígidas promovidas como operaciones desde la ideología patriarcal, pero cuando se va a la esencia, una se da cuenta de que no es otra cosa que una mirada desde lo femenino al mundo», comentó a SEMlac la teatrista Esther Suárez Durán.
Para la narradora Mirta Yáñez ese rechazo tiene que ver con un mecanismo entre el marginador y el marginado, mediante el cual no solo se provoca la exclusión sino la vergüenza. «También es un recurso para salir de un sujeto molesto: se le margina, se le tira sobre los hombros una sensación de culpabilidad y se le quita automáticamente legitimidad a sus ideas o posiciones», consideró.
Por otra parte, después de 1959 el feminismo fue considerado una ideología «burguesa» e innecesaria dado que la Revolución había propiciado leyes y medidas que favorecían la incorporación plena de las mujeres al espacio público.
La acción de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) concretó en las primeras décadas revolucionarias un grupo de demandas y políticas públicas ansiadas por la mitad femenina en todo el mundo. Sin embargo, eran resultado del proceso revolucionario y no de un movimiento feminista similar al que emergía en otras regiones entre las décadas del sesenta y setenta del siglo pasado.
Luisa Campuzano, directora del Programa de Estudios de la Mujer de la Casa de las Américas, lo expone de esta manera en su libro Las muchachas de La Habana no tienen temor de Dios (2004): «donde en la historia latinoamericana se lee ‘la mujer conquistó’, en la cubana posterior a 1959 podría leerse ‘la mujer recibió’; donde en la primera se dice que la mujer luchó por sus derechos o trabajó en su beneficio, en la cubana se diría que la mujer se ha incorporado a la lucha y ha trabajado en defensa de la Revolución».

 

Nuevos aires de emancipación
Desde finales de la pasada década de los ochenta, y sobre todo a inicios de los noventa, comenzó a revitalizarse el debate sobre la discriminación machista persistente en el país. Los estudios de género promovidos desde la academia y la sociedad civil hicieron visibles las diversas maneras en que el patriarcado mostraba su «oreja peluda» en la sociedad cubana.
Pero la categoría género, de moda en ciertos predios académicos y sociales, pudiera ser un arma de doble filo a criterio de Capote Cruz. «Es muy fácil hablar de género sin mencionar a la mujer ni al feminismo y, muchas veces, se encuentran posturas antifeministas entre quienes dicen defender el género», refirió.
El desconocimiento de las verdaderas propuestas de esta ideología, de sus logros para todas las mujeres y de la rica historia del feminismo en la isla funciona como detonante para el rechazo que produce su mera mención.
«El feminismo no es un ‘club’, ni una desviación sexual, ni una gripe, ni tan siquiera una religión como para que sea necesario librarse de la sospecha o declarar públicamente que no se participa de ello», refiere Yáñez en uno de los artículos compilados en su libro Cubanas a capítulo. Segunda temporada (2012).
Para la socióloga Teresita Díaz Canals también hay estereotipos al interior de las feministas, cuando no se comprende que no siempre se tiene que asumir una misma postura. «Si no lo declaras, si no haces ruido, entonces no eres feminista y al final eso también es discriminación», enfatizó a SEMlac.
«El feminismo tiene que ver con la mirada interior y no lograremos un verdadero cambio mientras no lleguemos a las transformaciones en el orden simbólico», agregó.
Pese a las contradicciones que pueda acarrear la defensa de esta ideología, cada vez más se proclaman voces abiertamente feministas en la sociedad cubana. El mapa de este nuevo feminismo del siglo XXI no está delimitado, pero sí propone transformaciones concretas en áreas culturales y del activismo social.
Esther Suárez Durán considera que con ello se puede enriquecer el desarrollo de las cubanas. «Entiendo el feminismo como la batalla por el ejercicio pleno de los derechos humanos, por el cuidado del planeta y en contra de todo tipo de discriminación», confesó.
Para Díaz Canals, la fortaleza de esta filosofía radica en la diversidad de expresiones que contiene, porque plantea una manera de alcanzar un pensamiento más universal e inclusivo.
«Como al fin hemos comprendido que la diversidad es saludable y la unanimidad casi siempre es mentira, la imagen prejuiciada del feminismo puede cambiar y está en trance de hacerlo, sobre todo entre las más jóvenes generaciones», opinó Capote Cruz.
«Nos toca continuar dando la batalla para promover estas ideas, sus discusiones teóricas, sus propuestas sociales y demostrar qué es y para qué nos sirve en el mundo de hoy. La posibilidad de trascender tales estereotipos e interpretaciones tendría que apoyarse en políticas públicas de promoción de la igualdad, en discusiones sobre el tema y en una gran difusión que todavía está pendiente», concluyó.

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