Desafíos de un país que envejece

Un numeroso grupo de personas ancianas haciendo ejercicios en un parque, a primera hora de la mañana, en lugar de niñas y niños corriendo y jugando, se ha convertido en escena cada vez más frecuente en el paisaje cubano.

El pronóstico de especialistas y demógrafos ya es una realidad para esta isla del Caribe: es mayor la población envejecida que la de niñas y niños.

Marta Bermúdez lo comprueba en su propia familia. Su abuela materna, ya fallecida, tuvo seis hijos; su mamá tuvo tres y ella misma se decidió por una sola hija, que ahora acaba de cumplir los 18 años. De los dos hermanos de Marta, el mayor tuvo un niño y el menor acaba de tener una hija.

«Entre tíos, abuelos y tíos abuelos por parte de madre, mi hija tiene seis patriarcas en la familia, pero primos contemporáneos con ella solamente dos», describe a SEMlac.

La suya es una historia cada vez más común en un país donde todo parece indicar que habrá muy pocos nietos para encargarse de muchos abuelos.

Con bajas tasas de fecundidad y una creciente esperanza de vida al nacer, junto a la combinación de otras variables, la población cubana se reduce y envejece.

En el panorama de la región latinoamericana y caribeña, Cuba clasifica como una de las naciones más envejecida de América Latina.

De acuerdo con datos y pronósticos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), en unos 20 años la mayor de las Antillas podría encabezar esa lista.

Con poco más de 11 millones de habitantes, la población cubana se ha reducido en 10.418 personas entre 2002 y 2012, lapso transcurrido entre los dos últimos censos de Población y Viviendas.

Al cierre de 2013, el 18,69 por ciento de la población tenía 60 años o más, mientras solo 16,94 por ciento se ubicaba entre cero y 14 años, según datos del último Anuario Estadístico publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas de Información (ONEI).

En total sumaban dos millones 95.784 personas mayores de 60 años y apenas un millón 899.602 menores de 14.

Cálculos preliminares indican que para 2035 el segmento de 60 y más años de edad sumará unos 3,6 millones de personas, equivalente a un tercio de la población total.

Para entonces, habrá más población dependiente, infantil y anciana, que personas en edad de trabajar, con el consiguiente impacto en la economía nacional.

Tan acelerado proceso de envejecimiento supone retos de todo tipo: desde económicos hasta sociales y familiares, incluidos los de atención de salud, sustentabilidad, barreras arquitectónicas y movilidad que supone tan numerosa población anciana.

Garantizar el cuidado de personas ancianas conlleva, muchas veces, a que familiares suyos con capacidades plenas tengan que salir del empleo para atenderles.

En ese grupo las más afectadas son las mujeres, quienes asumen mayoritariamente la atención de personas adultas mayores en las familias.

«Lo más difícil para mí ha sido tener que cuidar a mi mamá en el hospital cuando se ha descompensado, porque ella es diabética», relata Bermúdez, quien ha tenido que pedir vacaciones y licencia laboral, eventualmente, para darles el frente a esas situaciones.

Para su madre, una anciana de 72 años, el cuadro no es menos complejo, pues ella convive con una hermana de 88 años desde que enviudó hace casi una década.

«Entre ellas se ayudan mucho y, afortunadamente, se defienden solas bastante bien, pero igual tengo que estar pendientes y ayudarlas con todo, sobre todo la alimentación y la atención médica», agrega Bermúdez, profesora de un preuniversitario en la capital cubana.

Por su envejecimiento progresivo, Cuba carece de reemplazo de sus fuerzas productivas desde 2010, cuando la curva de las personas de 0 a 14 años se unió a la de quienes llegaban a los 60 años y más.

El escenario demográfico se hace aún más complejo porque seguirá aumentando el grupo de quienes llegan y sobrepasan los 60 años, mientras disminuye el de 0 a 14.

Obligadas por la situación demográfica del país a trazar estrategias frente al envejecimiento, autoridades cubanas reconocieron, en octubre de 2013, la necesidad de evaluar seriamente la cobertura y calidad de las instalaciones para la atención a las personas de la tercera edad.

La construcción y reparación de asilos o residencias para personas mayores y de las llamadas Casas de abuelos, dedicadas a su estancia y atención diurna, se incluyen entre las medidas enunciadas entonces como más urgentes.

La demanda actual de estas instituciones supera las disponibles, que además presentan limitaciones para personas con discapacidad.

Según datos del Anuario Estadístico de Salud Pública, al cierre de 2012 existían en el país 144 hogares o asilos de ancianos y 233 casas del abuelo, la mayoría necesitada de reparaciones.

Las casas de abuelos cuentan con una dotación de 7.398 plazas, pero se estima que ese servicio los necesitan más de 20.000 adultos mayores, informó a la prensa, a fines de 2013, Alberto Fernández Seco, Jefe del Departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental del Ministerio de Salud Pública.

A la par, se redujo a más de la mitad el número de personas adultas beneficiarias de la asistencia social, de 145.150 en 2008 a 52.764 en 2013, según datos del último Anuario Estadístico de la ONEI.

Junto a la infraestructura que hace falta desarrollar, especialistas insisten también en la necesidad de un cambio cultural que ayude a enfrentar el envejecimiento como dinámica demográfica irreversible.

«La preparación que existe está subordinada, sometida, a todos los prejuicios en torno a la vejez como edad de pérdida», comentó en un debate promovido por SEMlac Teresa Orosa Fraiz, máster en Gerontología y jefa de la Cátedra del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana.

Con más de 12 años de existencia, las 17 cátedras de ese tipo creadas en el país han servido a más de 85.000 personas en su proceso de reinserción social, crecimiento personal y transmisión de experiencias en la comunidad.

«La actual generación de mayores está promoviendo nuevos paradigmas de envejecimiento», comentó a SEMlac Orosa Fraiz.

«Se consideran ‘adultos mayores de nuevo tipo’, lo cual va permitiendo una mayor concientización de sus derechos, una nueva cultura del envejecer», sostuvo.

2 comentarios

  1. Claro, Dixie, a estas horas los niños tienen su primera dosis de computación , celulares, tables y otras muchas cosas que los padres les ofrecen para ellos tener tiempo de pensar cómo liberarse de ellos a la hora de las películas y de los paseos a donde no pueden llevarlos.

  2. M encanta la escena!! Hay vida más allá de los 40, de los 50, de los 60, de los 70, gente q a los 80 sigue haciendo maratones!

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